Hoy es imposible pensar que desde el gobierno u otros poderes del Estado se logrará la unidad nacional para buscar una salida en el marco de un desbastado Estado de derecho con las FF. AA en las calles.

Fernando Bahamonde

Profesor

26/10/2019. La rueda giró y las placas tectónicas de la sociedad chilena comenzaron a liberar energías acumuladas por décadas. En el entendido de que toda movilización social es al mismo tiempo una acción política, cabe preguntarse cual será la salida política al conflicto en circunstancias que existen sectores políticos también en la oposición que no logran entender las causas del estallido social.

Nuevamente somos testigos que la sociedad camina más rápido que la institucionalidad la cual a comenzado a crujir porque la legalidad que sostiene el modelo económico social, basado en la desigualdad y la corrupción, nació ilegitima. Hoy es imposible pensar que desde el gobierno u otros poderes del Estado se logrará la unidad nacional para buscar una salida en el marco de un desbastado Estado de derecho con las FF. AA en las calles.

Posiblemente, pronto llegará el momento en que el gran empresariado deberá escoger entre salvar a uno de los suyos, el actual primer mandatario o salvar el modelo. En esa encrucijada es claro que decidirá la segunda opción. El gobierno ha demostrado con creces que es incapaz políticamente no sólo de reestablecer el orden público, sino de leer la situación que experimenta lo que se refleja en las declaraciones televisivas de Piñera. En esa situación parecen incluso más sensatas las opiniones del General Iturriaga.

La primera situación que se debe entender es que no existe retorno a la paz social por la vía institucional, sino muy por el contrario será necesario agudizar la organización, la participación y, consecuentemente, la movilización pacífica como forma de resistencia a la violencia que despliega el ejecutivo.

Ha llegado el tiempo de la política sin disfraz, lo que significa ser capaces de levantar una propuesta concreta que sintetice las consignas de las demandas ciudadanas. Hoy el que posee la iniciativa es el pueblo y sus organizaciones sociales.

Cabe insistir, incluso, que el conflicto no se agotará con la caída de un presidente que le ha declarado la guerra al pueblo. Sino con el replantearse la existencia social en un marco de relaciones bajo un nuevo Estado. Aquí no se ha roto el pacto social, porque como tal jamás hubo un contrato entre las partes, lo que hemos vivido es la imposición del consenso neoliberal que destruyó la política y con ello la sociedad.

Llegó esa hora para Chile, ese momento que claramente indicaba Gramsci a principios del siglo XX donde “el viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Y ese monstruo será la resistencia de la derecha, el gran empresariado y el poder ejecutivo de aplicar la violencia estatal, porque ha perdido la iniciativa. El gobierno, insistirá en la unidad nacional, y es posible que en los próximos días o semanas intente sumar en el gabinete a miembros de aquellos partidos teóricamente de centro y que con anterioridad de han mostrado afines a sus proyectos de ley.

Pero, finalmente será la violencia la única forma que el gobierno tiene para sostenerse en el poder que ya perdió. Porque no existe ninguna capacidad política instalada y porque no basta con convocar a los representantes de los poderes del Estado o a los presidentes de los partidos políticos.

¿Quiénes y cómo se llenará ese vacío de poder?

Lo que esta en disputa, también es la dirección que pueden tomar los hechos y la lucha comunicacional que se encuentra desatada. El gobierno apostará por atraer a sectores de la población más conservadores apelando sólo al orden, estabilidad, libertad y democracia. Lo que claramente significará agudizar la violencia y el enfrentamiento entre los propios chilenos.

Otro monstruo presente en este momento es que todo cambie para quedar igual, y eso será responsabilidad ética de toda la oposición, que luego de 46 años del Golpe de Estado en Chile se reestablezca la capacidad de los partidos políticos de ser esas bandas transmisoras con el pueblo.

El escenario está abierto, pero lo que debe quedar claro es que este gobierno de derecha y su presidente, electo con el 24% de los votos, han fracasado irremediablemente.