Se hace indispensable investigar cada caso de maltrato, posibles torturas y hasta la denuncia de un centro para estos efectos bajo la estación del Metro Baquedano.

José Luis Córdova

Periodista

26/10/2019. Desde fuera de Chile los acontecimientos de los últimos días se viven también con dolor, preocupación y expectación. Por TVN internacional no nos enteramos de lo que ocurre en realidad, salvo de las reiteradas grabaciones en manifestaciones con los consabidos encapuchados, los hechos de violencia y saqueos a menudo del archivo del canal. Por las redes sociales, sin embargo, sabemos de la represión policial, las redadas durante el toque de queda, las detenciones arbitrarias y golpizas y abusos de todo tipo.

Para más confusión se difunden las llamadas “fake news” con un extraño entusiasmo para provocar temor, entusiasmar vanamente con salidas extemporáneas y mentiras descaradas. Se hace indispensable investigar cada caso de maltrato, posibles torturas y hasta la denuncia de un centro para estos efectos bajo la estación del Metro Baquedano.

Están claras las intenciones de las mesas de redacción de los principales medios hegemónicos: transmitir que la situación se va normalizando, que en realidad no ocurren hechos tan graves, que carabineros simplemente cumple con su deber. Los militares casi no aparecen. Pero por Instagram, Whatsapp, Facebook y otros medios, incluso alternativos (desde El Desconcierto, El Ciudadano, Piensa Prensa) y por corresponsalías de medios extranjeros (Telesur, TVE, RT y Al Jazeera, entre otros), sabemos de la violencia desatada por encapuchados, civiles armados, carabineros y provocadores en medio de las marchas.

Estos personajes azuzan a la gente, incitan a saqueos mientras las “fuerzas del orden” se mantienen impertérritas a los costados y cerca de las grandes cadenas de supermercados pero muy lejos de las tiendas más pequeñas que son defendidas sólo por sus dueños y trabajadores. Es lo que muestran cientos de videos de sospechosos incendios ante la ceguera y el silencio de los canales de televisión, que solo muestran los resultados de las acciones delictuales.

El Colegio de Periodistas ha formulados reiterados llamados a detener la acción de policías, soldados y la PDI contra los profesionales que despliegan sus mejores esfuerzos en las calles, ante el peligro y muchos colegas han resultado detenidos, heridos o lesionados sin que se sepa de sumarios, investigaciones o sanciones por uso excesivo de la fuerza y la mínima proporcionalidad en los encuentros con los uniformados.

La televisión insiste en banalizar y farandulizar la situación y colegas como Macarena Pizarro, Mónica Rincón, Matías del Río, Polo Ramírez, Nibaldo Mocciatti y otros se dan el lujo de interpretar mañosamente los acontecimientos, insistiendo en los hechos de violencia sólo de parte de los civiles, como si las fuerzas armada y de orden no estuvieran reprimiendo en las calles de la mayoría de las ciudades mas grandes del país.

Es claro que las manifestaciones irán decreciendo, el estado de excepción y el toque de queda no serán permanentes -salvo en dictaduras como la de Pinochet de triste recuerdo- pero Piñera no podrá hacer algo semejante. Todo indica que la gente perdió el miedo. El debate nacional se orienta a la unidad de vastos sectores ciudadanos.

Los medios de comunicación, si quieren servir los intereses genuinos del pueblo no tienen más que incorporarse sanamente al debate por el término de la previsión en manos privadas, por el fin de las AFP, por una salud y educación públicas de calidad, por el fin de los abusos, la reducción de la desigualdad y para que los políticos y parlamentarios retomen la tarea de contribuir a la implementación de un nuevo modelo de desarrollo socioeconómico para nuestro país.

Si la televisión llegó a ser el espejo y la cara más siniestra del neoliberalismo con su lastre de consumismo, individualismo, xenofobia, racismo y enfrentamiento de géneros, es el momento de revisar las pautas de prensa. Fin al sexismo, a la publicidad engañosa, a la propaganda subliminal que había envenenado a las chilenas y chilenos. Pareciera ser que eso se dirige definitivamente a su fin y deberá surgir una nueva manera de enfrentar la crisis actual y el futuro, con medios de comunicación al servicio de un mundo mejor.