La validación, reproducción y reelaboración de este sistema basado en la individualidad, en el predominio del mercado, en el desmantelamiento del Estado, en el egoísmo acérrimo, en la  explotación.

 Raúl Roblero

 Profesor de Historia

 24/03/2020. Estableciendo que educación no es sinónimo de escuela y que el trabajo pedagógico solo es una partícula de ese colosal proceso, se hace necesario señalar, para el logro de nuestro encuadre, que en aquel se constituyen, de forma sincrónica y retroalimentaria, los procesos de enseñanza-aprendizaje y de experiencia-aprendizaje. Lo común a estos dos es que las adquisiciones de informaciones, de habilidades, de actitudes y de valores ocurren de forma innata, es parte integrante de toda esfera humana. Lo distintivo de ambas es el quién está a cargo del direccionamiento del proceso de aprendizaje; o está a cargo el pedagogo (enseñanza) o está a cargo el mismo aprendiz en todo el quehacer de su vivir (experiencia).

Desde esto, sostenemos, podemos verificar (de manera minúscula aquí) si la educación neoliberal logró o no logró sus propósitos, objetivos que no pasan solamente por la instalación de un sentido común, de una sociablidad a todas luces empapada de este sistema político-económico-social, sino que también es verificable cuando nos preguntamos si la educación de masas actual (teniendo claro que todo proceso educativo forma, primeramente, con un objetivo civilizatorio claro) permite la validación,  reproducción y reelaboración de este sistema basado, entre otras cosas, en la individualidad, en el predominio del mercado, en el desmantelamiento del Estado, en el egoísmo acérrimo, en la inclemente y galopante explotación, en el ahogo de las pymes, en la inexistencia de industria nacional, en la precarización de la vida de los trabajadores, de los jóvenes y de nuestros hijos, en el agobiante péndulo de los pequeños comerciantes, en la vitalidad paradisiaca de los más acaudalados.

Pudiera ser, sólo como elemento de reflexión particular, que la crisis actual coronada por un virus no corresponde ya sólo a la máxima de la lucha de clases en su sentido más clásico, sino que a la operatividad del sentido común neoliberal, es decir, a la puesta en práctica de los patrones de vida que arriba pincelamos. Esto porque ya no es que los elementos más conscientes de los magnates empresariales defiendan con todo sus intereses, sino que también su masa inconsciente, poseedora quizas de algún instinto de clase, los esté empujando, con su exorbitada ignorancia, al quiebre y suspensión de ese sentido común, del sistema heredado por sus papis y que debieran  velar por mantener.

Volviendo un poco más arriba, el actual presente es un buen momento para evaluar el proceso educativo llevado a cabo por la escuela de masas perteneciente a un país de capitalismo ultradependiente, evaluarlo sobretodo en el proceso de aprendizaje coronado por la experiencia. Dicho todo lo anterior, pareciera ser que el diseño de nuestra rúbrica de evaluación debe pensarse desde la pregunta de que si ¿el actual sistema educativo permite la validación, reproducción y reelaboración del sistema político-económico-social neoliberal?

La definición indica que para que el sentido común sea así éste debe estar presente en la transversalidad social, permitiendo, aquel, la vitalidad del sistema político-económico-social en el que nos hemos estado formando desde los 80´. Depositándose de dos modos para las distintas clases sociales: para los que deben conducir y surfear las marejadas neoliberales, y para los que deben naufragear en estas aguas. El punto aquí es que ese modo de vivir, sobre todo en su sentido valórico, impide la vitalidad misma del sistema (además por estar el Estado en manos de la clase social explotadora, magnoempresarial) y pareciera que lo lleva a un colosal descalabro por inanición. Esto porque la individualidad, como uno de los axiomas principales de la sociabilidad neoliberal, niega e impide ver al otro (expresado esto en el acaparamiento, en el cogoteo especulativo, en el llamado, cada vez más ausente, a marchar, en las aglomeraciones en los super, en los cines, en las playas, en el carrete, en las plazas, en el nulo acatamiento de las recomendaciones sanitarias…). Así, el proyecto educativo neoliberal, que nos instala en la ultra dependencia económica-financiera, basado en el existismo económico, en la completa funcionalidad y subordinación para con el mercado económico-financiero, impide ver precisamente a ese otro que es constituyente, y necesario, para la reproducción y reelaboración del mismo modo de vida que pareciera estar en ascuas.

La diferencia entre evaluación y diagnóstico es que la primera es una tarea indispensable para el uso, en nuestro punto, de la creatividad. Siendo necesaria ésta para que podamos generar un nuevo tipo de escuela, de saberes curriculares, de educación, que nos permita un vivir y un convivir en paz, que nos permita la reproducción y prolongación de la vida humana (y no sólo de algunos). Repensar el proceso educativo es, entonces, una cuestión de sobrevivencia.