Mis ojos exageradamente maquillados de negro, los labios rojos, violentos; con toda la pasión, la alegría, la rabia, la pena…

Iris Aceitón Venegas. 10/12/2019. ¡Soy auto-referente y qué!

Volví a tener, catorce, veinte años, volví a vestirme la camisa amaranto, los jeans ajustados. Mis ojos exageradamente maquillados de negro, los labios rojos, violentos; con toda la pasión, la alegría, la rabia, la pena…

Vestida de negro hasta los calzones y escoltada por Ítalo y Giorgio llegué a Avenida Grecia. Para completar el atuendo me faltaba el pañuelo rojo y, ahí estaba, en el suelo, esperándome: “ALLENDE VIVE”. Mi hijo Ítalo lo acomodó alrededor de mi cuello, junto a mi garganta, acariciándola, a pesar del intenso calor que reinaba, y allí lo mantuve hasta volver a mi depto.

Desde decenas de cuadras anteriores al estadio se veía el hermoso pulular de las mujeres, en pequeños y grandes grupos, también solitarias, las menos; la inmensa mayoría vestidas de un riguroso luto, luto en homenaje a todas las mujeres asesinadas en el mundo.

En la gran explanada del recinto nos fuimos acomodando -Nos reconocíamos-Nos abrazábamos-Nos protegíamos, sin habernos visto nunca antes: Mujeres viejas-Mujeres más viejas que yo-Mujeres pobladoras-Mujeres abc1-Mujeres con muletas-Mujeres en sillas de ruedas-Mujeres rapadas con el cáncer latente en sus cabezas-Mujeres jóvenes con sus crías en los brazos. Y nos fuimos multiplicando como un reguero de estrellas, nos tomamos la Avenida Grecia, allí frente al estadio reinaba la vida, el otrora “estadio maldito”, testigo mudo de tanta prisión, tortura y muerte…

Mi corazón se acelera, pienso en todas las mujeres importantes que pasaron en mi vida y ya no se encuentran conmigo: Mi madre, mi suegra, mis dos hermanas -Pienso en Marta Ugarte, lanzada desde un helicóptero al mar con un corvo en su abdomen-Pienso en Michel Peña, compañera  de la UTE, detenida desaparecida con  ocho meses de embarazo-Pienso en Nabila Rifo, cuyos ojos les fueron arrancados por su pareja, con una llave de su auto -Pienso en Fabiola Campillay y sus dos ojos desgarrados por una bomba lacrimógena lanzada por los carabineros.

Pienso, pienso, y pienso en todas ellas. ¡Grito, bailo y canto por todas ellas!

Olvidé la fibromialgia que azota mis músculos, la artrosis que debilitan mis huesos.

Me siento pletórica,  feliz, nunca pensé vivir lo que estaba viviendo.

¡LAS MUJERES PERDIMOS EL MIEDO!