El desafío es persistir en la organización, la movilización y la demanda para que se pueda avanzar hacia las transformaciones necesarias y que reclama el pueblo.

El Siglo

01/12/2019. El estallido social protagonizado por amplios y diversos sectores del pueblo y la sociedad, no solo le rompió la agenda conservadora y neoliberal al gobierno de derecha, sino que puso sobre la mesa, con fuerza y convicción, la necesidad de que Chile avance hacia trasformaciones estructurales que apunten, en lo sustancial, a la equidad económica, la justicia social, el respeto a derechos humanos y ciudadanos, y un sistema democrático de mejor calidad y participativo.

En ello, la demanda y promoción de una Nueva Constitución es determinante, ya que por esa vía se establece una base fundacional e institucional que permita al país transitar hacia un Estado de derechos, un modelo de desarrollo no extractivista y basado en la industrialización y uso adecuado de los recursos naturales, una institucionalidad democrática más robusta, y hacia el estricto respeto del soberano -el pueblo-, de los derechos humanos y de la soberanía nacional.

El proceso de transformaciones requiere -y qué mejor ejemplo que las masivas y extendidas movilizaciones de octubre y noviembre- de la participación activa del pueblo, de las representaciones sociales y sindicales, de los diversos mundos que conviven en la sociedad chilena. En ese camino, llegar a una Nueva Constitución hace necesaria la convocatoria y conformación de una Asamblea Constituyente. No debe haber cortapisas ni engaños en aquello.

Muchas de las demandas exteriorizadas en las protestas populares a partir del 18 de octubre, fueron el énfasis de exigencias que venían hace muchos años, por lo tanto es falso sostener que son sorpresivas, que nadie sabía.

Es así que en el curso de las transformaciones están sobre la mesa cambios estructurales respecto al sistema privado de pensiones, establecimiento del salario mínimo, nacionalización y criterio de uso público del agua, el litio y el cobre, garantía de acceso a una salud y educación pública y gratuita, a viviendas de calidad, un transporte público eficiente y barato, garantía de respeto y derechos a la infancia y los adultos mayores, entre otras reivindicaciones.

Transformaciones reales y estructurales en esos ámbitos, junto a una Nueva Constitución, constituyen las medidas precisas que permitan hablar de que otro Chile es posible. Todo lo demás son parches y pasos acotados.

El desafío es persistir en la organización, la movilización y la demanda para que se pueda avanzar hacia las transformaciones necesarias y que reclama el pueblo, y es el camino que le puede dar sentido y magnitud al estallido social y a la voz de las grandes mayorías.