Las deficientes medidas solo se explican y tienen su raíz en el actual modelo económico con ausencia de derechos sociales y en donde el lucro es la guía en la conducción del país. 

Dra. Paula Araya I.

Encargada Área Salud Partido Comunista de Chile

19/03/2020. Nos encontramos ante una crisis mundial, cuyo impacto ha planteado una serie de desafíos para los países del mundo, desde el cuestionamiento a la respuesta de los sistemas de salud para enfrentar el problema, hasta la fragilidad de la economía mundial: la epidemia del Coronavirus pone de manifiesto la perversión del sistema capitalista.

La actual pandemia de coronavirus señala directamente al neoliberalismo y sus consecuencias, el sometimiento de los intereses generales a los intereses privados en sectores como la salud y la calidad de vida de los pueblos ha sido la característica del período neoliberal, iniciado con la amplia privatización de sectores fundamentales para el bienestar de la población. Entre ellas la ausencia de un sistema de salud que dé respuesta a las necesidades de la gente, en donde se evidencia la falta de políticas públicas de salud, el desmantelamiento del sistema público y la cruel privatización de los servicios sanitarios que hoy diferencian brutalmente una salud para ricos y otra para pobres.  

En nuestro país, las consecuencias de esta crisis sanitaria amenazan con ser desastrosas, no sólo serán contagiados y muertos, sino también aún más precarización para la clase trabajadora y los sectores más golpeados por el neoliberalismo. Desde un análisis concreto existen múltiples determinantes que permiten el desarrollo de esta epidemia con la velocidad y estragos que estamos evidenciando. La crisis medio ambiental, la calidad de vida, las condiciones laborales, la precaria situación de vivienda, el hacinamiento, la explotación laboral, la pobreza, la falta de acceso a los servicios de salud, la ausencia de políticas de prevención y promoción de salud, con un sistema público en crisis, una abandonada atención primaria de salud y un aumento sostenido de la privatización del sistema, son sin duda terreno fértil para el desarrollo de crisis sanitarias como la actual. Estas brutales deficiencias en los servicios de salud amenazan desde larga data a toda América Latina y particularmente a nuestro país, ejemplo de la salvaje instalación del neoliberalismo.

En Chile,  luego de la rebelión popular de octubre/19 en donde la confianza en las autoridades gubernamentales prácticamente es inexistente, la situación es crítica. Nos encontramos ante un gobierno absolutamente incompetente, incapaz de haber tomado medidas drásticas en el momento oportuno, dejando a la población en total indefensión, aprovechando además de instrumentalizar políticamente la crisis sanitaria con la intención de instalar su agenda de gobierno buscando profundizar aún más la desigualdad y la injusticia.

Las deficientes medidas solo se explican y tienen su raíz en el actual modelo económico capitalista imperante,  con ausencia de derechos sociales y en donde el lucro es la guía en la conducción del país. 

Los trabajadores no pueden verse golpeados por esta crisis, por ello desde una mirada sanitaria es urgente e imprescindible la determinación de cuarentena inmediata, suspendiendo las actividades laborales y garantizando solo aquellas actividades relacionadas con el abastecimiento de productos y servicios de primera necesidad. Así mismo, es imperante asegurar la protección sanitaria de todos los trabajadores y particularmente de aquellos que se ven enfrentados directamente en la lucha contra el virus. 

Ante la evidencia de que las mayorías están en manos de una elite privilegiada nos encontramos con la incapacidad de enfrentar la crisis sanitaria en donde lo que está en juego es la vida de seres humanos. 

Pareciera que a la clase dominante poco le importa demostrar abiertamente su resistencia a tomar medidas en favor de la población, a pesar de que los distintos sectores sociales, sindicales y políticos exigen hoy de manera apremiante definiciones en favor de la salud de nuestro pueblo, entendiendo que el Estado debe garantizar que todas las personas tengan acceso a la seguridad social en todos sus ámbitos, así como también medidas urgentes como el control inmediato de los precios de los productos para la vida diaria de las familias trabajadoras, y la condena absoluta a la usura y a la especulación.  Parece ser que es necesario recordarle al gobierno que el respeto a los derechos humanos no es un lujo, sino que debe ser el foco de las decisiones político-sanitarias que deben tomarse en beneficio de todas y todos los habitantes, particularmente en favor de los más vulnerables. 

En el actual contexto es necesario relevar la solidaridad en tiempos de pandemia, quedando  demostrado ante el desamparo por parte de las autoridades que el pensamiento y trabajo colectivo ha sido un apoyo para afrontar la crisis, en cada barrio, en cada organización, en cada espacio comunitario.  Así también, ejemplo de solidaridad internacional ha sido Cuba que a pesar del brutal bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene contra su pueblo, el gobierno cubano sigue dando muestras de solidaridad ejemplares para toda la humanidad.

La pandemia ha reflejado lo que constatamos a lo largo de los años: estamos frente a un sistema en crisis, severamente enfermo, en un coma profundo y que a pesar de los esfuerzos de reanimación, terminará por perecer.