Personalidades como Lucho Gatica, Osvaldo «Gitano» Rodríguez, Rolando Alarcón y muchos más engrosan largas listas de olvidables que van desapareciendo de la memoria colectiva en nuestro país.

José Luis Córdova

Periodista

13/11/2019. Argentina, México, España y también países más lejanos -como República Checa,- reconocen, conservan el culto y admiran permanentemente a sus artistas, incluso tras su desaparición física. Personalidades como Lucho Gatica, Osvaldo «Gitano» Rodríguez, Rolando Alarcón y muchos más engrosan largas listas de olvidables que van desapareciendo de la memoria colectiva en nuestro país

Puede argüirse que, como no existía la televisión, los canales cuentan  con pocas  imágenes, canciones, programas, ni siquiera entrevistas – todavía no había videos-  pero en otros países se conservan películas en celuloide y  grabaciones que acá han desaparecido con el tristemente célebre pago de Chile.

Recientemente en Praga falleció el cantante popular más grande que tuvo la República Socialista de Checoslovaquia, Karel Gott, quien ya tenía 80 años y era igualmente popular  en la ex República Democrática Alemana, en  la URSS, Polonia, Austria, y Alemania Federal.  El «Sinatra de Europa del Este» era llamado por la publicidad occidental que lo llevo hasta Las Vegas.

El 1 de octubre pasado todas las estaciones de TV emitieron la noticia de su deceso y exhibieron entrevistas y presentaciones en vivo  del destacado artista checo en su homenaje. Su muerte provocó un duelo nacional y su funeral adquirió carácter de ceremonia de estado.

Atrás quedaron las maledicencias cuando – por ejemplo-  en los 60 Gott había decidido emigrar a Alemania pero volvió al poco tiempo, haciendo que los disidentes de entonces lo calificaran de traidor, de entreguista  y oportunista. El mismo reconoció después no haber sufrido nunca presiones, censuras ni seguimientos de ningún tipo, tampoco privilegios ni dinero para volver. También desmintió que solicitara por carta al Presidente de entonces Gustav Husak autorización para regresar. La verdad es que salía y entraba libremente a su patria tras sus giras internacionales, tal como numerosos artistas, deportistas, profesionales e intelectuales checos de diferentes áreas del conocimiento.

Al cumplir 50 años de carrera, el gobierno socialista entregó a Karel Gott  las mayores distinciones y premios  que podía recibir un civil en tiempos de paz y en vida: Héroe del Trabajo, Ciudadano ilustre, etc. lo que también le valió críticas de la oposición anticomunista de entonces.

Grandes artistas como éste se ganaron sobradamente el reconocimiento de sus pueblos pese a tener detractores en vida, pero nunca debe tejerse en torno a ellos la invisibilidad de que sufren en Chile grandes aportes culturales como Claudio Arrau, Ramon Vinay, Pedro Lemebel, Andrés Pérez, Chito Faro, Lucho Bahamonde y tantos otros, la mayoría de ellos  democráticos, progresistas o de izquierda, en todo caso, anti dictatoriales y antifascistas.

Es curioso también que figuras extraordinarias como Violeta Parra, Víctor Jara, Pablo Neruda y Gabriela Mistral no tengan filmaciones en vivo de sus entrevistas, actuaciones y participaciones en eventos culturales transmitidos entonces por la televisión, salvo apenas fugaces segmentos que los convierten prácticamente en figuras dignas de museos, en lugar de ejemplos vivos de compromiso con su pueblo y con el futuro de su patria. Curiosamente solo existe una entrevista a Violeta en francés para la tele de ese país y una de la TV del Perú con Víctor.

La referencia al cantante checo Karel Gott constituye un ejemplo en Chile de cómo debe conservarse la memoria viva de quienes, desde el arte y la cultura, contribuyeron a la identidad nacional. Identidad que hoy es desdibujada precisamente por la televisión local y sus permanentes mensajes transnacionales y francamente colonizadores.