Las dimensiones del drama de las víctimas oculares, ante la acción de Carabineros de disparar perdigones y bombas lacrimógenas, dejando hasta centenares de personas sin un ojo, pérdida total de la vista o fracturas de rostro.

Equipo ES. 30/12/2019. Desde el 18 de octubre las fuerzas de seguridad y de orden comenzaron a escribir uno de los capítulos más dolorosos de la historia chilena después de la dictadura. En dos meses los funcionarios uniformados marcaron cifras históricas no solo a nivel nacional sino también internacional. No hay paragón en el mundo para medir a los centenares de manifestantes que perdieron uno de sus ojos, su visión completa o quedaron con fracturas en su rostro, producto de un impacto de perdigón, bomba lacrimógena o un balín. Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (hasta el 12/12)  se registraron 357 heridos oculares. De ellos, 334 tienen lesión o herida y 23 estallido o pérdida de globo ocular.

Es tan brutal el registro chileno que no se puede ni siquiera comparar con el conflicto entre israelíes y palestinos. Entre 1987 y 1993 hubo 154 casos de lesiones oculares durante enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en Gaza. Mientras en su mayoría efectivos de Carabineros de Chile triplicaron esa cifra en solo dos meses. “La intención de las fuerzas de seguridad chilenas es clara: herir a quienes se manifiestan para desalentar las protestas”, dijo Erika Guevara Rosas, directora para América de Amnistía Internacional.

En los informes conocidos de organismos internacionales de derechos humanos, se resalta la cantidad de heridos en los ojos, no solo como agresión criminal o uso excesivo de la fuerza, sino como “fuerza innecesaria”. Los cientos de casos dan cuenta que Carabineros ha disparado intencionalmente a la cabeza de manifestantes, incluidas personas que estaban en una esquina o paradero esperando transporte.

La respuesta ante una acción criminal

Es por ello que desde la sociedad civil se comenzaron a organizar diferentes grupos para ir en ayuda de estas víctimas. “Los Ojos de Chile”, es una organización que busca ayudar económicamente a los lesionados, a través de campañas de recaudación de fondos por Internet. También está la “Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular”, que agrupa a víctimas y familiares para exigir justicia y reparación para quienes fueron vulnerados en sus derechos humanos. Y la fundación Ideas para Conchalí que comenzó a reunir a personas que sufrieron lesiones por el impacto de bombas lacrimógenas, para guiar médica y legalmente a los familiares y heridos.

Marta Valdés, vocera de la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular, anunció una querella contra Sebastián Piñera por su responsabilidad directa en la violación sistemática de derechos con el fin que el Estado se haga responsable de estos hechos.  Y exigió justicia y reparación para las víctimas de violencia del Estado.

Los ojos de Gustavo y Fabiola

Es uno de los casos que más impactó desde que se desató la violencia estatal para reprimir el levantamiento social que atraviesa Chile. El joven de 21 años estudiante de la Universidad de Academia de Humanismo Cristiano, Gustavo Gatica, participó de una de las masivas concentraciones en la Plaza Baquedano. Estaba tomando fotos junto a su hermano cuando recibió en su rostro impactos de balines. Fue traslado de urgencia a la Clínica Santa María donde ingresó con un diagnóstico de “traumatismo ocular bilateral severo y visión cero desde la primera evaluación”. Lo intervinieron quirúrgicamente, sin embargo, los médicos no pudieron hacer más y Gustavo quedó sin visión.

Semanas después Fabiola Campillai estaba en San Bernardo a eso de las ocho de la tarde del 26 de noviembre, en un paradero esperando la locomoción rumbo a cumplir con su turno laboral en la empresa Carozzi ubicada en el sector de Nos, cuando recibió el impacto de una bomba lacrimógena en su cara. Fue derivada primero hasta el Hospital Parroquial, luego al Barros Luco y finalmente hasta el Instituto de Seguridad del Trabajo. Al día siguiente se confirmó que Fabiola perdió la visión de sus dos ojos. “El glóbulo ocular fue destrozado por dentro y la lacrimógena le astilló huesos del frontal, nariz y órbita”, indicó el INDH.

Otros casos

Diego Foppiano, tiene 22 años y es estudiante de Ingeniería. Recibió un perdigón en su ojo izquierdo el 19 de octubre en la Plaza de Puente Alto. Su diagnóstico: estallido ocular.

Carolina Muñoz, recibió un perdigón en su ojo derecho el 24 de octubre en La Florida. Vive de allegada con su hija de 9 años en Peñalolén. Trabajaba conduciendo un automóvil de la aplicación Uber. Su diagnóstico: pérdida de visión de ojo derecho.

Juan Carlos Pereira, tiene 27 años. Cuando participaba de una marcha, una bomba lacrimógena le impactó en su frente. Su diagnóstico: fractura craneal. Ya fue operado, pero en enero deberá someterse a otra cirugía. Su familia aun no sabe qué tipo de secuelas tendrá.

Alejandro Torres, era camarógrafo corresponsal de Mega en Concepción. En pleno estado de emergencia, mientras realizaba su trabajo reporteando una manifestación, recibió un perdigón por parte de Carabineros en su ojo izquierdo, lo que provocó que perdiera la vista y por tanto su trabajo.

Diego Leppez, de 27 años, el 16 de noviembre cuando volvía de su trabajo por el sector del Parque Forestal con Pío Nono, fue impactado por una bomba lacrimógena en su rostro. Tiene múltiples fracturas en su rostro, perdió un ojo y está a la espera de una cirugía. Actualmente sigue internado en el Hospital del Trabajador.

Vicente Muñoz, tiene 18 años y es estudiante de Teatro. El 11 de noviembre en una manifestación en Plaza Baquedano cerca del Parque Forestal, recibió seis proyectiles: en sus hombros, en sus brazos, en su pecho y en su ojo izquierdo.

La Oficina de la Alta Comisionada para Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas en su informe indicó que “el número alarmantemente alto de personas con lesiones en los ojos o la cara muestra que hay razones fundadas para creer que las ‘armas menos letales’ se han utilizado de manera inadecuada e indiscriminada, en contravención de los principios internacionales para minimizar el riesgo de lesiones” y agregó que “hay ciertas violaciones a los derechos humanos (…) el número alarmantemente alto de personas con lesiones en los ojos o la cara da cuenta de esta grave violación. Preocupa en particular la utilización de perdigones que contienen plomo”.

“Preocupa que casos de lesiones oculares continuaron reproduciéndose, pese a la existencia, desde la etapa inicial de las protestas, de información relacionada con el impacto causado por armas menos letales. Las medidas adoptadas por parte de las autoridades no fueron eficaces, expeditas y oportunas para minimizar el riesgo para las personas”, aseguró el documento respecto a la situación chilena.