La construcción neoliberal del Estado-Nación se desmorona en la medida que su cuerpo plasmado en la Constitución de 1980 entró en violenta colisión con la sociedad.

Fernado Bahamonde

Profesor 

 

22/01/2020. La construcción neoliberal del Estado-Nación se desmorona en la medida que su cuerpo plasmado en la Constitución de 1980 entró en violenta colisión con la sociedad.

“La batalla por la ideas” en el proceso constituyente debiera centrarse en identificar al Estado como único instrumento que proporciona un marco legal para la garantía universal de derechos sociales, políticos y civiles esenciales para la existencia. Por tanto, es una noción de Estado que es antagónica al tipo de Estado que se encuentra al servicio del mercado que, a su vez, se alimenta por la subsidiariedad que es incapaz de asegurar derechos.

Sin embargo, es necesario poder distinguir tres problemas, el primero puede denominarse de fondo, como las ideas que serán hegemónicas y que estarán presentes en el nuevo texto constitucional. Luego, el problema de forma en tanto lucha política que es el medio por el cual se forjará el fondo y que implica la expresión de mayorías activas en la correlación de fuerzas en la Convención Constitucional, que como tarea debe ser capaz de propinarle una contundente derrota a la derecha. Por último, el tercer problema el de la práctica en la vida social de un nuevo marco de relaciones sociales concreto cuando la superestructura en papel esté concluida, no así acabada.

 En líneas gruesas históricamente el régimen político en el siglo XX es la continuación del siglo XIX, en lo referente al ultra presidencialismo y centralismo, que hoy ofrece nulas salidas al qué hacer con este gobierno que se encuentra en el suelo, no se puede convocar a nuevas elecciones y disolver el parlamento, entre otras salidas posibles.

El segundo golpe al Estado perpetrado por los golpistas fue la subsidiariedad que lo distingue de la forma adquirida en 1925. Pero, desde 1980 en adelante el Estado de derecho se puso a disposición de la subsidiariedad, como el régimen político clausuró la participación.

La nación, a su vez, se construyó sobre la base de la homogeneidad como el contenido uniforme del contenedor Estado.

La disputa central radica en instalar la idea de Estado como agente garante de derechos, y un régimen político que se sostenga mediante la participación ciudadana superando los límites restringidos de la democracia representativa. Y la nación, como naciones desde una perspectiva heterogénea de múltiples realidades dinámicas propias de un mundo cultural multifacético.

El segundo problema, la correlación de fuerzas electorales para la transformación institucional enfrenta un legado donde antagoniza el individuo con el ciudadano que se siente y es parte de un colectivo. El individuo es aquel que vio rotas las relaciones sociales y fue arrojado al mundo privatizado de los intereses personales donde hace 40 años vive, despolitizado.

La despolitización propia del individualismo es la estrategia fascista para poner énfasis en la destrucción de lo público, aislar a los seres humanos entre sí y justificar el autoritarismo. Este segmento de población irá a votar por el rechazo.

En tiempos no neoliberales las movilizaciones político-sociales estuvieron precedidas de organización y participación de grandes colectivos sindicales o partidos de masas. El estallido y movilización desde el 18 de octubre en adelante da cuenta de movilización, pero con precarias o embrionarias muestras de participación y organización. La secuencia es la que debe dar continuidad a la movilización y ser contundente para alzar las capacidades para la transformación de la institucionalidad y, por tanto, de la realidad.

Se puede indicar que la ciudadanía ha vivido un aprendizaje rápido, pero el desafío de cara a este año es mayor. No es menor observar que puede haber muchos colectivos, coordinadoras y movimientos sociales que se restaran de participar del plebiscito de abril entendiendo que las reglas del juego se dictaron a través de un acuerdo constitucional espurio. No obstante, la no participación del proceso es lo mismo que rechazar el voto el 26 de abril y funcional a los intereses de la derecha. No puedes ser ciudadano sin participar es delegar tu voluntad a otros.

El tercer problema, una vez que se puedan zanjar los dos primeros problemas que en sí mismos son desafíos formidables, es el de la práctica social luego del proceso que viviremos posiblemente los próximos dos años.

La sociedad no se transforma por ley, el peso del individualismo, la apatía y la despolitización se posa como una pesada carga de escoria sobre las espaldas de toda la sociedad. La transformación de la realidad se logra en la práctica política cotidiana en el entendido que somos seres colectivos que poseemos derechos y responsabilidades. Las responsabilidades son asumidas por el ciudadano, lo que la distancian de los deberes que son impuestos al individuo por otros.

Las leyes se cambian y mutan, en una democracia real consecuentemente con las transformaciones que la sociedad o conjunto de ciudadanos responsables de a su destino. Hoy, sin dejar la movilización, se debe añadir la organización y la participación del soberano para que por primera vez pueda decir que el Estado, somos nosotros.