El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo concluyó que la evaluación de Chile retrocede fuertemente al considerar el tema de las desigualdades.

Hugo Fazio. Economista. 16/12/2019. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó su índice de desarrollo humano (IDH) con cifras de 2018, donde si bien constató que la gran mayoría de los países latinoamericanos mejoraron sus indicadores, la región continúa siendo la segunda zona del mundo de mayor desigualdad, detrás de África Subsahariana. El IDH incorpora mucho más variables que la renta per cápita, incluyendo indicadores no solo económicos sino otras como los de esperanza de vida o de calidad educativa. Como escribió Amartya Sen, premio Nobel de Economía, los indicadores de desigualdad si descansan solo en cifras de ingresos no resultan suficientes para explicar un tema de tanta complejidad.

“Aunque, las mediciones de desigualdad han mejorado en muchos países de la región –declaró Pedro Concencião, director del informe-, los niveles siguen siendo muy altos. Ha habido -añadió-, también progresos en salud y en educación. Pero el ingreso tampoco ha acompañado, en especial desde 2014” (10/12/19). En efecto, los niveles  de crecimiento regional de América Latina en todos los últimos años han estado sistemáticamente entre los más reducidos a nivel mundial. En 2019, según Cepal, la economía de la región solo crecerá un pequeñísimo 0,1%.  La renta por habitante en los últimos seis años descendió más de 4%. “El menor dinamismo de la demanda interna –señaló el documento cepaliano- se ha visto acompañado por una baja demanda agregada externa, un escenario al que se suman las crecientes demandas sociales y  presiones por reducir la desigualdad que han detonado con una intensidad inusual en algunos de los países de la región” (13/12/19).

El informe se publicó cuando varios países sudamericanos durante el año fueron sacudidos por jornadas masivas de protestas, es el caso de Chile, Colombia y Ecuador. El presidente del grupo de Naciones Unidas para el desarrollo, Achim Steiner, vinculó abiertamente las movilizaciones ciudadanas con la “sensación generalizada de descontento en la población” y desde luego con los niveles de desigualdades.  El estudio señaló que la desigualdad de ingresos es una de las principales preocupaciones de las personas (53%), el porcentaje es aún mayor en la desigualdad en el acceso a la salud (68%), en el acceso desigual a la educación (67%) y en el respeto y trato entre las personas (66%). De las que declararon haber sido tratadas en el año con falta de respeto un 43% lo explicó por su clase social, el 41% por el hecho de ser mujeres y el 28% por el lugar donde viven. Para Luis Felipe Lagos, director para América Latina y el Caribe del PNUD, “la desigualdad constituye uno de los problemas estructurales más importantes de la región” y “cuando interactúa con otros elementos se vuelve uno de los factores de desestabilización. (…) nos debe preocupar -agregó- que siga siendo una región de tanta desigualdad porque ello lleva a generar tensiones (…)” (10/12/19).

En el caso de Chile su realidad proporciona elementos para entender la magnitud de la explosión social producida. Si bien en el ranking global del IDH con 0,847 se encuentra en el lugar 42, siendo el país de América Latina con mejor ubicación, al ajustarlo por desigualdad retrocede fuertemente a 0,696. “Cuando miramos la diferencia entre grupos de personas y no solo los promedios -explicó Marcela Ríos, coordinadora del área de gobernabilidad del Programa en el país-, Chile cae catorce puntos en el ranking y es el país más desigual entre los cincuenta países de desarrollo humano alto. (…) las personas –añadió- reconocen desigualdades en el trato y de privilegios que están  en la base del malestar social”. En otro apartado, el informe constató que en la Región Metropolitana de Santiago ha habido una mejora durante quince años, pero las diferencias entre las comunas son persistentes y han aumentado.

En opinión del informe las manifestaciones sociales vividas en el país son consecuencia de una nueva clase de desigualdad, ya no tan marcadas por el nivel de ingresos, sino más bien por la falta de equidad en desarrollo ambiental, de transformación tecnológica  y de educación. “La desigualdad en un crecimiento económico como lo hubo –sostuvo el director del PNUD para América Latina y el Caribe -, generó aspiraciones que no han sido satisfechas en varias naciones de la región” (10/12/19). Entre las cuales está Chile y otros países donde se han producido estallidos sociales.

En la situación de los países emergentes, se señala, la desigualdad se produce en medida importante por la carencia de políticas redistributivas del Estado: los impuestos y transferencias públicas constató apenas[1] “logran corregir las diferencias de renta”. Existiendo casos como el de Chile, es necesario agregar, en que después de impuestos las desigualdades se profundizan en vez de reducirse por hechos que se producen en ambos extremos, el alto nivel de los gravámenes del IVA, el impuesto más regresivo, y el crecimiento de exenciones y beneficios que favorecen a la reducida capa de la población de altos ingresos.

El tema de la desigualdad está muy presente en el nuevo libro del destacado economista francés Thomas Piketty, Capital e ideología,  “Vivimos en un planeta ha señalado en que muchos sienten que las inequidades han llegado muy lejos y que la globalización está beneficiando a ciertos grupos. Hay una fuerte demanda por más justicia económica y social (…)”.  Es esta demanda la  que se ha expresado potentemente en el país. Para enfrentarla se requiere transformaciones de fondo en diferentes planos. “Según las bases de inequidad a nivel mundial –detalló Piketty- el 10%  más rico de Chile tiene más del 60% del ingreso total, en circunstancias  que el 50% que está en el otro extremo, posee un poco más del 10%. La pregunta es ¿necesita Chile tanta desigualdad para ser un país rico? Hay muchos países en el mundo que son más ricos que Chile, como Suiza, Alemania o Francia y con mucho menos inequidad” (09/12/19).

Consultado en una entrevista de prensa sobre “cuál es su receta” para Chile puso el énfasis en tres planos. “Históricamente –contestó-, la mejor política para reducir la inequidad y promover el crecimiento es entregando educación y justicia. Si quieres lograr prosperidad y crecimiento, necesitas invertir en educación (…). Esto es muy beneficioso para reducir la desigualdad y promover el crecimiento. Otro aspecto tiene que ver con los derechos de los trabajadores en las empresas. Involucrarlos en la propiedad de la compañía es también una forma de que sean parte de la estrategia a largo plazo. El tercer pilar son los impuestos progresivos al ingreso y la riqueza, en un sistema impositivo no igualitario (…)” (09/12/19). En su libro Piketty defiende la idea de establecer un impuesto sobre la riqueza con controles de capitales.

En estos tres pilares Chile se encuentra al debe. Compromisos básicos a promover son elevar la educación pública, reformular el código laboral y eliminar las exenciones y beneficios tributarios de una minoría.