Lo que se ve, en las últimas semanas, es el fortalecimiento de la lucha contra los gobiernos antipopulares que se han instalado en América Latina desde el inicio de los años 2010.

Hélio Rocha

Columnista Brasil 247

04/11/2019. Hace algunas semanas, el expresidente Lula, de Brasil, rechazóla condición que le fue ofrecida de prisión domiciliaria, es decir, de cumplir su pena en casa, considerando su avanzada edad;algo que está permitido por la ley brasileña. Al principio las opiniones, incluso desde la izquierda, se han dividido, pues, la oportunidad de estar en casa es una cuestión de humanidad para un ciudadano que no cometió crímenes y, aunque lo hubiera hecho, no se trata de crímenes contra la vida o lahumanidad, como los cometidos por el Estado en las dictaduras de Chile y Argentina.

Pero, rechazando este “beneficio”, Lula recuerda a la población su condición de inocencia y se posiciona como uno de los más importantes personajes de la resistencia al neoliberalismo y a los estados de excepción en nuestro continente. Así lo hicieron mártires de la democracia, desde Cicerón, que no aceptó volver a Europa después del destierro, bajo las condiciones de reconocer al Imperio y vivir anónimamente y lejos de Roma; o Nelson Mandela, que no se acogió a penas más blandas sinohasta que terminara el régimen del apartheid.

Lo que se ve, en las últimas semanas, es el fortalecimiento de la lucha contra los gobiernos antipopulares que se han instalado en América Latina desde el inicio de los años 2010, con el derrocamiento de Fernando Lugo en Paraguay hasta la llegada de Bolsonaro a Brasil.

Por dos caminos se nota el cambio de vientos en la política del continente.

Primero, las protestas en las calles en Ecuador de Lenin Moreno, que llegó al poder como candidato de Rafael Correa y lo ha traicionado desde que empezó su gobierno, y en el Chile de Piñera, el asumido liberal. De las calles sale la fuerza que presiona a los parlamentos y palacios gubernamentales, aunque no se cambie el presidente. Y, manteniéndose el ambiente de tensión contra las políticas liberales, el cambio es cuestión de tiempohasta que lleguen las elecciones.

Segundo, porque las vías electorales ya empiezan a mostrar que el liberalismo se debilita en apoyo popular en aquellos lugares donde se ha vivido los últimos años bajo sus ideas económicas(la excepción puede ser Uruguay, por el desgaste del gobierno del Frente Amplio). La victoria de Alberto Fernández en Argentina es una importante muestra de esta realidad y, además,sitúa en la izquierda a dos de las tres mayores economías latinoamericanas, junto al México de Andrés Manuel López Obrador. La tercera economía, Brasil, solo podrá cambiar su gobernante en el proceso normaldel año 2022, desafortunadamente.

También es bueno abordar una elección poco considerada pero que se convierte en un positivo indicador para los años que vienen. En Bogotá, la capital del país más conservador de América del Sur, Colombia, los electores escogieron para gobernarla ciudad a Claudia López.

Además de ser una candidata de centroizquierda, López es lesbiana y activista feminista.Aunasí,superó los prejuicios para llegar al poder e iniciar reformas populares en la principal ciudad de uno de los países más liberales y alineado con los Estados Unidos de todo nuestro continente.

Por lo tanto, en un momento en que las izquierdas empiezan a posicionarse nuevamente y lograr diálogo con la población de sus países, la prisión de Lula, la figura más importante de la lucha popular latinoamericana en este siglo, se torna un símbolo de fortalecimiento para las banderas sociales en todos los países. Sin ir más lejos, “Lula libre” fue uno de los primeros dichos de Fernández como nuevo presidente de Argentina.

Que Lula permanezca en prisión, como él mismo lo ha decidido. Y que salga con su inocencia comprobada para ayudar a libertar a América Latina.