José Martí, prócer de claro pensamiento masónico fue un férreo defensor de la ética política progresista, del desarrollo intelectual y un apasionado de la libertad.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

14/01/2020.  Desde su sitial en la historia humana consideramos a José Martí como el gran inspirador de la Revolución Cubana, hazaña social que cambió una Cuba prostibularia y literalmente explotada por Estados Unidos, por una Cuba libre y humanamente realizada. El próximo veintiocho de Enero recordaremos otro año más del natalicio del ínclito humanista. Fidel, revolucionario real de gran calidad política, un insigne estadista inscrito en los anales de la trascendencia racional, hombre culto y estudioso, humilde y valeroso, siguió con discernimiento, admiración y autenticidad revolucionaria la obra martiana enmarcada principalmente en la  política, la filosofía y la poesía. A través de Martí, Fidel  adquirió la conciencia revolucionaria seria que todo líder necesita para estructurar un proceso político transformador, una sociedad libre y progresista, justa y realmente democrática, una revolución cultural. Cuba es el gran ejemplo de un país desarrollado, no capitalista, pues definió las bases definitivas para cohesionar una mentalidad superior.  La obra martiana proyectó con vehemencia literaria e histórica el acontecer social de Cuba  y de América Latina, catalogando su contenido opalescente como lúcido, exento de dogmas y uno de los pensamientos más humanos de la historia humana.

José Martí, prócer de claro pensamiento masónico fue un férreo defensor de la ética política progresista, del desarrollo intelectual y un apasionado de la libertad. Precursor de la escuela modernista y figura clave  del sentir humano fue también un sensible bardo que poetizó el amor como la gran manifestación emocional del ser humano. Tal como Neruda y Benedetti, Martí supo amar al amor. Amó a la “Niña de Guatemala”, su verdadero y único amor, su amor ortográfico de nostalgias despedazadas .… ”dicen que murió de frío, yo sé que murió de amor” … , su amor difunto, su amor inmóvil … “nunca más he vuelto a ver a la que murió de amor”.

Nadie puede dudar de la calidad humana de José Martí, humano selecto que amó las Letras y la Libertad. Inductor de un ideal integral de fraternidad, Martí sigue construyendo e inspirando hazañas sociales avanzadas que están cambiando la Historia de la Humanidad. Estados Unidos, aquel zafio estado belicista e imperialista es incapaz de comprender la trascendencia política del legado martiano, herencia de igualdad y enseñanza revolucionaria. Los sueños de Martí siguen siendo los sueños de este nuevo Chile que, hoy en día, sumido en una concatenación de hechos políticos contradictorios e impúdicos armados por la derecha distópica, necesita proyectar más que nunca la figura imborrable de este gran padre y ejemplo de humanismo real.