Marchas y multitudinarios acontecimientos en Plaza Baquedano son presentadas mañosamente sólo en sus ribetes de violencia a vista y paciencia de carabineros.

José Luis Córdova

Periodista

10/02/2020. Es probable que la industria televisiva sea la actividad humana que tiene menos razones para escudarse en la consabida frase: «No lo vimos venir», al referirse al llamado estallido social a partir del 18 de octubre del año recién pasado y que remece al país.

La labor de reporteo en las calles, la cobertura cotidiana de dramas ciudadanos en la salud, la educación, la vivienda y las pensiones -entre otros- hacen inviable que periodistas y comunicadores no hayan advertido ni hayan informado a sus editores y productores de la indignación larvada, de la impaciencia y la necesidad de decisiones urgente para solucionar acuciantes y graves problemas de la gente.

En el programa «Mentiras Verdaderas» del canal La Red han desfilado, ante la inquietud inquisidora del colega Eduardo Fuentes, profesionales como Mirna Schindler, Rafael Cavada, José Antonio Neme, y otros (también en espacios diferentes) que, sin tapujos, han develado las tensiones y dramas que viven los periodistas bajo la mirada de las líneas editoriales de los canales que relativizan y pretenden acotar la verdad de los acontecimientos.

Marchas y multitudinarios acontecimientos en Plaza Baquedano y por la Alameda son presentadas mañosamente sólo en sus ribetes de violencia protagonizada por grupos de encapuchados a vista y paciencia de carabineros que se limitan a atacar y disolver las manifestaciones pacíficas mientras se incendian locales, se destruye señalética y se saquean tiendas sin la intervención policial.

Sucedidos los hechos luctuosos -por todos condenados- las cámaras se enfocan en reiteradas imágenes de violencia, obviando los ataques de la policía a los centros de atención de heridos, el brutal maltrato a niñas y adolescentes retenidas a la fuerza, las ofensivas con gases lacrimógenas y lanzamiento de chorros de líquidos (de contenido desconocido) contra la muchedumbre.

Sólo las redes sociales, improvisados «reporteros en terreno», captan la brutalidad policial, las flagrantes violaciones a los derechos humanos, los maltratos y humillaciones que viven los manifestantes. Mientras, la televisión insiste en los enfrentamientos colindantes -a menudo con imágenes de archivo- con ácidos y desmedidos comentarios de colegas y «comunicadores» desde los estudios.

A partir de la convocatoria al plebiscito «de entrada» del 26 de abril próximo, el gobierno y la derecha se han empeñado en enfrentar la decisión ciudadana de darnos una nueva Constitución Política con el pretexto que «la violencia no permite las condiciones» para hacer un proceso constituyente en paz.

Bajo esa premisa, los canales despliegan sus mejores esfuerzos en denunciar hasta la saciedad la actuación de los grupos de encapuchados, saqueos y tropelías en los estadios para incentivar el voto de Rechazo en el plebiscito para que todo siga igual al 17 de octubre pasado. Esto es simplemente jugar con fuego.

Se ha dicho hasta el cansancio que Chile despertó, que no es el país de antes -«el oasis del presidente Piñera»- y que las cosas no volverán a ser como antes. Pareciera bastante cierto a la luz de expertos, encuestas y opinólogos de todo tipo.

¿Qué debiera hacer entonces un medio de comunicación tan importante como la televisión?

Ciertamente la objetividad no existe. Cada personaje que aparece en pantalla tiene una opinión sobre lo que sucede y un medio como éste tiene el deber de mostrar TODAS las opiniones, pero TODAS. El coro de vestales que condenan la violencia «venga de donde venga» nunca condena la violencia de las pensiones indignas, del maltrato a los adultos mayores, del abuso en las Isapres, las AFP, el Compin, los servicios públicos y la mala educación pública. Pareciera que eso no es violencia.

Una conducta constructiva sería formar conciencia, educar a la ciudadanía, explicarle el valor y el peso de una nueva Constitución que asegure y proteja los derechos de todos, que busque la equidad, que entregue herramientas al Estado para mejorar el desarrollo económico, de la educación y la salud, para permita a los municipios satisfacer las demandas comunales y mucho más.

Terminar con el autoritarismo, combatir la corrupción, entregar la iniciativa de leyes a organizaciones sociales y de ciudadanos comunes y corrientes; que permita la revocación del mandato a autoridades electas que no cumplan su labor en forma responsable. La tarea de las tareas de la TV es mostrar éstas salidas y modos de solución junto a instrumentos legales y democráticos que tiene la gente para cumplir el sueño de construir un país mejor para todos.