Excluir de este debate crucial a las organizaciones populares es hacerle el juego a la derecha, es hacerle el juego a los poderosos del país.

Pablo Monje-Reyes

Miembro del Comité Central Partido Comunista de Chile

03/11/2019. Lo sabemos, la derecha no le responderá al país. La derecha dice hoy que las demandas sociales se resuelven con ajustes ministeriales, con disponibilidad de nuevos fondos públicos y uno que otro maquillaje al modelo neoliberal, incluso, hasta están dispuestos a una que otra reformita constitucional. Esa es su tesis principal y para ello invita a sus próximos, los socialdemócratas, y los convoca a debatir y a inventar una salida a esta crisis insolente e inesperada que les desbaratan las estanterías de su oasis. Así, colocan a todos los partidos de la oposición entre la espada y la pared, diciéndoles; «el que no asiste a La Moneda no está por resolver los problemas de los y las chilenas y se resta al diálogo democrático, quienes no asisten están con la violencia y el vandalismo».

Pero, quienes conocemos a la derecha desde los tiempos de la dictadura, desde antes, desde siempre, sabemos que este gobierno de derecha solo busca ganar tiempo con estas reuniones de café y galletas. Su verdadero objetivo es lograr una nueva correlación de fuerzas, para implementar su estrategia y superar la crisis teniendo como norte permanente la sostenibilidad política del modelo neoliberal y darle un nuevo rostro de legitimidad, este modelo al que en las calles de Santiago y de regiones cientos miles de mujeres y hombres, millones que han dicho basta y ya no más, ya no más a una sociedad de abusos sino una sociedad de Derechos, un nuevo Pacto Social.

Quienes han aceptado “dialogar” con la derecha le están dando la espalda a la gente y a la insurrección popular con sus demandas sociales. Ellos asumen y comparten la estrategia de la derecha en forma simbólica. Tendrán muchas respuestas que dar respecto de cuáles fueron sus motivos para asistir, pero finalmente algo queda claro, la de estos «opositores» es una jugada riesgosa -sobre todo- cuando el movimiento social se autoconvoca y define que el problema son las elites políticas que no han estado a la altura de las exigencias populares. Más bien, se percibe que todos quienes han ido a estas reuniones en La Moneda no les interesa el movimiento social, lo que verdaderamente les importa es mantener la sacrosanta institucionalidad del poder conservador del sistema político chileno, y que se expresa en su catecismo ideológico que es la Constitución dictatorial.

De esta manera, podríamos colocar una apuesta subjetiva sobre la mesa; “quienes conversan con el gobierno diseñando posibles soluciones de cocinería y demagogia, le tienen miedo al pueblo movilizado, pánico a las masas irreverentes, duras y críticas, resueltas y decididas y, definitivamente, no les gustan las formas ni el fondo de la crítica popular”. Así, las élites por 30 años jugaron a la autosuficiencia y al paternalismo desde el Campus de Platón y hablaron a nombre del pueblo, la elite política se convirtió en el oráculo de nuestra sociedad. Pero, cuando el pueblo se levantó ha dicho fuerte y claro; «un camino nuevo para Chile, no más deliberación en los salones de la burguesía, diálogo popular en cada plaza, en cada población, ya no hablen por nosotros sino que desde ahora hablaremos por nosotros mismos». 

Así, este nuevo Chile emerge desde el reencuentro, desde el volver a mirarnos entre nosotros, entre todos para conversar y discutir, y el país renace desde la crítica y la propuesta, que cuenta con quienes se suman al calor de las movilizaciones y de aquellos que han levantado desde hace años y desde hace décadas estas mismas urgentes demandas sociales. Y entre los nuevos protagonistas de esta nuevo país están; las organizaciones sociales y sindicales  que han luchado desde siempre por mejores condiciones de vida para todos quienes conformamos Chile.

Excluir de este debate crucial a las organizaciones populares es hacerle el juego a la derecha, es hacerle el juego a los poderosos del país. La Mesa de Unidad Social que agrupa a organizaciones sociales y sindicales reales, demanda un nuevo país, nuevas bases institucionales, nueva constitución, una nueva democracia con base popular y no cupular. Hay que avanzar tras esta Unidad Social que es la unidad de la sociedad en su conjunto, convocando y llamando a plebiscitar la elaboración de una nueva Constitución Política y que su método de construcción sea a través de una Asamblea Constituyente. Esta es la identidad de este Chile nuevo y distinto, inclusivo, popular, solidario, comunitario, soberano, autónomo, que deja atrás un modelo social y económico depredador e inhumano, para levantarse sobre sólidos pilares democráticos y ahora sí, porque la esperanza ya no se deposita en otros, sino que ahora descansa en las propias capacidades del pueblo, este es el Chile de hoy, nada más y nada menos.