Entre revuelta social y extensión del virus, la sociedad, los sectores políticos y sociales, el gobierno, tienen una ardua tarea respecto a cuál es la agenda a seguir y priorizar.

Hugo Guzmán

Periodista

18/03/2020. 1.- En octubre de 2019 y marzo de 2020 se produjeron dos sucesos que alteraron cualquier agenda nacional y sectorial. El año pasado fue el inicio de la revuelta social/ciudadana que convulsionó al país, y este año fue la llegada del coronavirus (COVID-19) al territorio nacional que tensionó a Chile. Una primera característica común de los dos momentos, es que involucró a toda la población, sin excepción. Es un hecho, a estas alturas, que el estallido social y el COVID-19 trastocaron todo cronograma, planificación, programa y objetivos en ámbitos económicos, sociales, laborales, políticos, eleccionarios, culturales, en salud y educación. Nadie quedó ajeno a la revuelta ni al coronavirus.

2.- En ambos casos, como lo señalan analistas, jugó un papel preponderante la sociedad civil que, a través de sus múltiples organizaciones y espacios, asumió un protagonismo no visto en las últimas décadas -quizá solo en los últimos grandes terremotos- y que en gran medida respondió a las deficiencias y retrasos del Estado. La movilización ciudadana, la consciencia social, la solidaridad, la disciplina colectiva, están cumpliendo un rol de primera importancia en lo que acontece en el país.

3.- La crisis sanitaria se amalgamó con la demanda de la revuelta. De acuerdo a informes de prensa y denuncias, al llegar el COVID-19 comenzaron los abusos de empresas, farmacias, supermercados y retail, se evidenció la fragilidad del sistema de Salud Pública, el encarecimiento de la salud privada y las limitaciones del jefe del Ejecutivo. De alguna manera, el coronavirus vino a reafirmar reivindicaciones de la revuelta social como, precisamente, fin de los abusos y del lucro y mejora/reforma de la Salud Pública.

4.- En lo políticamente más duro, salieron voces y análisis a indicar que la llegada del coronavirus significó “un respiro” o “una oportunidad” para el Presidente Sebastián Piñera, derrumbado en la percepción de su gestión. Claro, el fin de semana que comenzaba a instalarse la idea de otro necesario cambio de gabinete, que se intensificarían las protestas del “súper marzo” y que arreciaban las críticas al actuar de Carabineros y cuestionamientos al titular de Interior, con la continuidad de violaciones a los derechos humanos, sucedió que aumentó tremendamente el número de personas contagiadas con el virus, se pasó de la Fase 3 a la Fase 4, y se acentuó una situación de crisis sanitaria con una fuerte incidencia en el estado de ánimo, comportamiento y percepciones de la ciudadanía. Piñera saltó de administrar una crisis política, a tener que manejar una crisis sanitaria. ¿Será realmente mejor para él? En este marco, el gobierno quiso aprovechar de imponer puntos postergados de su agenda, como el proyecto de teletrabajo, asociándolo ahora a la cuarentena o refugio en las casas; pero esa iniciativa es de largo plazo, va más allá de la contingencia y fue criticado por las organizaciones sindicales y legisladores de la oposición.

5.- Otro elemento presente en los dos sucesos, es que golpeó la agenda política y alteró objetivos. Si la revuelta, por ejemplo, logró que se hiciera un plebiscito para avanzar hacia una nueva Constitución, la pandemia impuso una modificación en su calendario. Si el estallido puso en la mesa de manera más consistente exigencias sociales, el coronavirus vino a cambiar ciertas prioridades. En el fondo de este mar, analistas señalan que tanto la movilización social como el COVID-19, dieron cuenta que en el país hay un problema estructural, de modelo económico y de desarrollo, y hacia allá hay que poner la mirada. Entre revuelta social y extensión del virus, la sociedad, los sectores políticos y sociales, el gobierno, tienen una ardua tarea respecto a cuál es la agenda a seguir y priorizar.