La ciudadanía sigue teniendo clara sus demandas sociales, acrecienta y fortalece el mérito e importancia de las mismas.

Pablo Monje-Reyes

Licenciado Ciencias Políticas y Administrativas

19/01/2020. La última encuesta del Centro de Estudios Públicos -CEP- fue realizada entre el 28 de noviembre 2019 y el 6 de enero 2020. Se destaca la fecha de realización de la encuesta porque en ese periodo, que incluye todo diciembre, casi toda la “elite” política e intelectual de gobierno y los sectores socialdemócratas aledaños, apostaron a que la movilización social y las demandas del pueblo decaerían y terminarían diluyéndose. Ello explica que el gobierno respondiera al estallido popular con una agresiva agenda legislativa antimovilización endureciendo y reconceptualizando delitos para criminalizar la protesta social. De la misma manera, conspicuos personajes de la centro izquierda, conocidos en su momento como el partido transversal del orden, escribieran furibundas declaraciones en conjunto para condenar la violencia en las movilizaciones sociales. Haciéndole el juego a la derecha bajo la misma hipótesis de que en diciembre el pueblo movilizado retornaría a sus poblaciones cansados y derrotados.

Nada de eso ocurrió. El pueblo siguió movilizado reformulando las prácticas en la protesta. Manteniendo en alto las demandas y profundizando en la percepción social acerca de lo justo de ellas y valorizando la democracia en su concepción más profunda, más legítima y más verdadera. Así lo muestran los resultados de la encuesta CEP. Cuando se pregunta por los tres problemas más importantes, se mantiene en primer lugar las pensiones, pasando de un 46% a un 64%, 18 puntos más que la encuesta de mayo 2019, en segundo lugar se mantiene salud, pasando de un 34% a un 46%, 12 puntos más que la encuesta de mayo 2019, en tercer lugar educación, pasando de un 30% a un 38%, 8 puntos más que la encuesta de mayo 2019. Es importante hacer mención que el problema de la delincuencia, asaltos y robos, que en mayo 2019 era el primer problema de importancia para la ciudadanía,cae de un 51% a un 26%, 25 puntos menos en esta encuesta de diciembre. Esto deja ver nítidamente que la ciudadanía sigue teniendo clara sus demandas sociales, acrecienta y fortalece el mérito e importancia de las mismas y da cuenta -asimismo- de la NULA respuesta del gobierno a esas exigencias populares.

Chilenas y chilenos consultados advierten queel gobierno intenta detener la movilización, criminalizándola, y las personas en forma clara y precisa piensan que ese no es el problema de fondo. Más aun, la gente identifica que quienes participan de ese vandalismo que quiere asociarse con las protestas, son delincuentes (un 20%) y lumpen (un 14%), pero también emerge la respuesta que son personas cansadas de los abusos y la desigualdad (un 11%). Por tanto, esta percepción no mancha ni desacredita la imagen positiva de la demanda social. Y en sentido contrario, el actuar de carabineros y militares han sido percibidos como crímenes hacia los derechos humanos de quienes protestan. El 64% piensa que ‘muy frecuentemente’ y‘frecuentemente’ (también se podría sumar el 24% que reconoce que ‘a veces’),carabineros violaron los DDHH. Por su parte, el 49% piensa que ‘muy frecuentemente’ y ‘frecuentemente’ (también se podría sumar el 29% de ‘a veces’), los militares también violaron los DDHH. Hay que recordar que los militares sólo actuaron un par de semanas en las calles del país, eso podría estar influyendo en una percepción más baja que lo que se aprecia respecto al accionar de carabineros. Pero, lo importante y lo cierto es que ambas cifras son significativamente altas.

