¿No hay código de ética aplicable a este presidente de la hermana y querida república de Brasil que comete más que un desatino…?

José Luis Córdova

Periodista

17/12/2019. Los medios de comunicación se han acostumbrado a declaraciones irrespetuosas y altisonantes del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro pero la última semana este mandatario lanzó dos nuevos «impactos comunicacionales» de los que debió hacerse cargo lamentablemente también nuestra televisión.

Primero el jefe de estado carioca las emprendió nuevamente contra la joven activista contra el calentamiento global, Greta Thumberg, calificándola de «mocosa» para tratar de descalificarla en su campaña por la protección del planeta ante el cambio climático.

Posteriormente y cuando la nave brasilera Almirante Maximiano Polar Vessel colaboraba en las labores de búsqueda de un avión Hercules C130 de la Fuerza Aérea de Chile siniestrado en el mar de Drake en viaje a la Antártica, Bolsonaro lanzó por su twitter personal la noticia de que el barco de su nación había encontrado restos personales de las víctimas del accidente, antes de que las autoridades chilenas informaran del hecho a las familias de los afectados.

¿Cuál es la ética de este nefasto personaje? La televisión y otros medios no pueden ignorar un hecho de esta magnitud, pese a que con su accionar perjudicaba directamente la labor de contención que las autoridades chilenas realizaban con padres, hermanos, esposas y seres queridos de las víctimas de la catástrofe aérea.

¿No hay código de ética aplicable a este presidente de la hermana y querida república de Brasil que comete más que un desatino, una verdadera provocación contra las actividades sistemáticamente planificada de la FACH ante un dramático acontecimiento de esta envergadura?

Los canales de televisión desplegaron  a sus conocidos reporteros en terreno: Constanza Santa María, Iván Núñez, Simón  Olivero y sus corresponsales en Punta Arenas para cubrir la noticia. De más está insistir en la necesidad de que estos profesionales se pertrechen de un mayor  bagaje de vocabulario, léxico, sinónimos para dar mayor convicción a sus relatos. La reiteración de adjetivos, las muletillas, la cuestionable mala dicción de algunos, la persistencia de otros por tratar de sacar declaraciones sobre temas ya tratados en los puntos de prensa hacen sentir vergüenza ajena a los televidentes.

Las nefastas declaraciones de Bolsonaro, publicitadas por el gobierno brasilero y profusamente difundidas por nuestra televisión bien valdrían la pena una nota oficial del gobierno chileno que, junto con agradecer la colaboración de Brasil en la búsqueda del Hércules, manifieste el grado de molestia que las informaciones entregadas por este singular «reportero» y primer mandatario han provocado en las autoridades y las familias de las víctimas del accidente.

El afán desmedido de publicidad de personas como Bolsonaro, el mismo Trump, Boris Johnson y en menor -pero igualmente nefasto nivel- Juan Guaidó, Lenin Moreno los lleva a superar los mínimos grados de los códigos de ética necesarios para una sana convivencia. La televisión, como otros medios, lamentablemente poco o nada pueden hacer al respecto. El resto lo hacen sin consideración ni medida alguna las famosas redes sociales. Allí se impone la ética de Bolsonaro.