“¿Terminará su mandato Piñera”? “La gente no visualiza que conduzca este gobierno”. “La inutilidad del presidente”. “No tiene las manos en el timón”. Sólo está administrando una crisis.

Hugo Guzmán

Periodista

10/03/2020. 1.- “¿Terminará su mandato Piñera”?, se preguntó el columnista Carlos Meléndez. “La gente ya no visualiza que el Presidente conduzca este gobierno”, afirmó el doctor en ciencias políticas, Marco Moreno. Marcelo Mella, académico, escribió en CIPER que “el mayor problema para Piñera es que…su liderazgo representa con nitidez aquellos símbolos del malestar y el cuestionamiento social”. El académico Carlos Peña sostuvo en El Mercurio que “si algo quedó de manifiesto en estos días -estas semanas- feroces, ha sido la inutilidad del presidente Sebastián Piñera”. El diario La Tercera tituló un reportaje diciendo que Piñera vive su “tercer gobierno”. El presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, entrevistado en El Siglo, afirmó que al mandatario “lo veo muy debilitado. Hay muchos rumores de que no tiene las manos en el timón, tiene un barco a la deriva”. Transversales miradas que coinciden en que está, cuando menos, cuestionada la capacidad como gobernante de este financista convertido en Presidente de la República y que llega a su segundo año en el sillón principal de La Moneda con aprobación ciudadana que, en promedio, oscila entre un 6 y un 10 por ciento.

2.- El punto de quiebre de “Tatán”, como lo llaman parientes y amigos, fue el 18 de octubre de 2019, fecha de la revuelta social que generó, en opinión de analistas, la peor crisis política y social de las últimas décadas. Ante ello, el mandatario no solo tuvo que asumir/pagar costos como sacar a los militares a la calle, ver a su administración cuestionada nacional e internacionalmente por la amplitud y dramatismo de violaciones a los derechos humanos, palpar que su conducción política hacia agua inclusive en su sector y asumir una debacle en empleo y la economía. Tuvo también que constatar/aceptar que su gobierno, como tal, con su programa inicial, había llegado a su fin. Dada la profundidad y extensión de la crisis chilena, Piñera tuvo que darle un giro a su gestión, que incluyó el meter en su agenda materias que había rechazado doctrinal y políticamente. Se inició otro periodo de su administración, en contra de su deseo personal, político y como jefe del Ejecutivo. Un episodio y unas frases del relato lo sintetizan: el primero, que se haya entrado a un proceso constituyente y se esté a las puertas de una nueva Constitución, algo explícitamente desechado por el mandatario en el inicio de su gestión y demando por la izquierda y el movimiento social; “Tiempos mejores” y “Chile en marcha”, como relato de su administración, se hicieron trizas.

3.- Desde octubre del año pasado la crisis se expandió/prosiguió. “Esto no para” se escuchó en pasillos de la política. A inicios del año, el gobierno estaba más preocupado del “se viene marzo” que de una pauta propia. Los problemas económicos arrecian, la conflictividad social/política persiste, la voluntad de movilización popular/ciudadana es elocuente, la violaciones a los derechos humanos es evidente y se sumó una fuerte pugna/confrontación entre los principales partidos de la derecha. Ante el panorama, la frase del mandatario de que “lo peor de esta crisis ya pasó”, como varias otras, solo tuvo mérito como un error mediático y un mal cálculo político. Lejos de estar siguiendo un libreto programático propio, Sebastián Piñera sólo está administrando una crisis de rumbo y efectos impredecibles, con todo lo que se viene este año.

4.- “Una caída histórica”, titularon algunos medios de prensa cuando el jefe del Ejecutivo bajó al subterráneo de los sondeos con un 6% de aprobación. Pero, dados los hechos, se trató también de una caída permanente. El mandatario está acorralado/exigido por la demanda social, por la carga política, por el debate ideológico, por la ingobernabilidad en su sector (que incluye que la ultraderecha se haya declarado opositora), por el no despegue de la gestión del gobierno, por la presión del movimiento social, y prisionero de su discurso de la anti violencia y el consenso para los acuerdos, sin resultados eficaces. Con una economía que andará por el 1% de crecimiento, el aumento del desempleo, la insatisfacción ciudadana por lo débil de las medidas sociales, baja en la inversión, una política exterior auto desmantelada y una continuidad de errores comunicacionales del Presidente. Es un escenario de un gobierno desgastado. Sino debilitado. Con ello, la incertidumbre es algo latente. Porque las respuestas a esa situación pueden ser sorpresivas. Para bien o para mal.