La democracia chilena actual sólo es una construcción cultural que nace de este perverso criterio acerca de la libertad de tránsito, movilidad e influencia del capital en la sociedad.

Pablo Monje-Reyes

Miembro del Comité Central Partido Comunista de Chile

02/12/2019. Cuando en Chile se habla de democracia, un sector enfatiza sobre el eje de la libertad de elegir, sobre la libertad de emprender, de tomar decisiones, sobre todo, es la libertad de movilizar el capital por todos los escenarios de la sociedad,así, desde esta perspectiva todo lo que huela a esa libertad es democrático. Parece ser una verdad esculpida en piedra. En particular, la derecha y los sectores liberales defienden esta concepción, aunque todos estos principios fueron fundados legal e institucionalmente durante una de las más cruentas dictaduras de américa latina. Esta idea de libertad siempre ha gravitadohasta hoy entre los dominantes; nuestra burguesía criolla.

Pero, cuando definimos la democracia desde donde debeconsiderarse a los no invitados, a las mayorías silenciadas, a los dueños y dueñas de la fuerza de trabajo, a los explotados y explotadas, a los trabajadores y trabajadoras, a los que siempre han existido en la historia de nuestra república pero que han sidoinvisibles y reprimidos brutalmente, allí, salen las bravatas y emerge la soberbia intolerante de la oligarquía. De esta manera, los trabajadores comienzan a caracterizar la democracia como la lucha por la igualdad, por el derecho a la vivienda, por el derecho a la salud, por el derecho a la seguridad social, la libertad se convierte en el medio oportuno y necesario para organizarse y luchar contra sus opresores, que históricamente son los dueños del capital.

Así, llegamos a comprender que la democracia chilena actual sólo es una construcción cultural que nace de este perverso criterio acerca de la libertad de tránsito, movilidad e influencia del capital en la sociedad, estamos hablando de una democracia cooptada por la burguesía y su identidad; el capital. El ejemplo más nítidode ello es que cualquier gran empresarioen Chile puede ser dueño de minas de cobre, propietario de bancos, propietario de empresas de distribución de bienes y servicios, de recursos naturales tan básicos como el agua, también ser propietario de canales de televisión y toda la influencia mediática que ello implica. Todo a la vez. Esta es la más nítida libertad del capital a la que le resulta tan funcional este tipo de democracia.

Por el contrario, a las y los trabajadores se les coarta la libertad de organizarse en sindicatos, no se les permite constitucionalmente representar políticamente a los y las ciudadanas, a sus pares, se les persigue si alzan muy fuerte la voz y se les encarcela si llaman a la movilización activa en pro de sus demandas más básicas, como son tener sueldos dignos y mejores condiciones de trabajo. No les permiten la negociación colectiva por rama de la producción, y suma y sigue. De esta manera, para los y las trabajadoras esta forma de“libertad democrática” que tanto profesa la derecha es un burdo engaño y carece de toda credibilidad.

Ahora todos dicen que Chile cambió gracias a las protestas masivas y continuas. Unos más locuaces y otros menos, tratan de explicar porqué al Chile “democrático” le pasa esto y afirman“conmovidos” que se está poniendo en riesgo la democracia, solo con el objetivo de lograr el consenso político necesario para autorizar -una vez más-la represión más brutal, como un continuo histórico para mantener esta democracia de apariencias tan necesaria para los dueños del capital.

Por su parte, para los verdaderos demócratas de raigambre histórica en el ideario del movimiento obrero chileno, la salida inevitable a esta crisis es hacerse cargo de la diferencia abismante entre la activa influencia de los dueños del capital sobre el sistema político, y el rol dinámicoy participativo delas y los trabajadores chilenos en nuestra democracia, protagonismo popular que está pendiente, pasivo e invisible desde el mismo año 1973.

Todo sistema democrático necesariamente se debe sustentar en las mayorías. Esas mayorías que -quiéranlo o no los dueños del capital-son las propietarias de la fuerza del trabajo, y esas mayorías hoy en Chile no se expresan, no pueden expresarse de manera alguna en ninguna estructura democrática del país, y esta es nuestra realidad. Esto es lo central que se debe abordar seria y urgentemente para solucionar la crisis actual, todo lo otro acerca de las demandas sociales también es apremiante y se debe enfrentar, pero, para que las grandes soluciones sean sostenibles y se consolidenen el tiempo, se deben resolver los gigantescos y violentos desequilibrios institucionales de nuestra democracia que hoy existen entre losdivergentes protagonismos del capital y del trabajo. Esta es la nave madre de todas las desigualdades de nuestra sociedad.