“Nuestro tema principal es cómo el arte y la ciencia puedan contribuir a enfrentar la crisis medioambiental”.

Amanda López. Periodista. 11/11/2019Museo Nacional de Bellas Artes jueves 17 de octubre: el hall central lleno con artistas y amantes del arte, la gran mayoría jóvenes. Se inaugura la Bienal de Artes Mediales en el Museo Nacional de Bellas Artes, que es solo uno de los lugares que abarca la Bienal. El ambiente no es de bostezos discretos detrás de la copa de vino de rigor, el ambiente es alegre, de confianza en la importancia del arte en las transformaciones de la sociedad. El día siguiente estalló el descontento social y el acceso a los museos ahora es más limitado, lo que el director de la Bienal de Artes Mediales, Enrique Rivera, lamenta. “Los museos deberían ser lugares de encuentro, de discusión”, opina.

Pero empezamos por el comienzo: Esta Bienal es heredera del Festival Franco Chileno de Video Arte de los 80, donde artistas audiovisuales –en plena dictadura- se juntaron para reflejar desde la perspectiva del arte lo que pasaba en Chile. 1993 se formó la Corporación Chilena de Video donde los artistas decidieron instalar una Bienal de Artes Mediales. Aquí se reunían artistas nacionales e internacionales, críticos, intelectuales en una reflexión  sobre la condición política del arte en el retorno a la democracia, desde un contexto audiovisual, y ahí comenzaba un trabajo de producción desde 1993 hasta hoy.

Nos juntamos con el director de la Bienal, Enrique Rivera, en pleno trabajo de montaje en MAVI (Museo Nacional de Artes Visuales), donde prontamente se abre otra parte de la Bienal: 

“Hemos venido mostrando obras y a la vez generando espacios de encuentro de personas que ponen en práctica investigación y producción sobre la relación entre tecnología y arte. Siempre desde una perspectiva crítica, conscientes de como  los medios tecnológicos, la televisión, la radio, el internet han sido utilizado para generar sistemas o atmósferas de percepción colectiva, código de conducta que tiene que ver con el quehacer económico, político y social. El valor del Bienal ha sido entender que hoy día por ejemplo, no se puede entender la democracia sin tener consiente por ejemplo como internet es usado en elecciones, donde la percepción colectiva puede ser manipulada para que uno u otro candidato gane. Esa reflexión crítica pasa por no tener una postura naif o inocente sobre la televisión, y desde el arte generar una visión crítica sobre cómo esos medios son utilizados en la sociedad. Ese aspecto ha sido parte de la curatoria de las diferentes Bienales. Nos hacemos la pregunta de cómo apoderarnos de las nuevas tecnologías desde una perspectiva social. Lo que queremos no es realizar eventos, porque los eventos tienen caducidad, queremos crear encuentros. Nos unimos cada dos años, pero esto no para, porque la investigación curatorial continúa, no solo para desarrollar la Bienal, sino también para contribuir a la construcción de políticas culturales en general. En esta versión de la Bienal, nos hemos preocupado por la crisis socio-ambiental. La Bienal pasada, trabajamos sobre la relación cultura-terremotos, o sea como el arte y la cultura enfrenta los terremotos en Chile. Y este año, donde íbamos a coincidir con la realización del COP25 en Chile, nuestro tema principal es cómo el arte y la ciencia puedan contribuir a enfrentar la crisis medioambiental”.

Inauguraron la Bienal con el descubrimiento de una réplica de la escultura del artista Carlos Ortúzar, instalada en su lugar original frente a la torre Villavicencio. Qué sentido tiene eso?

“La escultura de Carlos Ortúzar, llamada “El Cuarto Mundo”, es simbólica en varios sentidos: Ortúzar regaló esta obra al edificio, hoy Centro Cultural Gabriela Mistral, para la UNCTAD en 1972, como un manifiesto donde “el cuarto mundo” se entiende como una alternativa a la relación primer, segundo y tercer mundo, una reflexión sobre una nueva vía.  Después del golpe, la obra desapareció. La Bienal estableció la escultura como un símbolo de la curatoría. Conseguimos con la empresa JEMO que originalmente hizo la escultura, reconstruirla. Vemos la escultura como una especie de acupuntura urbana, Donde nos encontrarnos con nervios olvidados. Por eso fue importante inaugurar la Bienal no en un museo o galería, pero en el espacio público. La Bienal no está solamente hablando de arte, de la relación arte-ciencia, sino de cómo encontramos posibles vías de desarrollo común, diferentes a las actuales que nos han llevado a este abismo estructural. 

Este año, la Bienal abarca el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, GAM, Posada del Corregidor, Galería Metropolitana, Galería Macchina, Biblioteca Patrimonial Recoleta, Museo del Sonido, Museo Nacional de Bellas Artes, Matucana 100, MAVI, Museo Benjamin Vicuña Mackenna, Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos, Galería CAVA, MAC, Museo de Quimica y Farmacia y Sala de Arte CCU. 

