El mandatario en este 2020 apuesta por una agenda de recomposición

Equipo ES. 14/02/2020. “A Sebastián Piñera lo están dejando solo”, afirmó su prima -y hermana del ex ministro Andrés Chadwick-, María Teresa Chadwick. “Lo que hay que hacer es que el Presidente tiene que estar en un segundo plano”, enfatizó el alcalde de Las Condes y dirigente de la Unión Demócrata Independiente (UDI), Joaquín Lavín. “Piñera no lo ha hecho bien (más riguroso sería decir que no lo ha hecho de ningún modo)”, escribió el académico Carlos Peña. Algunas de las palabras salidas en medio del desastroso 6% de aprobación del mandatario, el peor registro en la historia reciente del país y el peor evaluado de América Latina en las últimas décadas.

Miradas que dan cuenta de que, en efecto, el Presidente Piñera está en una situación de descontrol de la conducción dentro de su sector político, con la figura presidencial derrumbada y con su agenda inicial de gobierno quebrada y destruida.

No podía ser peor el escenario para iniciar el 2020 que se viene como un año complejo, agitado, lleno de incertidumbre y problemas.

Frente a eso, y desechando de plano las exhortaciones a que renuncie dada su prolongada baja en apoyo ciudadano y la crisis de su administración, el jefe del Ejecutivo dio pasos en las primeras semanas de enero para intentar instalar una agenda de recomposición de su gestión.

De acuerdo a informaciones públicas y extraoficiales, eso pasa por haber creado una Dirección de Comunicaciones de la Presidencia, encargada exclusivamente de la imagen y líneas discursivas del mandatario, que estará a cargo del ex editor de El Mercurio, Alfonso Peró.

También por reforzar el equipo directo presidencial (el conocido “segundo piso”), a cargo del ultraconservador Cristian Larroulet, un personero de alta confianza de Piñera. De ahí están saliendo directrices fundamentales para lo que viene.

Asimismo, el gobernante tiene en carpeta continuar con su “agenda social” destinada a dar paliativos en temas como pensiones, empleo, derechos de adultos mayores, a lo que se suma como prioridad su “agenda de seguridad”, sustentada en proyectos como las leyes anti-saqueos, anti-barricadas y asignar a las Fuerzas Armadas (FFAA) una labor de protección de “infraestructura estratégica”. Para el Ejecutivo lo ideal es avanzar por esos dos carriles.

Entre los planes de una agenda de recomposición, el Presidente quiere cuidar todo lo que será el proceso constituyente y el plebiscito de abril próximo por una nueva Constitución, sobre todo en relación a la derecha, donde se produjeron fuertes polémicas. Para eso, volvió a recurrir a su ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, (impedido de ejercer cargos públicos debido a la acusación constitucional en su contra por mal desempeño en materia de derechos humanos), para que encabece un equipo del conglomerado “Chile Vamos” que aborde propuestas y caminos en este tema. Como se sabe, Chadwick es uno de los políticos y asesores más cercanos al jefe del Ejecutivo, categoría que no perdió pese a la acusación constitucional en su contra.

El mandatario también busca fortalecer ciertos ministros que le puedan dar oxígeno y ojalá más porcentaje de aprobación a su administración. Al menos en teoría. En ese grupo está el ministro de Hacienda, Ignacio Briones, que estaría dando “una cara amable” a la política económica, mostrándose abierto, pragmático y resuelto a tomar medidas, en medio de un bajo crecimiento de la economía (que se va a prolongar), aumento del desempleo y continuidad de la baja inversión. Otra carta que quiere reforzar el mandatario, es la del titular de Interior, Gonzalo Blumel, en la línea de ejercer autoridad en cuanto al “orden público” y coordinaciones políticas en la derecha y con segmentos de la oposición. María José Zaldívar, titular de Trabajo y Previsión Social, es otra de las cartas en el gabinete, que estaría mostrando, según apreciaciones dentro del oficialismo, un sentido práctico, resolutivo y activo en temas laborales y de pensiones. Una cartera que se persigue potenciar es la de Desarrollo Social y Familia, a  cargo de Sebastián Sichel, un ministro bien evaluado en el equipo presidencial.

El plan se está manejando, a veces abiertamente, otras discretamente, en dos espacios. En un ala de segundo piso del palacio presidencial en el centro de la capital, y en la casa particular del mandatario en Las Condes. Empresarios amigos de Piñera, ex subsecretarios, ex ministros, un par de parlamentarios de la UDI y de Renovación Nacional (RN), unos pocos ministros y su esposa, Cecilia Morel, forman parte del círculo que va planteando estrategias, respuestas y posicionamientos presidenciales y gubernamentales.

De acuerdo a las políticas y anuncios que se ven y se pueden analizar, desde la administración piñerista se juega a la tesis del garrote y la zanahoria. Aplicar medidas autoritarias, restrictivas y represivas, sobre todo con el discurso del “orden público”, y al mismo tiempo mostrar medidas de corte social con algunos paliativos para la población.

En cuanto a personajes, Piñera parece no hacer cambios en sus características, pensando que le servirán para una recomposición. Chadwick y Larroulet son ultraconservadores, Briones es un ultraneoliberal, y dentro de los cercanos que lo apoyan más discretamente, están personeros “duros” de la derecha. Casos como Blumel, pasaron de representar a una “derecha liberal”, a implementar sin complejos, medidas autoritarias y represivas desde el gobierno.

