De un guascazo el pueblo equilibró la correlación de fuerzas. Los de abajo saben lo que quieren y están dispuestos a seguir peleando. Los de arriba tarde o temprano deberán aflojar.

Manuel Riesco

Economista

14/11/2019. La Tercera Revolución de la Chaucha, que al paso va ya merece un nombre más distinguido, avanza con paso firme en su cuarta semana. Es algo inédito y por lo mismo nadie sabe cuando amainará en esta vuelta. Está claro que no puede extenderse mucho más de una sentada. Ningún país puede permanecer paralizado mucho tiempo. No aguantan ni la población, ni los negocios, ni los gobiernos, y en ocasiones ni siquiera los regímenes políticos.

En realidad lo más importante ya sucedió. De un guascazo el pueblo equilibró la correlación de fuerzas con la élite. Los de abajo saben claramente lo que quieren y están dispuestos a seguir peleando hasta lograrlo, así demore lo que sea. Los de arriba ya entienden que tarde o temprano deberán aflojar. Sólo maniobran para que sea lo menos y lo más tarde posible. Si calculan mal arriesgan la hecatombe, como dijo Alessandri Palma.

El programa es claro. Terminar los abusos y corregir las distorsiones heredadas de la dictadura, que la democracia agravó. Nada del otro mundo. Es lo mejor para el país. Sólo termina la fiesta para el ínfimo cogollito que desde 1973 se ha apoderado de Chile entero y ha venido abusado de todo el resto de la ciudadanía.

Todo lo que viene a continuación es el desenlace. Puede desenvolverse rápido, o durar un buen tiempo como en los años 1980. Sería lindo que las cosas anden ligerito. Ahorraría sacrificios y molestias al pueblo, dinero a los empresarios y restablecería la confianza en el sistema democrático. No es imposible. El camino para avanzar es clarísimo. Depende que se impongan a tiempo las voces sensatas y con autoridad que en todos los partidos ya lo proponen.

El pueblo en sólo tres semanas ha conformado un organismo de dirección de su alzamiento, Unidad Social y su Comité de Huelga. Con rapidez asombrosa organiza Cabildos por todos lados para asumir mayor responsabilidad política si es necesario. Todos los partidos de oposición se han unido en pos de la consigna central del alzamiento. En los partidos de gobierno se escuchan cada vez más voces que la asumen como el único cauce adecuado para un estallido de estas dimensiones. Hay que abrirlo cuanto antes para que la inmensa energía del alzamiento fluya de modo constructivo.

Cualquier maniobra dilatoria, como la que cocinaron a hurtadillas la exConcertación y los partidos de derecha en el Parlamento en la presente semana, es una irresponsabilidad de marca mayor. Sólo dilatará abrir el cauce de solución de la crisis, con grave riesgo del sistema democrático. De hecho ésta pasó sin pena ni gloria y al día siguiente se había logrado un acuerdo más razonable. No será la última escaramuza de este tipo, pero la misma demuestra a las claras la nueva correlación de fuerzas lograda.

Como dijo la oposición unida en su histórica declaración del 12 de noviembre: “El camino para construir el futuro es Plebiscito, Asamblea Constituyente y Nueva Constitución”. Ni más ni menos.