La vergonzosa repartija de segundos y minutos, entre partidos grandes y contra los representantes independientes es una muestra más del objetivo del sector más privilegiado de la población.

José Luis Córdova

Periodista

23/02/2020. Para nadie es un misterio a quién beneficiará y a quién perjudicará la franja electoral para el plebiscito del 26 de abril. No se necesita ser sociólogo ni opinólogo para entender que la ley 21.200 que intenta implementar el llamado “acuerdo por la paz y la nueva Constitución“ y la propuesta por el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) -de caracter absolutamente binominal- unifica a la derecha y el gobierno, incluso para los dos segmentos: Apruebo o Rechazo mediante una campaña del terror ya desatada.

Tres comandos (UDI, RN y Evopoli) presentarán sus propuestas desde el 27 de marzo, incluso el grupo de José Antonio Katz tiene tiempos -increíblemente- para las opciones Convención Mixta y Convención Constitucional en la segunda papeleta aunque llama a votar Rechazo en la primera.

De acuerdo a los resultados de las elecciones a diputados del 2017, la franja de 15 minutos se fragmentará de la siguiente manera: la UDI tendrá 4.05 minutos, mientras el PDC contará con 2.22 minutos. Los más perjudicados, obviamente, son los independientes que tienen décimas de segundos de tiempo para su propaganda.

Lo más lamentable es que no se haya conseguido un acuerdo de la oposición para unificar la campaña televisiva por el Apruebo al cambio constitucional. Si el objetivo es el mismo por qué no contar con un par de vocerías convincentes y no el desfile de rostros y consignas que ni siquiera lograrán plantear contenidos necesarios a discutir para la nueva carta magna.

El Partido Comunista, (con apenas 54.28 segundo) presentará una propuesta que pretende al menos reducir la influencia de quienes quieren con una fotografía y décimas de segundos de pantalla afianzar carreras políticas futuras de espaldas a la voluntad ciudadana.

Los comunistas pretenden hacer claridad en los postulados para una nueva Constitución, partiendo por el término de la subsidiariedad del Estado; garantías y protección de derechos a la educación, la salud, la vivienda, la previsión; los derechos humanos, recuperar el derecho soberano a presentar proyectos de ley, a la revocación de mandatos para representantes electos justificadamente cuestionados en sus labores, etc. etc.

Los comunistas postulan marcar en el voto por la Convención Constitucional, la sigla AC, es decir, Asamblea Constituyente, una instancia deliberativa y abierta que logre avances sustantivos para el desarrollo de nuestra democracia y el reemplazo del actual modelo económico mercantilista por un desarrollo participativo y equitativo a favor de las grandes mayorías perjudicadas por más de cuatro décadas de neliberalismo impuesto por la dictadura.

Para la derecha y el Gobierno la idea es votar por el Rechazo con la peregrina idea de paliar el descontento institucional, sabiendo que no lograrán recuperar la confianza del electorado con meras promesas. En forma increíble están  anunciando ahora reformas «sustanciales» a la Constitución del 80 que no plantearon desde hace 40 años. Para justificar el rechazo pretenden usar incluso las figuras de Patricio Aylwin (o por qué no de Ricardo Lagos) a favor la constitución fascista y sus parches.

Los minutos y segundos para cada comando en la franja ya fueron asignados: Chile Digno (PC, FRVS, Pro) cuenta con apenas 61 segundos y será el cuarto conglomerado presente con un segmento brevísimo para organizaciones sociales.

La vergonzosa repartija de segundos y minutos, entre los partidos más grandes y contra los representantes independientes es una muestra más del objetivo del sector más privilegiado de la población que, en el fondo -como planteaba el conde Lampedusa en Il Gatopardo- está “dipuesto a cambiar para que todo siga igual“.