En síntesis, la percepción ciudadana acerca de responsabilidad y autoría en crímenes y delitos asociados con la movilización social, está en el lado de las instituciones que debe controlar el gobierno y no en la vereda del pueblo movilizado. Por su parte y al parecer, la interpretación de la realidad desde la elite, del gobierno y de sus asociados (también de “oposición”), tiene que ver mucho con el miedo cada vez más certero a perder privilegios concretos, a propósito de un pueblo luchando en las calles por más democracia y por más participación real en la toma de decisiones vinculadas al poder.

Así, el pueblo movilizado le responde a las elites de derecha y socialdemócratas demandando más y mejor democracia. El 64% de los encuestados y encuestadas considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Solo un 11% considera que la respuesta es un gobierno autoritario. Esto es lo que no lee la derecha con sus últimas acciones políticas de privilegiar medidas autoritarias. Por eso, el apoyo al presidente es apenas un paupérrimo 6%.

El 44% y el 47% de los encuestados y encuestadas consideran que la democracia actual en Chile funciona “regular” o “malo muy mal’, respectivamente. De hecho, cuando se les consulta por la institución más representativa de una democracia como es el parlamento, el nivel de confianza es de un 3%, esto es grave, porque puede ser hasta un 0% de confianza ya que técnicamente la encuesta tiene un margen de error de un 3%. En el caso de los partidos políticos ese nivel de confianza es apenas de un 2%.

Si se observa bien, tanto el ejecutivo como el congreso y los partidos políticos, entendidos como instrumentos cruciales de una democracia, están en el suelo desde el punto de vista de la confianza de la ciudadanía. Por esta razón, ciudadanos y ciudadanas de Chile creen que es necesaria una nueva carta constitucional, el 67% la aprueba.

Por otro lado, la derecha con su propuesta de rechazo al cambio constitucional, primero la UDI y después RN y 8 de sus 9 senadores, no están entendiendo nada, perdón, corrijo; ¡No les interesa entender nada!, están totalmente enceguecidos en su totalitarismo ideológico de defender el legado constitucional de la dictadura que tantos privilegios les ha dado hasta el día de hoy. Mientras el pueblo pide más y mejor democracia. Quizás en marzo, nos encontremos en las calles con la demanda honesta y totalmente plausible a tanto error político de la derecha y las elites social demócratas que le siguen el juego, de solicitar adelantar las elecciones presidenciales y parlamentarias para relegitimar el sistema político. Porque es una aventura política arriesgada e incierta intentar llevar a cabo un cambio constitucional con estos niveles de descrédito e ilegitimidad de este ejecutivo, este congreso y estos partidos políticos.

Por último, la derecha en el gobierno y la gran mayoría de sus parlamentarios, al parecer quieren resolver este dilema político democrático de una nueva constitución, atrincherándose por medio de la fuerza y la tozudez con un rabioso discurso de miedo, terror y caos, para mantener sometido al pueblo chileno bajo la sombra constitucional de la Carta del dictador de los años 80, para ello llaman sin tapujos a rechazar el cambio constitucional. En estos días han rechazado el voto obligatorio para el plebiscito de entrada, han rechazado en el Consejo Nacional de Televisión la franja para los independientes, e inclusive, líderes de la UDI abiertamente han planteado que no descartan dejar caer el plebiscito de abril 2020 “porque no estarían las condiciones de orden público”. Estas son las convicciones democráticas de la derecha.

Pero, la regresión autoritaria de la derecha no nos debe sorprender, porque a fin de cuentas,todos sus cuadros políticos actuales emergieron y se formaron bajo el alero de la dictadura, con todo el significado y el peso histórico de lo que ello significa como cultura dictatorial y su formación ideológica de abuso y omnipotencia despótica.Y esto es tan cierto, que un pueblo movilizado por sus derechos desde las plazas de la Dignidad de todas las ciudades de Chile, le causa tanto pavor a esta derecha, que no pueden evitar mostrarse como lo que siempre han sido; demócratas en la medida de lo estrictamente necesario, demócratas por conveniencia y demócratas sólo cuando las dictaduras dejan de serles útiles.