Desventurados que se deslumbraron por los oropeles del consumismo, renegaron incluso hasta de su origen modesto, sin siquiera tener idea de lo que significa militar o la derecha.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

28/01/2020. Los cómplices de la dictadura, militantes e inconscientes partidarios de partidos políticos de derecha, advenedizos, obtusos y dogmáticos, tienen como último propósito mantener los privilegios que el falso “poder” económico les otorga. No comprenden que esta potestad sólo beneficia a una oligarquía potente, amparada por un gobierno tristemente empresarial. Cómplices desventurados que se deslumbraron por los oropeles del consumismo, cómplices que renegaron incluso hasta de su origen modesto, sin siquiera tener una idea clara de lo que verdaderamente significa militar o seguir a un partido de derecha. Absoluta contradicción. A pesar del bajo apoyo ciudadano respecto a los partidos políticos, el Partido Comunista fue el único partido que avizoró, con su fortaleza doctrinaria y unidad partidaria, la tragedia que tarde o temprano  desencadenaría este inhumano sistema social y económico, pues mantuvo siempre una sólida cercanía con las bases, realizando un incansable trabajo y resguardando con lealtad los intereses populares. Los hijos de la dictadura son aquellos admiradores del imperialismo injerencista estadounidense, que todavía maneja a nuestros pobres países latinoamericanos, estructura hegemónica que viola sistemáticamente los derechos humanos, atreviéndonos a decir que su umbrosa influencia ha estructurado un nuevo concepto sociológico que ha alterado nuestra realidad social. Los cómplices de la dictadura no quieren darse cuenta que la derecha los desprecia y que sólo fueron utilizados por una clase poderosa que no ha entendido el sentido mismo de la pobreza y menos la latente indignidad en que viven “los condenados de la tierra” ( Frantz Fanon ). Los cómplices de la dictadura han ignorado sistemáticamente la legitimidad de los procesos revolucionarios de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y de tantos países que están empezando a comprender que el capitalismo está agonizando. No miden su fuerza corruptora. Sólo sienten equivocadamente un temor hacia la izquierda real, reforzando un virulento anticomunismo que los ha convertido en seres egoístas, intelectualmente inferiores y moralmente repudiables, apáticos e insensibles hacia proyectos políticos progresistas, además de partícipes de un patriotismo mal entendido. Son lábiles  imitadores de la sociedad estadounidense enferma que se dice desarrollada y no han percibido que simplemente es una férrea dictadura capitalista. También, los hijos de la dictadura son creyentes por tradición e hipocresía, careciendo de un sólido discernimiento racional para formar  una opción teológica más acorde a la liberación de los pobres del yugo opresor. No han entendido que Chile carece de ideales comunitarios y menos comprenden que estamos atravesando por un profundo cambio social. ¡ Irresponsables ! No resguardan los principios fundamentales de la democracia y tienen a Chile inmerso en una oquedad educacional y creativa, priorizando sólo estudios pro sistema neoliberal, con el único fin de generar un ficticio bienestar económico. Definitivamente, hay que extirpar la dictadura cultural derechista. No entienden que sólo la cultura incentivará el libre pensamiento y los hará libres. Parafraseando a Julio Cortázar, la esperanza le pertenece al  pueblo pobre y oprimido, pues es la libertad misma defendiéndose. Chile tiene que llegar a ser un país éticamente racional y moral, trascendente y anti imperialista. En este contexto, el Encuentro Mundial contra el Imperialismo fue una gran oportunidad para definir el céfiro de una humanidad absolutamente democrática.  Las actitudes de esta derecha intransigente nos pueden conducir a un cataclismo político con consecuencias imprevisibles para  la mayoría consciente y democrática. La derecha, cómplice activa y pasiva de la dictadura, sabe que no tiene ninguna posibilidad en el próximo Plebiscito Constituyente. Debería tener vergüenza de su pésimo accionar político y como no tiene respuestas válidas para las demandas populares, entonces su única opción sería incentivar el temor anticomunista y sin  complejos propiciar una salida autoritaria a su favor.