Una dirigenta secundaria, el líder de Deuda Educativa y un ex dirigente sindical cuentan cómo vivieron el mes que abrió una era de cambios, acuerdos y rutas hacia lo desconocido.

Richard Sandoval. Periodista. 01/12/2019. Valentina Miranda es vocera de la Cones, tiene diecinueve años y acaba de terminar su cuarto medio en el Liceo 7 de Santiago. El viernes 18 de julio, cuando todo en este país estalló, cuando las estaciones de Metro ardieron, cuando el gobierno del empresariado combatió una protesta social con estado de excepción, salió a la calle acompañada de su pololo, desde el mall de Plaza Egaña, y se encontró con una escena conmovedora. Niños, adolescentes, abuelos, familias completas con cacerola en mano, dejando en claro al mundo entero que Chile no era el oasis que nos habían dibujado, que el despertar no fue por treinta pesos en el pasaje de la locomoción, que era necesario derrumbar un modelo de injusticia, que aquí debía morir una Constitución. La escena, asombrosa, en ese instante se repetía en todas las esquinas de Chile. Pocos lo podían creer.

Para Valentina, ese momento le indicó que “aquí Chile ya cambió; había muchos estudiantes secundarios luchando con los pacos, y ahí me llegó la bomba lacrimógena en el hombro izquierdo. Lo que más me sorprendió fue el apoyo de la gente, en Larraín, gente mayor, gente adulta, que no eran personas que sufrían la vulnerabilidad que sufren los más pobres, sino que eran personas que entendían lo que ocurría y eran empáticos con luchar con las personas que de verdad sufrimos necesidades, eso me dejó para adentro”.

Pero también hubo otro momento que quedará en la memoria de Valentina, como en la de tantos que vieron en sus barrios lo que quizás nunca habían visto. “Un día iba llegando a mi casa de una marcha y había un caceroleo y vi a todas mis vecinas, hasta las más fascistas, tocando la cacerola en la calle. El hecho de ver a una vecina que votó por Piñera y adora a Pinochet, que esté en la calle tocando la cacerola porque tiene una vida miserable, que se dé cuenta de que el cambio parte por nosotros y no por los políticos, me dejó muy emocionada. Me emocionó que las personas por fin entienden el sentido de la movilización, me decían que se aburrieron de vivir la marginalidad por culpa de unos pocos y entendían que votar por los empresarios no era la solución para la economía de las personas, sino para la economía de los empresarios. Me puso feliz, porque uno piensa cuándo Chile iba a cambiar, cuándo la gente se iba a dar cuenta que este es un país injusto, y ver a mis vecinos fue increíble”.

Otro de los aspectos que deslumbran aún a quienes salieron a las calles a diario es el espíritu de solidaridad que parece haber renacido en el pueblo. Para Valentina, quien como vocera luego debió defender a sus compañeras atacadas por carabineros con balines al interior de su liceo, eso representa uno de los cambios más importantes que se deben valorar.

“Lo más lindo de todo esto ha sido darse cuenta que el compañerismo, la solidaridad, todavía existen. La sociedad chilena vivía en un globo individual, en que a nadie le importaba si el de al lado se moría de hambre. Hoy ha sido súper bonito ver cómo los jóvenes salen a la calle sin ningún miedo y cuando llega una bomba, un perdigón, un balín, corren a ayudar, a dar una mano; los piquetes de urgencia son una forma más de expresar cómo la gente se preocupa por la salud de otra persona, por lo que está ocurriendo. Ya el hecho de que nos apoyemos mutuamente, esa sensación cuando te das cuenta que la persona dejó de ser muerta en vida, que es un ser que grita, canta, se queja, que tiene una responsabilidad ciudadana y política con su colectivo, con su sociedad… esa amistad, esas ganas de poder seguir luchando porque tú no quieres el mismo futuro para tu papá, tus hijos y familia… de un día para otro nos empezamos a hablar entre todos, eso es lo que más me llena el corazón”.

Pero ¿Qué viene hacia adelante? ¿Cómo hacer para que no se extinga la energía popular? Valentina cree que “hoy el pueblo debe hacerse cargo de las demandas, no sólo del tener que participar en un proceso constituyente, porque somos el futuro. El pueblo gritó muy fuerte que no quiere más abusos, corrupción e injusticia social, y eso no es solo participar del plebiscito para cambiar la constitución, sino que nos tiene que dejar una enseñanza a futuro, entender que la participación ciudadana pudo cambiar Chile porque la participación no se da a través de las urnas, se da en la orgánica de las personas, en las movilizaciones, las juntas de vecinos, los clubes deportivos; hoy desde el pueblo de Chile, hacia la asamblea constituyente, tenemos que ser capaces de aprender de esto, de darnos cuenta que la participación ciudadana es muy importante. Hoy tenemos una responsabilidad muy grande, que es la de reconstruir el tejido social que mató la dictadura y el neoliberalismo durante estos 46 años; eso es muy importante para poder ser una sociedad sana, equitativa, justa, sin impunidad. Si bien el proceso nos ayuda a cambiar la constitución y dar un giro al sistema neoliberal, también lo que viene después de eso es más importante que la asamblea: reconstruir el tejido social, mantener las demandas de la ciudadanía”.

