A 35 años del asesinato de su padre y otros luchadores antidictatoriales. “Queremos aplanar esta curva (del coronavirus) para volver a salir a las calles con mucha fuerza”.

Equipo ES. 29/03/2020. La siguiente es la reflexión del sociólogo Manuel Guerrero Antequera. Hijo del profesor Manuel Guerrero, quien junto al sociólogo José Manuel Parada y el diseñador Santiago Nattino, fueron secuestrados entre el 28 y el 29 de marzo de 1985 y luego aparecieron torturados y degollados en un terreno en Quilicura.

Guerrero Antequera, participando en el programa “De domingo a domingo. Sin restricción” de Radio Nuevo Mundo, recordó aquel dramático suceso. También se refirió al ejemplo que ellos significan en el Chile actual, en las luchas sociales actuales, de la situación de la pandemia del coronavirus y su efecto en los trabajadores y las características y prácticas que pueden llevar al Estado a posibilitar crímenes contra luchadores sociales y ciudadanos.

Las siguientes son sus reflexiones a 35 años del asesinato de Guerrero, Parada y Nattino:

“El 29 de marzo de 1985 es un hito muy doloroso”

Cada 29 y 30 de marzo es muy especial. Ahora se trata de 35 años de aquel viernes de 1985. La Dirección de Comunicaciones (Dicomcar) de Carabineros de Chile había constituido un equipo operativo que traía gente del Comando Conjunto que fue una unidad transversal a las Fuerzas Armadas y de seguridad en el tiempo de la dictadura, especialmente en los años 1974, 1975 y 1976, que se dedicó a desbaratar la resistencia antifascista. En 1976, especialmente, se concentró en la Comisión Ejecutiva, la dirección máxima, de las Juventudes Comunistas de Chile. En marzo de 1976, producto de este comando, fue detenido y desaparecido José Weibel, que era subsecretario general de las Juventudes Comunistas y que estaba en la clandestinidad organizando la resistencia contra la dictadura. En la micro, en la que iba junto a su hijos -uno de ellos el actual periodista y escritor que ha denunciado múltiples casos de corrupción en las Fuerzas Armadas-, Mauricio Weibel, fue secuestrado por ese comando.

Ese grupo secuestró a mi padre, lo balearon, fue detenido desaparecido y gracias a la presión internacional, a la Vicaría de la Solidaridad, a su partido, a los gremios de profesores y escritores, pudo ser rescatado con vida en el campo de concentración de Puchuncavi y finalmente pudo salir al exilio a Europa y organizar la solidaridad internacional. En 1982 retornó a Chile para ser parte de las luchas del pueblo. A mediados de ese año se desata una crisis económica, la dictadura no contaba con ninguna legitimidad, y el pueblo se levanta y en diciembre se produce la primera marcha del hambre. Empieza un ciclo de movilizaciones entre 1982 y 1986 en la que mi padre formó parte activa, encabezando la Asociación Gremial de Educadores de Chile (Agech), junto a Jorge Pavéz, Guillermo Scherping y una serie de compañeros y compañeras para reorganizar a los profesores.

En 1985 tocó el terremoto, a inicios de marzo, y él se unió a la campaña de solidaridad con los profesores, fundamentalmente San Antonio, que fue el epicentro. En esos días, Sergio Onofre Jarpa, que era ministro del Interior, decreta el Estado de Sitio. Bajo Estado de Sitio, el 29 de marzo, mi padre es secuestrado desde el Colegio Latinoamericano de Integración, junto a José Manuel Parada, sociólogo, que estaba a cargo del archivo y documentación de la Vicaría de la Solidaridad. El día anterior, el 28 de marzo, fue secuestrado desde su casa el diseñador Santiago Nattino.

El mismo 29 de marzo fueron asesinados Rafael y Eduardo Vergara Toledo, en la Villa Francia, activistas del movimiento estudiantil secundario, de las bases católicas de las poblaciones, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y Paulina Aguirre Tobar.

