La vergüenza ajena que expresan con sus miradas los “rostros” de las comunicaciones televisivas es fiel reflejo de la vergüenza propia que tenemos todos ante la indiferencia, ante la mentira y los abusos.

José Luis Córdova

Periodista

04/11/2019. Hasta el televidente más desprevenido e ingenuo habrá notado en los últimos días que los conductores de noticiarios no cesan de justificar sus pasados recientes cuando ocultaban deliberadamente los hechos ocurridos en las calles, ponían especial énfasis en la violencia y los saqueos, desplazando el foco de atención de la genuina protesta ciudadana.

Las políticas editoriales de los canales de televisión, de las radioemisoras y medios escritos se cebaron estas últimas semanas atacando a los manifestantes, negando la represión, reiterando imágenes de enfrentamientos anteriores -guardadas cuidadosamente en archivos- mientras varias decenas de periodistas eran detenidos, golpeados, humillados por Carabineros.

Margarita Pastene, presidenta nacional del Colegio de Periodistas denunció públicamente “la falta de prolijidad mediante la cual se informaba respecto de las legítimas demandas de la sociedad chilena”. La misiva incluye el reclamo ante más de 30 trabajadoras y trabajadores de medios de comunicación que sufrieron “agresiones graves mientras realizaban su trabajo en las calles de diversas ciudades, perpetradas por fuerzas policiales, durante el Estado de Emergencia y toque de queda, puestos por el gobierno de Sebastián Pilera”.

Esta situación fue persistentemente ignorada por los noticiarios, los desacertados comentarios de conductores y panelistas que se sumaron al coro de reporteros y “noteros” en las calles que hacían gala de auto censura o se plegaban con entusiasmo a las críticas contras los participantes en marchas y concentraciones.

Con caras compungidas hoy día, personajes como Mónica Rincón, Constanza Santa María, José Antonio Neme, Macarena Pizarro y otras y otros explican que sus canales “siempre han informado con objetividad, imparcialidad y dando tribuna a todas las opiniones”. Nada más falso e hipócrita.

Hasta hace unas horas, se insiste en agrupar una heterogénea “demanda social”, ignorando la claridad de planteamientos de jóvenes, estudiantes, trabajadores, pensionados, usuarios de las salud y los más vastos sectores de exigen la realización de Cabildos ciudadanos, la posibilidad de convocar a un plebiscito nacional que debata una nueva Constitución Política del Estado de Chile mediante una Asamblea Constituyente. No, siempre se habla de que “no están claras las reivindicaciones”, de que no habría acuerdo, que habría excesos en las peticiones. Si realmente quieren informar ésta es la cuestión de fondo.

La renuncia de Piñera no es una “utopía”, es la consecuencia lógica y normal de la convocatoria formal a elegir democráticamente una Asamblea Constituyente. A partir de ese proceso, las actuales autoridades quedan “encargadas” -como supuestamente le habría correspondido al señor Guaidó en Venezuela- pero vale la pena aclarar que en ese país no se dio ningún paso formal ni constitucional para tratar de desplazar al presidente constitucional, Nicolás Maduro, sino una mera proclamación a gritos en la calle.

En las últimas horas, Mega hizo circular un Manual de Orientaciones Programáticas donde indica que “cuando se informa de los acontecimientos que estamos viviendo se hace con rigurosidad, imparcialidad y procurando dar cuenta de las diversas posturas envueltas”. Nada más alejado de la verdad que ven y escuchan a diario sus televidentes.

En tanto en Canal 13, la renuncia de Enrique “Kike” Mujica como director de prensa da paso al regreso a este puesto de Cristián Bofill, quien fuera director del diario La Tercera y jefe de prensa de Chilevisión cuando era propiedad de Sebastián Piñera. Nada augura que la objetividad se imponga en el canal de la familia Luksic.

La vergüenza ajena que expresan con sus miradas los “rostros” de las comunicaciones televisivas es fiel reflejo de la vergüenza propia que tenemos todos ante la indiferencia, ante la mentira y los abusos perpetrados por las autoridades y las fuerzas del orden en el último período.