Para Almagro lo que importa es el voto de Piñera en su favor para ser reelecto en el cargo en esa productora norteamericana de sueldos millonarios en dólares que es la OEA.

Eduardo Contreras

Abogado

12/01/2020. Fue el año 2014, a poco más de un mes  que  yo asumiera como Embajador de Chile en Uruguay cuando Luis Almagro, por entonces Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno del presidente José Mujica, me llamó telefónicamente para solicitarme conversar acerca de un acto en la Cancillería que él organizaría en homenaje al compañero Mario García Incháustegui, ex embajador de Cuba en Chile y que lo era al momento del golpe de septiembre del 73 en donde mantuvo ejemplar conducta.

Por supuesto, concurrí a conversar el tema. Se trataba de conmemorar un aniversario más de la muerte del destacado revolucionario en un accidente aéreo ocurrido años después del golpe en Chile, exactamente el 4 de diciembre del año 1977.

Almagro, ministro del izquierdista Frente Amplio del Uruguay, señaló que le parecía que era adecuado rendir  homenaje a un destacado político cubano y que las relaciones con el gobierno de La Habana era un asunto de primera importancia. Añadió que creía adecuado invitar a la actividad a los hijos de García Incháustegui y, tras consultarme si lo había conocido durante su gestión en nuestro país, lo que era efectivo, me propuso además que yo fuera también orador de la actividad junto con él mismo. Las relaciones con Cuba, recalcó, “son prioritarias”.

Y en efecto, en diciembre de 2014 en el salón de actos del mismo Ministerio tuvo lugar un acto recordatorio de la personalidad y actividades del malogrado revolucionario cubano. Almagro no escatimaba sus elogios a la Revolución Cubana.

Pero fue muy pocos años después que el mismo personaje logró acceder a la Secretaría General de ese engendro del gobierno norteamericano que se conoce como la Organización de Estados Americanos, la OEA, del que también han sido próceres otros personajes, entre ellos el senador socialista José Miguel Insulza. Consecuente con lo que es la OEA, Almagro se sacó entonces la careta, dejo a un lado su supuesto afecto por la Cuba revolucionaria y no tuvo problema en asumir como nuevo títere de la política exterior de la Casa Blanca. Es decir un funcionario al servicio del imperialismo norteamericano.

Y lo he traído a colación a propósito de su reciente paso por nuestro país. Porque en el marco de su campaña para ser reelegido en la OEA, Almagro se reunió con Piñera. ¡Vaya dúo!

Por supuesto, Almagro comenzó por felicitar a Piñera por la violenta represión con la que ha enfrentado la justa protesta nacional de este tiempo. “Ha defendido con eficiencia el orden público”, afirmó Almagro, ignorando o rechazando los rotundos informes del Instituto Nacional de DDHH, de Human Right Watch, de Amnistía Internacional,  de Naciones Unidas y hasta de la propia Corte Interamericana de DDHH la que depende precisamente de la OEA.

Informes todos que señalan específicamente las violaciones a los derechos humanos perpetradas por el gobierno de Piñera. Pero todo muestra que los muertos, ciegos, torturados, violados, no existen para estos personajes de la ultraderecha latinoamericana.

Como es obvio, Almagro insistió en que ha habido “injerencia externa” en las movilizaciones sociales en Chile sin aportar prueba alguna más que sus estúpidos comentarios acerca de las redes sociales. Ambos personajes culpan de lo sucedido a  “Europa Oriental”. No descartemos que más tarde culpen a los marcianos o a los alienígenas

Para Almagro lo que importa es el voto de Piñera en su favor para ser reelecto en el cargo en esa productora norteamericana de sueldos millonarios en dólares que es la OEA. Por eso no dudó en afirmar que Piñera no sólo ha respetado el Estado de Derecho sino que ha aportado “soluciones políticas”. Claramente no tiene escrúpulos ni moral y se va en halagos a un personaje tan menor y mediocre como Sebastián Piñera cuyo respaldo en Chile rasguña el 10 % de la población según encuestas serias.

Para su reelección Almagro cuenta con los votos de los gobiernos más genuflexos al imperio, desde luego Colombia y Ecuador. Por cierto, su país, Uruguay, no lo apoya. Lo cierto es que da lo mismo quien asuma en la OEA; el que fuere no será más que otro inmoral dispuesto a atacar a los pueblos del continente, a los gobiernos progresistas, en fin a todos quienes se interpongan a los designios de la Casa Blanca y el Pentágono.

Para Almagro y por cierto para Piñera no tienen valor las casi MIL querellas en curso por homicidios, lesiones graves, torturas, violaciones, cometidas por las fuerzas policiales y militares chilenas, ni que se contabilice cerca de 4 mil heridos, ni que tantos organismos nacionales e internacionales denuncien graves violaciones a los derechos humanos. La brutal represión a las movilizaciones de nuestro pueblo ha recibido la bendición de la OEA, como es natural.