Por lo tanto, el 29 de marzo de 1985 es un hito muy doloroso, se trata de los últimos zarpazos de la dictadura. Los dos Manueles y don Santiago fueron encontrados al día siguiente de su secuestro en donde ahora está el hito de las tres sillas (Memorial) en Quilicura, cerca del aeropuerto, fueron hallados sus cuerpos degollados. Desde ese momento que esa fecha se convierte en un día de reflexión, de conmemoración.

Hoy nos pilla en cuarentena, confinados en nuestras casas. Asumimos responsablemente la necesidad de cuidarnos, queremos aplanar la curva de coronavirus, se trata de que a nivel mundial esta pandemia está golpeando fundamentalmente, como suele suceder en las crisis, a nuestro pueblo, al pueblo trabajador, a quienes viven de su salario, y tienen que seguir arriesgando sus vidas para mantener a sus familias.

Todos los 29 de marzo hemos convocado a la calle, a salir a las calles, a juntarnos en El Vergel con Los Leones, donde estaba el Colegio Latinoamericano, a ir donde los profesores van año a año, en Quilicura, a juntarnos en las plazas, en distintas partes. Hoy vamos a hacer una velantón, a las 19 horas, porque la memoria no descansa. Queremos que la cuarentena sea iluminada por la memoria y que sepa el pueblo, y a nivel internacional, que estamos tomando en forma responsable esta situación, pero seguimos activos, porque la demanda por recuperar el agua, el derecho sobre nuestro territorio, por recuperar nuestros derechos conculcados, cuando en medio de este pandemia corre un tremendo peligro que las leves y frágiles conquistas sociales sean perdidas a nombre del control social y el militarismo. Queremos aplanar esta curva (del coronavirus) para volver a salir a las calles con mucha fuerza. A través de Facebook, hoy haremos la velantón, con un acto político-cultural.

“Carabineros sale de manera desatada”

El crimen se trata de fuerzas de Orden y Seguridad del Estado, cuya misión y mandato constitucional es proteger y defender al pueblo. Y se da esto aberrante, y por eso se le considera un crimen de lesa humanidad. Los propios Carabineros de Chile, los organismos de seguridad del Estado que atentaron contra el pueblo indefenso. Se trató de profesionales, de profesores, de estudiantes, de un diseñador, que estaban desarmados y fueron atacados, secuestrados, torturados, degollados. Utilizaron carabineros de tránsito, helicópteros, recintos donde fueron torturados, y todo bajo Estado de Sitio, es decir, bajo completa impunidad y bajo el amparo del Estado.

Eso mismo es lo que de forma muy cruel pudimos ver a propósito del estallido social cuando el pueblo se manifiesta, producto de más de 30 años de desigualdad, donde los derechos sociales son absolutamente frágiles, donde el pueblo sigue castigado. Aparecía como el modelo ideal, como el prototipo de neoliberalismo con rostro humano, y se vio que no es así. La situación de injusticia social en Chile es brutal y la democracia no consiste solamente en votar por las autoridades, tenemos, por ejemplo, el Tribunal Constitucional que permanentemente está poniendo en jaque la voluntad mayoritaria cuando el Congreso, gracias a las fuerzas democráticas, llega a avances, y el TC actúa como tapón. Cuando el pueblo se manifiesta, Carabineros sale de manera desatada, viola, tortura, ejecuta, secuestra. 35 años después del triple secuestro y degollamiento hemos sido testigos desde octubre en adelante que esto no ha cambiado. Para nuestros hermanos mapuches esto no es novedad, porque en La Araucanía existe la militarización y fue un ensayo general de lo que vivimos como pueblo desde el 18 de octubre.

