El próximo plebiscito exige de los medios de comunicación de una mirada abierta, pluralista, verdaderamente democrática que recoja las inquietudes de las amplias mayorías ciudadanas.

José Luis Córdova

Periodista

23/12/2019. Si en los 90’s los políticos se entusiasmaron tanto con las cámaras que empezaron a salir en la tele, bailando, cantando, haciendo sketchs cómicos en grupos o como solistas -con diferentes resultados «artísticos»- hoy son los «rostros» de la farándula que incursionan en áreas políticas.

En su momento vimos al ex senador (y hoy presidente) Sebastián Piñera, a la ex senadora Lili Pérez, a la alcaldesa de Providencia Evelyn Matthei, al ex diputado Ramón Farías (actor profesional) y otros haciendo shows en la Teletón y otros estelares.

En su momento, la recordada líder popular Gladys Marín puso en su sitio a Mario Kreutzberger y al entonces precandidato presidencial Joaquín Lavín que pretendieron festinar la postulación de la dirigenta comunista a La Moneda, pidiéndole que apareciera junto a su adversario político en actitudes francamente faranduleras en la campaña de la entidad privada de rehabilitación infantil. Una falta de respeto intolerable entonces y ahora.

Hoy vemos a la ex alcaldesa de Pelarco, Raquel Argandoña, asumiendo un rol de panelista «seria», entrevistando y comentando la actualidad nacional, así como al alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, al senador Manuel José Ossandón y al ex multiministro Francisco Vidal desplegando sus «habilidades histriónicas» en matinales y espacios de conversación del todo frívolos.

Como si fuera poco, fueron electos diputados -con distintas evaluaciones de desempeño- la periodista Pamela Jiles, el cantautor ochentero Florcita Motuda, los ex deportistas Erika Olivera y Sebastián Keitel. Párrafo aparte merecen dos artistas que han sorprendido por sus genuinas capacidades políticas, como el cantor popular de la comuna de Renca Boris Barrera (jefe de la bancada del PC) y Amaro Labra, del reconocido grupo musical Sol y Lluvia, así como la ex «chica reality-«, Maite Orsini de excelente desempeño como diputada del Frente Amplio.

Mientras, connotados periodistas televisivos se han desperfilado ante la avalancha de acontecimientos relevantes que han puesto a prueba su profesionalismo con distinta suerte. Es el caso del hiperventilado Iván Núñez, la diligente Constanza Santa María, el ex rockero Iván Valenzuela, el insoportable Tomás Mocciatti y el inefable Matías del Río, merecedores de un cupo en espacios faranduleros para que abandonen la conducción de noticias o programas políticos.

De esta manera volvería la seriedad en las informaciones políticas y se terminaría con la cantinela de la «sorpresa» ante el estallido social que todo el mundo sabía que necesariamente vendría ante el fracaso del gobierno de Piñera. Tampoco fueron sorpresivos los resultados de la gigantesca consulta comunal, abrumadoramente a favor de una nueva Constitución que surja a través de una Asamblea Constituyente, votada por más de dos millones de chilenos.

Los intentos por boicotear la iniciativa de la Asociación Chilena de Municipalidades que movilizó a la población de más de 200 comunas en todo el país fracasaron incluso ante la banalización de las informaciones al respecto, donde la TV perdió la gran oportunidad de convertirse en un vehículo de formación ciudadana, como le debería corresponder.

Las damas parlamentarias ni siquiera han seguido el ejemplo de sus colegas de otros países que se atrevieron a montar la exitosa performance de Lastesis, interpretando el hondo contenido político del himno feminista de nuestros tiempos «Un violador en su camino».

Ante el próximo plebiscito de apertura de abril próximo, que dará inicio al proceso constituyente demandado por millones de chilenos en las calles en más de un mes de movilizaciones, exige de los medios de comunicación -y principalmente de la televisión- de una mirada abierta, pluralista, verdaderamente democrática que recoja las inquietudes de las amplias mayorías ciudadanas. Lo contrario sería farandulizar la política como, en su momento, se pretendió politizar la farándula.