Vivimos días en que América Latina se encuentra convulsionada como no había pasado desde el fin de las dictaduras en los años 1990.

Hélio Rocha

Columnista Brasil 247

21/11/2019. Vivimos días en que América Latina se encuentra convulsionada como no había pasado desde el fin de las dictaduras en los años 1990. La crisis chilena es respuesta a años de radicalización neoliberal que detonan en el gobierno de Piñera, justo después de los tímidos avances para la creación de una estructura pública en el gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet. Y si, de un lado, vuelven los vientos progresistas a Argentina, pieza clave en la geopolítica del Cono Sur, del otro, en Uruguay, posiblemente regrese,a travésdel voto, el neoliberalismo en las elecciones de este mes. Mientras, en Bolivia, la situación es mucho peor, con el fascismo avanzando más espantosamente incluso que en Brasil y Venezuela.

En esa situación, el escenario político brasileño se polariza en dos personajes políticos opuestos y con propuestas totalmente divergentes acerca del futuro del continente. Bolsonaro y Lula, en los próximos meses, empezarán una lucha política que puede pacificar la crisis continental. En el caso de Lula, podría reanimar a las clases populares y alinear nuevamente a Brasil con las fuerzas progresistas ya en el poder en México, con Andrés Manuel López Obrador, y en Argentina, con Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

La importancia de ese alineamiento se nota cuando, mirando la historia, se percibe que nunca las llamadas tres grandes economías de América Latina tuvieron, al mismo tiempo, gobiernos populares. Marcado por décadas de liberalismo, México tuvo su mayor momento progresista en el siglo XIX, cuando fue gobernado por el presidente de origen indígena Benito Juárez, que hizo reformas profundas en el Estado, volviéndolo laico y creando estructuras democráticas. En ese tiempo, Brasil era unimperio gobernado por la misma casa real portuguesa, los Bragança, y Argentina vivía bajo dictaduras caudillistas.

Brasil pasó por las eras de Vargas, Kubitschek y Lula, cuando en las dos primeras México transitaba por los interminables mandatos del conservador Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Argentina vivía el ambiguo peronismo.

En Argentina, el mandato de Raúl Alfonsín fue corto, mientras que en Brasil y México los gobiernos eran igualmente conservadores, el PRI al norte y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) en los trópicos.

En los 2000, Lula, Dilma y Kirchner estaban alineados, pero en México gobernaban los conservadores con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto del PRI. Es decir, la alianza que se hace posible con Lula libre y en disputa con Bolsonaronunca ocurrió y es difícil que, no sucediendo ahora, pueda darse en el futuro próximo.

Por lo tanto, la batalla en que se empeñará Lula, a partir de estos meses, influenciará todo el futuro del continente y puede ser un paso importante para la liberación latinoamericana. Como dijo en sus palabras iniciales, desde que empezó nuevamente a hablar al Pueblo, Lula viene denunciando que los intereses del mercado y el imperialismo norteamericano están detrás de la inestabilidad vivida en todos los países vecinos, ahora con la ayuda de ungobierno ilegítimo en Brasil, porque hubo elecciones fraudulentas, viciadas por la utilización de internet para la propagación de noticias falsas contra el candidato Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores (PT), lo mismo que ocurre en Venezuela y todos los países donde hay un auge del fascismo.

Lula busca posicionarse contraBolsonaro, quien el pasado miércoles13, supuestamente alentó una invasión criminal de grupos fascistas a la embajada venezolana en Brasil, exactamente en el día de celebración de la apertura del encuentro geopolítico y económico de los BRICS, bloque de países quereúne grandes economías llamadas “emergentes” (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). La incomodidad en ese encuentro de China y Rusia como aliados del gobierno Maduro fue notoria.

Mientras tanto, Lula viajó a su región natal, el noreste de Brasil, para empezar una nueva “caravana”, forma de hacer política que le gusta mucho: viajar en bus por todo el interior, haciendo pequeños, medianos y grandes encuentros populares, garantizando a todos la oportunidad de hablar de sus realidades y problemas, reuniendo al inmenso país desde las grandes ciudades hasta las zonas interiores.

Oriundo políticamente de las huelgas de las industrias de montaje de coches en los años 1970, de las cuales era el más importante líder y que, al final,lograron deponer la dictadura de 1964-1985, Lula hizo toda su trayectoria política viajando por el interior del país en los años 1990, compensando con sus infinitos recorridos la ausencia de espacio en los medios de comunicación. Todo eso para llegar al poder en los 2000. Y nuevamente, si no hubiesen truncado su candidaturapara las elecciones de 2018, hubiese logrado ganarlas después de todo un 2017 en viajes por el país.

Así, con Bolsonaro garantizando sus apoyosde medios de comunicación, iglesias radicales y mafias de la policía, mientras Lula recorre el país enbus, empieza la batalla que puede definir el futuro inmediato de América Latina.