Las nuevas tecnologías abrieron un amplio espectro de posibilidades de comunicaciones a través de nuevos sistemas audiovisuales, que actualmente utilizan principalmente las nuevas generaciones.

José Luis Córdova

Periodista

31/12/2019. Desde mediados del siglo pasado la televisión se convirtió en la práctica en una necesidad para los hogares chilenos, así como en el resto del mundo. Pero avanzado el presente siglo, las nuevas tecnologías abrieron un amplio espectro de posibilidades de comunicaciones a través de nuevos sistemas audiovisuales, que actualmente utilizan principalmente las nuevas generaciones, dejando de lado la pantalla chica de la casa.

Los canales privados y la única estación pública de nuestro país jugaron un papel preponderante -positivo y también negativo-ante el estallido social desatado en Chile desde el 18 de octubre pasado. Así como ingresaban afablemente y sin permiso a los hogares, los programas fueron mostrando una imagen desvirtuada de la realidad de lo que ocurría en las calles.

Las manifestaciones fueron rápidamente estigmatizadas, destacando los hechos de violencia y principalmente las actividades claramente delictuales -saqueos, incendios y otras acciones- ocultando deliberadamente los ataques indiscriminados de las fuerzas policiales contra los participantes en marchas y concentraciones masivas, así como los contenidos de las justas demandas reclamadas.

Si es cierto que una imagen vale más que cien palabras, las líneas editoriales de los canales pusieron el acento en escenas dantescas de ataques a tiendas y locales del retail, reiterando grabaciones de archivo y -presumiblemente- aumentando el efecto de una llamarada provocada en el ataque a una sucursal del BancoEstado, cuestión que aún es materia de investigación.

Ninguna indagatoria sobre los cadáveres calcinados aparecidos en algunos incendios -según el Servicio Médico Legal- con balas en el cuerpo que mostraban las verdaderas causas de estas muertes; tampoco mostraron los dramas de personas que perdieron la visión o tuvieron serias lesiones oculares productos de balines de plomo disparados por carabineros.

Tras reiterar una y mil veces las escenas más violentas, nadie se ocupó (por ejemplo) del curioso doble incendio del inmueble patrimonial que arrendaba el ex instituto pre universitario Pedro de Valdivia -convertido en flamante «universidad» privada- un inmueble que sospechosamente esta empresa educacional quería devolver a sus propietarios (el comité olímpico) por desuso.

Si bien la ciudadanía solidariza sin ambages con los almacenes, pequeñas tiendas, bazares, talleres y pymes que enfrentaron difíciles momentos y varias se vieron obligadas a cerrar sus puertas y hasta a quebrar, dejando una estela de despidos, el Gobierno recurrió a fondos fiscales -de todos los chilenos- para ir en ayuda así como ordenó al BancoEstado a abrir nuevas líneas de créditos «blandos» para pequeños y medianos emprendedores.

La televisión, en lugar de hacer claridad sobre estas y otras situaciones que el Gobierno quiere mostrar como «soluciones» a la crisis social, deja deliberadamente de lado su tarea formativa y pedagógica en temas legales, del proceso constituyente en marcha, que necesitaría del apoyo de todas las plataformas audiovisuales a disposición de la teleaudiencia.

Vale la pena destacar que las violaciones a los DDHH continuaron tras los tres informes internacionales que los denunciaron y, recientemente, el informe de la Alta Comisionada de DDHH de la ONU. Incluso durante la conmemoración del día mundial de los DDHH -el 10 de diciembre pasado- se registraron nuevos actos de lesa humanidad y, hace unos días, otras dos personas -una niña de 15 años- fueron atacadas con bombas lacrimógenas en la cabeza que las mantiene con diagnóstico reservado.

Por otra parte, TVN debería desplegar sus mejores esfuerzos en explicar «con peras y manzanas» cada paso a dar hasta llegar al plebiscito de apertura al proceso constituyente del 26 de abril próximo y que, lamentablemente, no es suficientemente conocido ni asumido por gran parte de la ciudadanía y, por ende, de la teleaudiencia más fanática.

La llegada a la presidencia del TVN de la economista Ana Holiugue-esposa del empresario Felipe Lamarca, director de Impuestos Internos durante la dictadura de Pinochet- no vaticina muchos cambios. Holiugue trabajó 20 años con el grupo Saieh, propietario de Copesa y en la cadena de radios Dial (Duna y Zero) que cerró recientemente la querida radio Beethoven.