Es momento de confiar en el pueblo, pero sin romanticismos ni idealizaciones que proclamen la acumulación de fuerzas eternas para el logro de un objetivo certero.

Raúl Roblero

Profesor de Historia

28/02/2020. ¿Cómo posicionarse ante el plebiscito del 26 de abril? En un sentido general, las diversas fuerzas políticas (movimientos sociales y partidos políticos) responden ante esta pregunta desde cuatro vertientes: 1) quienes aprobarán nueva Constitución y Convención Constituyente, 2) quienes aprobarán nueva Constitución y Convención Mixta, 3) quienes rechazarán nueva Constitución y aprobarán Convención Mixta (para tomar los resguardos en caso de que gane la opción apruebo) y, 4) quienes rechazarán, de plano, de forma activa o inactiva, el plebiscito.

Por un lado las derechas, 2 y 3, buscarán mantener el modelo político-económico actual para mantener intacto lo más posible sus intereses. Lo de este sector (ya que aunque con sus diferencias actúan como bloque) es una estrategia que tiene en cuenta no solamente sus convicciones más profundas, sino también las condiciones del escenario político (institucional y social) actual. Así, en ellos hallamos contradicciones no antagónicas, reconciliables, que responden, más bien, al anhelo de conducción y posterior dirigencia en el escenario post plebiscito (la correlación de la apuesta política con el resultado del plebiscito fortalecerá y pondrá en primer plano a la fuerza política que logre el objetivo concebido). Parafraseando al alcalde RN Felipe Alessandri, ellos saben la Constitución que desean la diferencia está en el camino.

Lo de las izquierdas, instalada ya esta mala costumbre, es simplemente dispersión. Por su parte, la opción 1, conformados por sectores de centro y de izquierda, tienen un objetivo común que es una nueva Constitución, pero no parecieran caminar claramente hacia un horizonte claro en cuanto a la carta magna deseada. Los identificados, por su lado, con el 4,  conformados por sectores de izquierda, rechazan debido a que invalidan el acuerdo por la paz y todo lo que salió de ahí. Pero esto no es todo, el rechazo sería porque se requiere una Carta Magna que en su proceso sea emanada por el pueblo y desde el pueblo, pero ¿Qué es el pueblo? ¿Qué ideas están en la consciencia de éste? Si la hegemonía, si el sentido común está empapado de neoliberalismo ¿podemos pensar certeramente que una Constitución realizada por el pueblo, por ciudadanos cien por ciento electos (ya sea en los términos que se proponen o los que ellos proponen) sea garante efectiva de la emancipación del modelo actual? Aquí el juego se complica.

En la posición última hay dos ideas centrales instaladas producto del idealismo, romanticismo, en que se mueven ciertos sectores: a) la idea de que el proceso constituyente está cerrado, que el acuerdo no es modificable, que los ex concertacionista, que la derecha y que algunas fuerzas del Frente Amplio instalaron candados infranqueables, y que b) hay un camino claro, una perspectiva común, un horizonte épico que nos llevará a dar un viraje en 180° e instalar, de una buena vez, el batatazo final a toda la superestructura y estructura del capital (creer como si el solo hecho de salir del neoliberalismo significará superar el capitalismo y/o, peor, el liberalismo)

En relación a lo último, es necesario revisar, aunque sea superficialmente, el desempeño en las elecciones presidenciales de las izquierdas (sin pactar con el centro) desde los 90´ (no nos perdamos, la redacción de una constitución también es un ejercicio cívico): 1993: Manfred Max Neef 25,55%, Eugenio Pizarro Poblete 4,7%; 1999: Tomás Hirsch 0,51%, Gladys Marín 3,19%; 2005: Tomás Hirsch 5,4%; 2009: Jorge Arrate 6,21%; 2013: Marcel Claude 2,81%, Alfredo Sfeir 2,35%, Roxana Miranda 1,24%; 2017: Eduardo Artés 0,51%, Alejandro Navarro 0,36%. Si el pueblo tuviera una idea de sociedad como las planteadas por las izquierdas más idealistas ¿esto hubiera sido posible?

Estamos en una crisis del sistema político-económico y esto hay que tomarlo con todo el peso que significa. La urgente cuestión frente a esto es ¿Quién conduce la crisis? ¿Es posible decir que producto de esto la derecha ha perdido el poder? Lamentablemente no, vemos que hay un cuestionamiento de dirigencia pero, aunque nos pese, la conducción (con ayuda de ciertos sectores de centro) no la ha perdido. Si la oligarquía cívico-militar conduce la crisis nuestro papel es disputar esa conducción pero teniendo en cuenta las condiciones objetivas y subjetivas, el nivel de conciencia, las ideas que rondan en los estudiantes, en los trabajadores.

Es momento de confiar en el pueblo, pero sin romanticismos ni idealizaciones que proclamen la acumulación de fuerzas eternas para el logro de un objetivo certero. Acumulación ideal que, en su marcha, va desechando todo objetivo inmediato que nos permita dar el salto cualitativo necesario.

Así, al contrario de los que creen que la historia ya está escrita, el 18 de octubre es una coyuntura de un proceso que busca desmantelar el modelo político-económico actual (para donde va depende de nuestra fuerza) pero que necesita de hitos ciertos para que esto sea palpable. En este sentido, el cambio constitucional no se posiciona como el derrumbe total de los pilares que sostienen al neoliberalismo, sino como punto de inicio en la humanización del mismo, del capitalismo, (creer lo contrario es desechar el materialismo histórico) y en la posterior superación de éste.  Siendo así, la coyuntura de abril marcará un aceleramiento, y no un retroceso, del proceso ya mencionado. Con la victoria del apruebo y la Convención Constituyente se producirá toda una reconfiguración del tablero político (institucional y social) que nos permitirá, junto con la permanente movilización, transmutar la última en una verdadera Asamblea Constituyente, asuntos estos que acelerarán el proceso y nos dejarán  en una mejor posición para el logro de nuestro objetivo último. Una nueva Constitución que profundice la democracia, con un Estado como motor de la economía, es construcción sobre piedra para ensanchar las alamedas, es uno de los tantos pasos esenciales, determinantes, en la acumulación de fuerzas para que nos permita poder lograr, fehacientemente, la conducción política de nuestra patria. ¿Avanzar sin tranzar (sabiendo cómo terminó el PS) o consolidar para avanzar?