Así como las oportunidades requieren voluntades colectivas que son los partidos porque el pueblo unido no puede avanzar sin partidos.

“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”.

Karl Marx, “18 Brumario de Luis Bonaparte”.

Fernando Bahamonde

Profesor

13/02/2020. La figura de la hoja en blanco se ha instalado como un punto inicial en el proceso constituyente en el seno de lo que potencialmente será la discusión en la convención constitucional, como una suerte de borrón y cuenta nueva al no tomar como punto referencia el dictatorial texto constitucional de 1980. Idea de hoja en blanco que la misma derecha desechó al llamar al rechazo.

Difícilmente se puede extrapolar esta idea de “hoja en blanco” a la memoria política de corto, mediano y largo plazo, que en definitiva construyen realidad inmediata y realidad por devenir y realizar, es decir la configuración de cuadros políticos presentes y propicios en el futuro.

Para la izquierda chilena la memoria política consiste en valorar los caminos de unidad del pasado, la evaluación las líneas políticas sus avances y retrocesos, sus triunfos y sus derrotas, las acciones colectivas e individuales en el cumplimiento de tareas y objetivos. Del mismo modo, como se han construido correlaciones de fuerzas favorables y cómo se han superado las desfavorables en tiempos normales y tiempos de terror político; y cómo se han establecido las políticas de alianzas. Por tanto, cuando se trata de memoria política no existe la hoja en blanco.

En la memoria de largo plazo debe ubicarse inexorablemente destino del proyecto de la Unidad Popular, y su tragedia que estuvo precedida por “errores de izquierda” al forzar las condiciones que no estaban dadas para seguir un camino revolucionario tradicional y “errores de derecha” en la confianza en el respeto de la institucionalidad, en particular del errado supuesto del constitucionalismo de las FF. AA, en palabras de Luis Corvalán[1].

En el mediano plazo del ejercicio de la memoria nos lleva los 17 años de larga oscuridad con que la dictadura cívico-militar azotó al país. Este periodo nace con la violencia para la eliminación del “enemigo interno”, para luego borrar todo el pasado por medio de la destrucción del tejido social construido por décadas de lucha del pueblo de Chile. Pero, así mismo es un periodo de construcción oscura donde se configura la génesis de la realidad que aún vivimos. Esta fase es ejemplificadora de lo que fue y de lo puede llegar a ser el comportamiento de la derecha cuando se ve amenazada.

Todavía en la memoria de mediano plazo se encuentran los 20 años de Concertación y sucesión de gobiernos, en el como se generó una transición de tipo excluyente y desmovilizadora, para consolidar con matices la construcción de la dictadura, enmendando e hilvanando el penoso legado pinochetista al supeditar la tecnocracia a la acción política de mayorías.

En la actualidad de crisis, la memoria obliga pensar las diferentes formas que adquirió el modelo económico-social vigente y la institucionalidad que lo recubre. La institucionalidad es un medio, no un fin en sí mismo como lo plantea la derecha. Este hecho es insoslayable para la existencia de partidos con vocación transformadora de la realidad, por cierto, que sólo pueden alojar en la izquierda del espectro político.

El segundo paso, luego de esta certeza sobre la institucionalidad como transitoria, es la capacidad de levantar un proyecto transformador convocante de mayorías activas capaz de superar el modelo neoliberal y su institucionalidad. Paralelamente, a esta institucionalidad hay que forzarla de manera de agotar los medios que ésta ofrece. En tal sentido enfrentados a un gobierno que ha utilizado de manera recurrente la coerción para sostener el poder, los mecanismos “institucionales” presentes como la acusación constitucional contra aquellos que han usado la fuerza contra el pueblo a través de los aparatos coercitivos del estado para violar sistemáticamente los DD. HH y, de paso, generar proyectos de ley para abrir el cauce de la movilización social en búsqueda de una real legitimidad democrática que en este momento pasa por anticipar las elecciones presidenciales y parlamentarias. Enfatizando la contradicción vital entre neoliberalismo y una necesaria democracia de nuevo tipo.

Así como las oportunidades requieren voluntades colectivas que son los partidos porque el pueblo unido no puede avanzar sin partidos. Se debe desechar la idea de crear un nuevo pacto porque este no ha existido con anterioridad. El camino al contrato social inexistente hasta hoy será la forma en que la tradición de todas las generaciones muertas deje oprimir como una pesadilla el cerebro de los vivos. El espacio aún está lleno de oportunidades, pero al mismo tiempo lleno de peligros que provienen de la actitud de la derecha hoy en el gobierno.

 

[1] Luis Corvalán Lepez, “La revolución chilena: sus grandes méritos y causas de su derrota”., Pleno del Comité Central PCCH. Moscú, agosto de 1977.