El PC reiteró a comienzos de año su voluntad de participar activamente del plebiscito que en abril definirá una Nueva Constitución.

Juan Gajardo
Miembro Comisión Política Partido Comunista de Chile

05/01/2020. El inicio de un nuevo año siempre ofrece la perspectiva o la ilusión de cambio. En nuestro país, quienes se auto-convocaron en Santiago en la Plaza de la Dignidad y a lo largo del territorio en otros espacios públicos, unían al jolgorio de recibir el año nuevo, la expectativa de cambios significativos en nuestra sociedad y quizás lo más importante, la voluntad de ser gestores de ese cambio.

Lo puesto en discusión es sin duda el neoliberalismo, impuesto a sangre y fuego por militares tributarios de la gran burguesía nacional y de los intereses de EE.UU. De allí que resulte inaceptable la estulticia del actual alto mando del ejército, que defiende a un criminal, cual lo fue Contreras, comparándolo con uno de los forjadores de nuestra república. La sistemática violación de los DD.HH durante la dictadura buscó y generó la actual escandalosa distribución de ingresos en nuestra sociedad, que trajo aparejada la frustración de amplios sectores de la población, a los cuales se les mostraban vitrinas llenas de productos que les asegurarían la felicidad , pero a los cuales no podían acceder. Todo está en el mercado, pero son pocos quienes tienen el poder adquisitivo. Desde bienes materiales a derechos tales como la salud y la educación, se transan en un mercado turbio, que segrega y reproduce las desigualdades incrementándolas en el largo plazo. La movilización iniciada el 18 de octubre es eso lo que cuestiona, dicho más claramente, las fuerzas armadas están siendo cuestionadas por su rol en la imposición de este modelo. Al alto mando del ejército debiese exigírsele mayor responsabilidad con los intereses superiores de la nación y su defensa, para lo cual debe obligatoriamente sintonizar con la percepción de la población, evitando falsas solidaridades corporativas, sobre todo cuando los altos mandos precedentes están comprometidos en actos de latrocinio que deterioran aún más la ya débil imagen institucional.

El masivo uso de la bandera mapuche como símbolo identitario pone también en discusión el concepto de desarrollo, asumido este como un incremento incesante del PIB, distribuído como decíamos inequitativamente y que deteriora irreversiblemente el medio ambiente. En el actual estadio de la sociedad, donde la revolución científico-técnica provoca un acelerado incremento de las fuerzas productivas por efecto de la automatización y la inteligencia artificial entre otros factores, sumado a la globalización o mundialización del comercio y las relaciones políticas, una nación como la nuestra no puede proyectar su futuro económico repitiendo los errores cometidos durante toda su vida republicana. Desde la crisis de los años 70 del siglo XIX cuando colapsa la economía agraria, pasando a la dependencia de productos de la minería en calidad de mono exportadores (salitre y cobre) bajo tutela de ingleses y luego norteamericanos durante el siglo XX, Chile ha tenido como modelos virtuales sociedades que por cultura y desarrollos históricos poco responden a nuestra realidad. Nuestra élite siempre ha buscado asimilarse a lo europeo o lo estadoudinense, reproduciendo selectivamente, de acuerdo a sus intereses, elementos de esas sociedades, por ejemplo, a fines del siglo XIX importamos un modelo prusiano de estructuración del ejército, pero no así el modelo de seguridad social creado por Bismark en beneficio de los trabajadores, cuestión social abordada en Chile 50 años después y más de la perspectiva del control social que de derechos. El definir lo más democráticamente el desarrollo de país que queremos, conjugando equilibramente la inserción en un mundo altamente globalizado y nuestras identidades locales es un ejercicio a emprender.

La actual discusión sobre un nuevo proyecto de constitución para Chile encuentra en estos temas su razón de ser. Quienes creemos que la nueva carta fundamental debe estar respaldada por la mayor participación y validada por un proceso democrático en su gestación, exigimos condiciones básicas para ello, como paridad de género, cuotas para los pueblos originarios, representación de independientes. Creemos que es una Asamblea Constituyente el instrumento que mejor asegura la presencia ciudadana al devolver al pueblo el derecho de soberano. La fuerte campaña anti comunista está entre otros factores motivada por quienes desean seguir teniendo la constitución
de Pinochet y Guzmán como caja de seguridad de sus privilegios. El P.C. reiteró a comienzos de año su voluntad de participar activamente del plebiscito que en abril definirá Nueva Constitución. Buscaremos que lo a plebliscitar sea lo más avanzado posible; haremos acuerdos de trabajo amplios con otros sectores opositores, asumiendo que el esfuerzo central de coordinación lo haremos con quienes no firmaron la transacción de la madrugada del 15 de noviembre, par‐ tiendo por nuestros aliados de Unidad para el Cambio. Conjuntamente, deberemos redoblar los esfuerzos para que las demandas sociales, que están en el origen del 18/O , sean escuchadas y asumidas por los poderes del Estado. El factor común presente en todo el proceso y que en consecuencia es el determinante, es la movilización popular, que expresada en múltiples formas, seguirá orientando el quehacer.