El pueblo merece propósitos sociales mayores enmarcados en un sólido proceso transformador y provisto de univocidad programática donde el resultado sea la victoria de la paz y la unidad social.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

02/12/2019. El ultra neoliberalismo que ha sistematizado a Chile desde la dictadura cívico-militar está llegando a su fin. Simplemente el pueblo se cansó de la inequidad y la injusticia social. La inconducente retórica oficialista sólo está llevando a profundizar una crisis nacional que puede desembocar en insospechados contubernios y meandros políticos. El único obstáculo para una sola solución dialogada y terminar con la conturbación popular, obviamente no alterando el ordenamiento democrático e institucional, hay sólidos mecanismos para el efecto, sería la renuncia presidencial y la instalación de un gobierno de transición, ya legitimado por la valentía e inteligencia de una gran fuerza mayoritaria que comprendió el concepto de justicia social, que deberá llamar a elecciones generales en el más breve plazo posible y en  un marco más democrático iniciar el proceso para una nueva Constitución. Quizás esta dimisión se podría considerar hasta como un acto de convivencia democrática viniendo de un gobierno cuya capacidad de gestión ya es inviable e insostenible. La derecha endogámica sabe que no tiene ninguna oportunidad política para enfrentar con éxito una futura contienda electoral, siendo ésta una de las razones principales por la que está tratando de dilatar su continuidad gubernamental con logomaquias fútiles y medidas sociales impresentables que vulneran la dignidad popular. Sin duda alguna, la derecha está siendo afectada por una escalada de derrotas y errores, pues ya sabe que los trabajadores se han dado cuenta que fueron engañados por un régimen tecnocrático-fundamentalista, cercano a religiones seriamente cuestionadas, categóricamente umbrío y definitivamente inmoral. Los pobres necesitan reencontrase como seres humanos libres para no seguir siendo esclavos de la indolente irresponsabilidad de poderosos grupos económicos, desentendidos de la problemática sociológica. El pueblo merece propósitos sociales mayores enmarcados en un sólido proceso transformador y provisto de univocidad programática donde el resultado sea la victoria de la paz y la unidad social. Chile necesita construir un neo estado moral y social, donde se confirme que una sociedad desarrollada se dignifica por lo que es y no por lo que tiene. Urge reformular políticas sociales que proyecten un auténtico desarrollo humano, ecológico y cultural. Necesitamos refundarnos como nación. Necesitamos una nueva Constitución. Necesitamos pensarnos y respetarnos como dignos hijos de la esperanza y la fraternidad.