Flancos internos muy expuestos

Sebastián Piñera y su equipo apuestan por logros en la gestión, en una nueva realidad del país. El tema es que los planes que tenga el jefe del Ejecutivo son a partir de un gobierno desfondado con flancos internos muy expuestos, un país convulsionado, una economía a la baja, y un ambiente político y social tenso. Factores que no tienden a modificarse.

Un flanco es el personal. Por eso Lavín planteó tirar a Piñera a un segundo plano para que no siga exponiéndose. Y apostar a que, precisamente, un grupo de ministros asuman la posibilidad de elevar la aprobación del gobierno piñerista. “Desde atrás, dejar a los ministros trabajar en la contingencia”, planteó el alcalde UDI en un programa televisivo.

Sin embargo, el mandatario está decidido no solo a proteger sino a re-instalar su figura presidencial. La tarea la tiene Alfonso Peró en la recién creada Dirección de Comunicación de La Moneda, junto a un reducido equipo. Trabajará de cerca con Larroulet. Esto, según se pudo saber, tiene que ver con administrar las salidas de Piñera en la prensa, revisar muy bien sus discursos, cuidar las apariciones públicas, entrenarlo para evitar los continuos errores comunicacionales (las famosas “Piñericosas”, entre otros), evitar sobreexposiciones e intentar puestas en escena creativas que muestren a un Presidente cómodo, tomando decisiones.

En ese camino, la Secretaría de Comunicaciones (SECOM), atenderían prioritariamente la coordinación comunicacional de La Moneda con los ministerios y el tema de redes sociales que sigue siendo, para los expertos del gobierno, algo importante. Se alejará de la figura presidencial.

Un flanco interno espeso es, paradójicamente, el equipo político de La Moneda. Obviamente es de segunda mano, después de que, producto del estallido social y la crisis política, Sebastián Piñera tuvo que despedir a su “círculo de hierro”: Andrés Chadwick (Interior), Cecilia Pérez (Vocera) y Felipe Larraín (Hacienda). El grupo de reserva no parece estar a la altura, y eso están opinando representantes del oficialismo y de la oposición. Gonzalo Blumel (que del ministerio Secretaría de la Presidencia pasó a Interior) e Ignacio Briones (Hacienda) tienen la confianza política y de gestión del mandatario. Pero en varios medios de prensa de línea editorial oficialista, se insistió durante enero que Blumel es cuestionado por altos personeros de la derecha por lo que sería una deficiente gestión en orden público, dado en situaciones como el no haber controlado a tiempo y en forma la protesta contra la PSU. También se señala que de seguir mal la economía y con bonos más que con soluciones de fondo, podría caer la imagen de Briones.

La situación más complicada dentro del comité político de La Moneda, es la del titular del ministerio Secretaría General de la Presidencia, Felipe Ward, a quien se ve ausente, sin iniciativa ni control, sin vínculos gravitantes, en su labor de representar al gobierno en el Parlamento. Eso es grave si se tiene en cuenta la importancia que tiene hoy para La Moneda las gestiones ante los legisladores.

Al mismo tiempo, en poco tiempo fue decreciendo el posicionamiento de Karla Rubilar, que parecía la vocera estrella y que tendría un papel más empático que su antecesora, Cecilia Pérez. También se indica que ella no tiene construidos ni bien alimentados los vínculos con dirigentes y parlamentarios de la derecha.

A tanto llegó todo esto, que se empezó a hablar y debatir públicamente sobre un cambio de gabinete que incluiría a integrantes del equipo político (que apenas llevan tres meses). Un par de medios de prensa especuló o citó versiones de que Piñera habría estado analizando cambios ministeriales. Eso es otro flanco negativo y señal del derrumbamiento de la administración piñerista y de los cuestionamientos a su gestión, porque en medio de una tremenda crisis, y habiendo hecho un cambio de gabinete profundo, se continúa hablando de que los ministros no sirven. “En un sentido negativo, este equipo político y este gabinete son una taza de leche”, indicó un parlamentario oficialista.

Síntesis del problema lo expresó Jacqueline van Rysselberghe, presidenta de la UDI, cuando dijo que “al comité político le falta afiatarse” y advirtió que “un posible nuevo cambio de gabinete dependerá de lo que pase en estos dos meses, de lo que pase en marzo y de si se logra desarticular a la primera línea” (en referencia a los manifestantes). Más elocuente, el senador de RN, Manuel José Ossandón, estableció que “el gobierno en su conjunto lo ha hecho mal, eso es así. Lo ha hecho muy mal”.

Otro tema abierto es que se observa un descontrol de conducción de parte del mandatario. Se le generan continuas crisis en el conglomerado “Chile Vamos”, no consigue instalar positivamente y con credibilidad sus medidas sociales, hay ministerios en silencio, las coyunturas son incididas precariamente por la gestión de gobierno, y los canales de contacto con la oposición están prácticamente cortados a nivel presidencial.

El otro flanco interno tiene que ver con la base electoral y social de Piñera. Si la aprobación es del 6% y la desaprobación alrededor del 90%, es claro que amplios sectores de la derecha no están apoyando al mandatario.