“La estrategia logística es otorgar una narrativa común a la ciudad que incluya sus instituciones y también redes sociales en internet. Con unir todos esos museos y galerías y medias sociales, de alguna manera unimos la ciudad.  Y las instituciones culturales absorben la Bienal desde sus propias complejidades. Cada museo desarrolla una línea editorial que se interconecta con la línea general que es “el cuarto mundo”. Al expandir la Bienal a tantos espacios, queremos invitar a la comunidad a recorrer y apropiarse de la Bienal a partir del uso de Bitácoras, donde la intuición juega un rol fundamental en lo que vas encontrando en cada espacio de la Bienal, y así co-construir ese cuarto mundo que nosotros no conocemos. Y la misión es descubrirlo entre todos y todas.

Al inaugurar en Bellas Artes, entregaron a todos una bitácora con toda la programación de la Bienal. Pero con muchas páginas en blanco. Supongo que eso representa justamente esa invitación a no solo contemplar obras hechas, pero de participar?

“Si. Lo vemos como un gesto de apropiación del espacio análogo, donde nuevamente estamos haciendo una crítica a la hipnosis colectiva que nos predispone las redes sociales. Hay un tema generacional al enfrentarse con una página en blanco, e invitamos a los que crecieron con el computador a apropiarse del papel y lápiz.”

Con lo que está pasando en Chile, ¿qué pasa con la Bienal?

¿Conoces la maldición de Casandra? Es la maldición de ver el futuro, pero sin poder expresarlo. El arte tiene la capacidad de predecir el futuro y expresarlo, de ser una antena de energías que vienen, a partir de construcciones de patrones conjuntos, de entender un posible camino. La Bienal desde 1993 ha ayudado a empujar a entender el arte y la cultura no como un bien de consumo y entretenimiento, sino como un instrumento de precisión conceptual para la construcción del sentido colectivo. Hoy estamos ocupando metafóricamente, y entendiendo la cagada que tiene el sistema, las reflexiones del fotógrafo Sergio Larraín en sus Textos para el Kinder Planetario, quien en 1985 empezó con el mensaje de que la pos-revolución industrial estaba aniquilando cualquier posibilidad de relación harmónica entre los humanos y el eco sistema. Él lo practicó desde la poesía. Hoy creo que para avanzar en esa dirección tenemos que cambiar la constitución. Da lo mismo si cambian unos ministros si no podemos cambiar la constitución que es lo que ha producido todo este descalabro y desbalance. Seguimos con una constitución que es maligna, tétrica porque protege los intereses de pocos. Pero una nueva constitución no puede solamente incorporar la igualdad entre humanos, la igualdad tiene que ser inter-especies , con los animales, los insectos, los árboles, para no quedar en esta época antropoceno, olvidándonos del bienestar de donde estamos insertos. 

Cuéntame un poco sobre los artistas que participan en la Bienal

Son todos artistas muy potentes, personas que no representa la visión de un país en específico como ocurre en otras Bienales, lo que nos interesa es el artista como explorador. En los espacios donde pronto vamos a abrir, en MAVI, en MAC, en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo Cerrillos, vamos a organizar espacios de aperturas, que más que inauguraciones tradicionales, van a funcionar como instancias de conversación. En el MAVI la gente podrá encontrar la exposición de artistas daneses y chilenos “Un mundo situado” que dialoga sobre por un lado obras que muestran la cacería y eliminación de la civilización Selkman  y las obras de tres artistas daneses que también marcan un inicio de esta otra era, donde la inteligencia artificial, el internet, lo digital configura una nueva relación con el mundo. En Cerrillos expone el colectivo Semiconductor, ellos han realizado una serie de residencias en centros científicos para crear obras codificadoras de la relación arte-ciencia para interpretar la naturaleza en imágenes y sonido. En MAC, con artistas chilenos y suizos, trabajamos el tema del artista como explorador del territorio que configura una nueva naturaleza donde se suma nuevos elementos como ondas electromagnéticas, microplasticos, metales pesados.

Nuestro anhelo es que las exposiciones funcionen como un llamado a tomar acción, de instalar en la nueva discusión sobre la nueva constitución el rol del arte y la cultura, entendiendo que estamos viviendo el final de la transición Y que también debe significar un fin de una política cultural basada en el consumo, que se sustenta en la constitución de Pinochet, que en su artículo 25 – una de los pocos lugares donde se menciona la cultura- ve la cultura desde la perspectiva de la propiedad intelectual, no como un derecho humano.” 

Ver programación en www.bienaldeartesmediales.cl , Facebook: Bienal de Artes Mediales, Instagram: bienalartesmediales

Foto: Benjamin Matte