En otro lugar de la ciudad de Santiago, un poco más al sur, Juan Pablo Rojas, vocero y líder del movimiento Deuda Educativa, que lleva años luchando para la condonación de las deudas del CAE, vivió una sensación de esperanza parecida.

“A mí me impactó ver a la gente saliendo a la calle en masa a cacerolear, usar las estaciones de Metro como punto de protesta, especialmente ahí en Protectora de la Infancia en Puente Alto, cerca de mi casa, ver a cientos de cabros y sus mamás caceroleando, haciéndole frente después a los milicos, arrancando de ellos cuando salían detrás de ellos como cazadores en el toque de queda. Pero también me chocó mucho ver a bandas meterse al super, vecinos pasando en bicicletas nuevitas, personas con teles arriba de carros de supermercados, ver la cagada por todos lados fue súper impactante”.

“Pero lo más lindo es ver cómo los parlamentarios trabajan cuando tienen miedo de que sus electores les saquen la cresta. Pucha, cómo salen ahora aprobados los proyectos de ley. En mi caso, un proyecto que presentamos para sacar a deudores educativos de Dicom, que estaba casi muerto, en dos semanas revivió y quizás es ley por ahí en enero. Nunca visto”.

Mario Arredondo, periodista y ex dirigente sindical de los trabajadores a Honorarios de la Universidad de Chile, coincide en la valoración de la alegría, de acompañamiento: “Lo que más me impactó fue el mismo fin de semana que empezó esto, los cacerolazos espontáneos en todos los barrios que fueron muy masivos, los vecinos todos juntos; una vez habló Piñera en la mañana y apenas terminó de hablar todo el mundo salió a cacerolear”.

Mario, militante de izquierda, considera que “lo más lindo de este momento es la masividad popular ciudadana de esta movilización, en el sentido que la gente de a pie que no puede o quiere organizarse, que no participa, más allá de los estudiantes y sectores sindicales muy movilizados, salió a la calle indignado y con mucha claridad política respecto a sus problemas…esa fuerza que veíamos en las calles de forma espontánea, sin conducción pero con mucha voluntad, era lo más bonito, ver a la gente de la periferia en las calles protestando, familias completas, gente que no es habitual en las marchas, no sólo los convencidos, sino una cuestión transversal y para todos los gustos”.

Sin embargo, Mario es cauteloso respecto a lo que viene. Como tantos que se manifestaron con tanta fuerza, teme a lo que pueda ocurrir con la energía transformadora canalizada en una institucionalidad siempre sospechosa.

“Yo creo que el camino del pueblo, lamentablemente, quedó un poco trunco, principalmente por el acuerdo, más allá de los pro y contra del acuerdo; que el pro es la hoja en blanco y el contra más grande es el mecanismo de elección y todo lo que rodea la elección de plebiscito e hipotética convención constituyente, con el mismo mecanismo de elección parlamentaria y voto voluntario, lo que favorece a la derecha. En este contexto el pueblo iba por un camino que había desbordado a la institucionalidad, pero a la vez creando sus propios espacios de conducción y elaboración, y uno de ellos era unidad social, como espacio unitario de muchas organizaciones sindicales y sociales, y ellos debieron haber sido los que llevaran esto frente al gobierno, y lamentablemente los partidos políticos tradicionales con complicidad de algunos partidos de izquierda se pusieron por sobre la ciudadanía movilizada y sacaron este acuerdo que llega a desactivar y desmovilizar un poco lo que para mí daba para más de lo que pasó en el acuerdo”.

Pero ante estas reticencias. ¿Cuál es la tarea del pueblo? Para Mario, “la tarea de los sectores mas organizados es armar un frente de carácter unitario y de amplio espectro para disputar los cambios profundos que se requieren a nivel constitucional; y tener un frente unido que pueda competirle a los sectores conservadores que no quieren cambiar la constitución, esos que si llegara a ganar el sí no van a querer una asamblea constituyente, y si llegara a ganar la asamblea o convención no van a querer asegurar ningún derecho en la nueva constitución. Pero en todo caso, paralelo a eso, hay que encontrar la manera de detener la fragmentación y división que está ocurriendo en los sectores movilizados y de izquierda, recomponer esto, y lograr que haya una fuerza social capaz de hacer presión en la calle al mismo tiempo que este proceso se lleva adelante”.

Tres miradas, tres experiencias, ansias y suspicacias, que se repiten en todo el Chile que espera despertar de una vez por todas, y sin cocinas congresales, en un país completamente diferente.