La prolongada movilización popular que busca subvertir el orden heredado de la dictadura pareciese entrar en el período de radicales definiciones.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del PC

 01/12/2019. La prolongada movilización popular que busca subvertir el orden heredado de la dictadura pareciese entrar en el período de radicales definiciones. La reacción, en sus diferentes expresiones, intentó y seguirá intentando ahogar y abortar toda expresión popular de rechazo a su modelo de dominación. Lo ha intentado a través de una represión brutal que ha producido miles de víctimas, también por medio de una campaña comunicacional, en especial a través de la TV abierta, que buscó  criminalizar a los manifestantes, por último, ha recurrido, con la aparente complicidad de fuerzas policiales, a sectores de delincuentes comunes y narcos, provocando saqueos e incendios en la intención de empatar esas prácticas antipopulares con la legítima protesta social y sus diversas formas de expresión. A pesar de ello, el pueblo ha persistido en sus demandas, encontrando variadas formas de manifestarse.

Los escenarios principales, sin entender esta categoría como espacios estanco, ya que en los hechos responden a ubicaciones de actores de una misma realidad, siguen siendo la calle, lo público como manifestación y, por otro lado, la institucionalidad, que sus diferentes expresiones buscan canalizar, en su continente, la protesta popular. El gobierno, con retraso en el tiempo político y seguramente con el malestar de su sector más reaccionario, accedió a recibir al Bloque Sindical de Unidad Social. Nada augura cambios sustantivos de conductas como resultado de esta entrevista. Los dirigentes sociales con un libreto en lo central de tres puntos: respeto a los derechos humanos violados por agentes del Estado durante este período de protestas, reiteración de la necesidad de cambios políticos profundos expresados en la demanda de Nueva Constitución a partir de una Asamblea constituyente y la agenda social, que contempla en lo central temas como empleo, previsión, salud, seguridad, educación. El ministro de Interior, derivó algunas de estas demandas a ministerios específicos, quedando de asumir él personalmente el tema DDHH.

Pero simultáneamente el gobierno, sin querer asumir el diagnóstico de la gente común refrendado por cualquier analista en términos que su proyecto político acabó, se ha lanzado en un frenético intento por hacer aprobar en el parlamento proyectos de ley que van contra los intereses de las mayorías. En paralelo, un desorientado y agresivo Piñera ha ocupado la tribuna que le brindaron las ceremonias de egresos de su formación inicial  de funcionarios de las dos policías (Carabineros y PDI)  para lanzar arengas belicistas, antipopulares, sin querer asumir pero sabiendo, que el único espacio dónde puede hablar sin recibir la rechifla del auditorio es un público de policías, obligados por jerarquías a escucharle. Si tuviera alguna conciencia de lo que está ocurriendo o algún sentido de responsabilidad consustancial al cargo que tiene, debió haber aprovechado esas intervenciones para hablar de cómo han fracasado las concepciones de policías militarizadas tan del gusto de la derecha bolsonarista, que a la práctica sistemática de irrespeto a los derechos humanos en situaciones de conflictividad social, unen altos grados de autonomía administrativa y operativa, lo cual ha generado grados significativos de corrupción en su interior. Una reforma profunda de los actuales cuerpos policiales es una tarea primordial para avanzar efectivamente hacia una sociedad más democrática.

La Asociación Chilena de Municipalidades (A.CH.M) está instruyendo a sus municipios afiliados a convocar el próximo 15 de diciembre a plebiscitos comunales, en las cuales también incluirán preguntas sobre el tema constitucional. La obcecación de sectores de derecha se manifiesta aquí en la negativa de muchos alcaldes de este sector que se niegan, que tienen miedo, de saber cuál es la opinión de los y las habitantes de su comuna. Las variadas excusas no logran ocultar el hecho  que incluso frente a este sencillo ejercicio de democracia participativa, que no es vinculante, la derecha prefiere aferrarse a su fracasada institucionalidad, heredada del dictador, aunque para eso deba incrementar la opresión al pueblo.