Manuel Guerrero, José Manuel Parada, Santiago Nattino, los hermanos Vergara Toledo, Paulina Aguirre, eran luchadores sociales, gente común y corriente, gente que asumió un rol para la recuperación de los derechos económicos, sociales, culturales. Y fueron castigados por el Estado. Hoy eso lo están haciendo actores y actrices sociales. La novedad es que tenemos un movimiento feminista muy fuerte y que se expresó en las calles de forma abundante. Tenemos un movimiento juvenil, de estudiantes secundarios que iniciaron esta revuelta. Tenemos un movimiento mapuche, un movimiento sindical que se está rearticulando, una mesa unitaria de Unidad Social, es decir, hay un tejido social que ha despertado.

“Hay un pendiente de justicia y de una nueva Constitución”

El mensaje de este 29 de marzo es que, así como fuimos capaces de hacerle frente a una dictadura, hoy de manera unida podemos hacerle frente a esta pandemia, que tiene una expresión a nivel de injusticia social, y hacerle frente a tener una Constitución escrita por todos y todas para que podamos tener un Chile a la altura de los desafíos.

Este 29 de marzo debe llevarnos a recordar esas vidas que fueron tomadas, pero que también fueron puestas al servicio de la causa de la democracia. Nos debe llevar al recuerdo de que, de forma organizada, pudimos salir de la dictadura.

Pero debe llevarnos también a recordar que hay un pendiente. Los casos de violaciones a los derechos humanos, no fueron cometidos en el vacío, fueron cometidos para instaurar un sistema político y económico, que es el neoliberalismo. En el caso de Chile, ese neoliberalismo es extremo, está en la base de la violación a los derechos humanos, porque en Chile fue necesario terminar con el sindicato, terminar con la agrupación de campesinos, terminar con la organización social, para que no hubiera una resistencia organizada a este neoliberalismo, que era destruir el Estado, destruir la base común, destruir el tejido social que permite la solidaridad y la cooperación, donde los que tiene más aporten a través de impuestos al bienestar común; y que las entidades productivas, culturales, de salud, de vivienda, sean aseguradas para el nivel de justicia y equidad para el conjunto de la sociedad.

Estamos ahora con un Estado mínimo, frágil, que es incapaz de hacer frente a esta crisis sanitaria y la crisis humanitaria que estamos viviendo. A lo que se suma la violación a los derechos humanos desde el 18 de octubre. Recordemos las palabras del entonces ministro del Interior, Andrés Chadwick, y de otros personeros, que decían que ellos no tenían control sobre Carabineros, que ellos no eran responsables de lo que estaban haciendo Carabineros, cuando cinco informes internacionales estaban señalando que Chile tenía una crisis humanitaria. ¿Qué ocurre? El Ejecutivo, el Estado, no tiene fuerza para manejar, para educar a sus Fuerzas Armadas. Ahora, frente a este caso, no hay capacidades para hacer frente a las necesidades urgentes. Eso tiene una explicación: que el Estado en Chile fue destruido, fue privatizado, fue puesto al servicio del lucro de una minoría que hoy se salva, mientras la mayoría padece.

El mejor homenaje que podemos hacer a propósito de este 29 de marzo, junto con reunirnos en esta velatón digital para buscar nuestra fuerza, para reconectarnos con nuestra fuerza, de nuestros ancestros, de nuestros compatriotas, de las nuevas generaciones, es recordar que hay un pendiente de justicia y de una nueva Constitución democrática que otorgue derechos sociales, económicos, civiles, culturales, a la mayoría de la población. Necesitamos un Estado activo que nuevamente vuelva a tomar ese rol que tuvo a mitad del siglo XX que permitió que siendo Chile un país tan pequeño, a través de un uso racional de sus recursos humanos y naturales, pudo tener indicadores de salud prácticamente como los de Inglaterra y Alemania, que derrotáramos la desnutrición, que no hubiera analfabetismo, que avanzáramos en una serie de medidas sociales, con un Estado a la altura de las necesidades.

Siempre preguntan, ¿dónde crees que estarían mi papá, José Manuel, Santiago? Estarían organizando, en la asamblea barrial, estaría discutiendo la nueva Constitución para poner en el centro de la demanda social.