Vivimos un proceso en  desarrollo, donde lo logrado y por lograr depende de fortalezas del movimiento social. Los firmantes de este acuerdo buscan mediatizar derrota política de la derecha.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del PC

17/11/2019. Los hechos políticos en los últimos días adquieren una vertiginosa velocidad. El pueblo movilizado ha precipitado situaciones hace un mes impensadas. La explosión social subvierte el orden impuesto hace treinta años atrás tras la salida pactada de la dictadura y ha obligado a los actores políticos de estos tiempos a definiciones. Las crisis desnudan fortalezas y debilidades, historias y proyecciones de quienes han ejercido el poder del Estado o se proyectan a hacerlo.

Luego de tres semanas de un prolongado estallido social, el exitoso resultado del llamado a huelga general realizado por Unidad Social el martes 12 de noviembre, durante el cual fue masiva la expresión de los/las trabajadoras/trabajadores exigiendo derechos, precipitó reacciones. Esa tarde/noche recrudecieron los actos de innecesaria violencia, muchos de ellos con carácter de vandalismo, ante la pasividad o complicidad de los responsables de las fuerzas policiales. Los medios de comunicación, particularmente la televisión abierta, cubrían con profusión estos hechos en un esfuerzo por invisibilizar la presencia del mundo sindical. Más tarde, un presidente demudado, hablaba sin decir nada en una cadena nacional. Al día siguiente, gestos desde el mundo de las Fuerzas Armadas, que se especulaba no aceptaron volver a las calles cual habría sido la solicitud del gobierno. Y en la tarde del jueves, lo fraguado en la oscuridad, en los conciliábulos de las fuerzas del sistema, se hacía presente: el gobierno acorralado recibía un salvavidas.

En un documento con el pretencioso título de por La Paz y la justicia social, en la madrugada del viernes un grupo de partidos de oposición más los partidos de gobierno, concluyeron su secreta negociación, en la cual los primeros, arrogándose una representatividad del movimiento social que no tienen y los segundos, en la búsqueda de consolidar su gobierno y con eso sus pretensiones de seguir a futuro gobernando, reseñan en doce puntos una ruta para tener una nueva constitución. Una nueva Constitución es tal vez la demanda central que unifica a los diferentes movimientos sociales que durante un mes han hecho de la calle su escenario. Entonces, el que la derecha que rechazaba con prepotencia el incluso discutir el tema u otros que se solazaban con los maquillajes que le habían realizado en el gobierno del señor Lagos Escobar, concordaran una pauta para generar una nueva Constitución, no puede sino ser evaluado como un triunfo del movimiento popular y su movilización.

Dicho esto, sería ingenuo creer que la voluntad real de varios de los firmantes sea efectivamente tener una Constitución que entregue un marco jurídico regulador del Estado en beneficio de las mayorías nacionales. Este acuerdo se construye a partir de la exclusión, en primer lugar, de los movimientos sociales que forzaron esta iniciativa. Luego, de quienes ellos saben no iban a participar de componendas de cúpulas, de allí que deseaban la presencia del PC y de otros sectores cuando ya tenían construidas las bases de esta transacción (unas guindillas más para adornar  la torta, pero los bizcochos y el merengue ya estaban listos). Finalmente, de muchos de sus dirigentes intermedios y bases militantes. Frente a esto, valorar positivamente que todos los partidos de Unidad para el Cambio expresaron rechazo a la pretensión gatopardista que anima a sectores de este acuerdo. Similar conducta expresaron partidos integrantes del Frente Amplio quienes no firmaron el documento, como si lo hicieran sus líderes históricos Jackson y Boric.

Vivimos un proceso en pleno desarrollo, donde lo logrado y lo por lograr depende, en lo central, de las fortalezas del movimiento social. Los firmantes de este acuerdo buscan desde el Parlamento mediatizar la derrota política de la derecha. Esta intención no podemos verla separada de movimientos de los sectores reaccionarios en el ámbito internacional (Bolivia por ej.) Fortalecer la movilización popular en la calle, la realización de cabildos que refrenden el poder constituyente originario en el pueblo, la realización de consultas municipales, la integración orgánica de sectores consolidando la Unidad social, son las tareas del momento. El inicio de este proceso de construcción de una Nueva Constitución contará con la presencia activa de los y las militantes en todas sus etapas, tras el objetivo de tener una Constitución que posibilite más y mejor democracia y una vida mejor para las chilenas y los chilenos.