Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez es Presidente de Cuba. Salvador Valdés Mesa, Vicepresidente. Esteban Lazo será Presidente del Consejo de Estado y del Parlamento.

Granma. Cubadebate. 10/10/2029. De acuerdo con los cambios operados en la Constitución de Cuba, desde esta fecha se consolidan los máximos cargos del Estado cubano.

Es así que este jueves fue electo, por la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), como Presidente de la República de Cuba, el ingeniero Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, quien asumirá el cargo hasta 2023. Hasta la actualidad ocupaba la presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros, nomenclatura que ahora desaparece según estipula la nueva Constitución, aprobada en abril de 2019.

Después de 43 años, Cuba retoma la figura del Presidente de la República como jefe de Estado, electo de su seno por la Asamblea y acompañado de un vicepresidente, con una centralidad fuerte dentro de la estructura del poder estatal.

Los diputados eligieron a Salvador Valdés Mesa como Vicepresidente de la República, quien igualmente concluirá su mandato en 2023.

En tanto, la Asamblea Nacional eligió como presidente de ese órgano y del Consejo de Estado de Cuba a Esteban Lazo Hernández. Ana María Mari Machado y Homero Acosta Álvarez, asumieron el cargo de vicepresidenta y secretario, respectivamente.

Las palabras de Díaz-Canel

Al iniciar su discurso de toma de posesión, el presidente Miguel Díaz-Canel rindió tributo al hecho ocurrido aquel 10 de octubre de 1868, “el primer día de libertad e independencia de Cuba”, como lo llamó Carlos Manuel de Céspedes.

“Esta fecha tiene todos los derechos para ser una de las más celebradas en nuestro calendario nacional, por sus fuertes resonancias, desde aquel minuto de 1868 hasta este en que hemos renovado el juramento de servicio incondicional a la patria”.

El recién electo presidente de la República de Cuba destacó episodios que colocan a la juventud cubana en el epicentro de esas luchas. Evocó las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro, en julio de 1962 en Santiago de Cuba, ante estudiantes y profesores de la Universidad de Oriente: “La Revolución no es una lucha por el presente, la Revolución es una lucha por el futuro; la Revolución tiene siempre su vista puesta en el porvenir y la patria en que pensamos; la sociedad que concebimos como sociedad justa y digna de los hombres, es la patria del mañana. La Revolución es una lucha por el futuro. Lo ha sido siempre y lo es ahora”.

Díaz- Canel expresó que para el Consejo de Estado, su presidente, vicepresidente y los restantes 19 miembros que acaban de ser ratificados o elegidos este 10 de octubre, así como para el vicepresidente de la República y su presidente, “la tarea número uno tiene que ser el futuro”. “Agradecemos la confianza al elegirnos para estas responsabilidades, que unidos desempeñaremos en pos de ese futuro”, dijo.

En ese sentido, aseguró que estarán en primer lugar y de manera simultánea la defensa y la economía.

En otro momento de su intervención ante el plenario, comentó que en días recientes, a través del sitio de la Presidencia, se convocó a “Pensar como país” y  “al leer detenidamente las más de 1.200 respuestas, encontramos mucho optimismo y confianza de cara al futuro. Aunque también, en algunos casos, expresiones de preocupación. Lógica y revolucionaria inquietud que compartimos frente a un mundo minado por el desequilibrio en las relaciones económicas”.

Volvió a citar al líder histórico de la Revolución, al hacer referencia a su estremecedor discurso en la Cumbre de la Tierra en 1992, donde advirtió sobre “una especie en peligro de extinción”.

Reiteró, a su vez, que “gobernar es prever”, recordando al Héroe Nacional, José Martí. La Revolución Cubana -dijo- debe mucho a la genialidad previsora de Fidel y de Raúl. “Esa es nuestra escuela política. Quienes lo pongan en duda, solo tienen que mirar 60 años de historia revolucionaria”, comentó.

El compromiso que hoy hacemos ante ustedes -continuó Díaz-Canel-, es mantener y fortalecer esa práctica; aprovechar el capital humano formado, los aportes de la academia y la ciencia para elevar el nivel de eficiencia de la gestión gubernamental, como resultado de la previsión que genera el conocimiento.

“El país tiene el compromiso de hacer florecer el talento formado por la Revolución, producir y aportar internamente, sin cerrar las puertas a la cooperación y los aprendizajes fuera de fronteras. La exportación de productos cubanos y de servicios debe crecer y diversificarse”.

Añadió que “cuando decidimos aumentar entre tres y cinco veces los salarios del sector presupuestado; cuando promovemos la informatización acelerada de la sociedad; cuando, pese a las limitaciones que nos impone el bloqueo, defendemos el fortalecimiento de la Educación y el vínculo de las universidades con la producción en todos los niveles, estamos trabajando por el futuro”.

El presidente cubano subrayó que este año, particularmente los últimos meses, han puesto a prueba la capacidad del país de resistir sin renunciar al desarrollo. “Han exigido al pueblo un extra, y también a los ministros y cuadros de la administración del Estado. No será menor la exigencia en los días y meses por venir”.

Informó que en lo adelante, el Consejo de Estado, por ejemplo, funcionará con mayor frecuencia e impacto entre sesiones de la Asamblea. “Hay muchas leyes, indispensables para hacer más eficiente el Gobierno, que precisan de modos más expeditos de revisión, aprobación e instrumentación. Es un compromiso desde que aprobamos la nueva Constitución”, señaló.

Otras tareas tienen que ver con los municipios, los que “deben aprender a administrar los recursos disponibles con mayores facultades, pero con responsabilidad superior.”

Sobre el año 2020, Díaz-Canel adelantó que el país se ha propuesto seguir consolidando la economía.

“Sin renunciar nunca a los sueños más grandes, que por lógica elemental precisan mayor cantidad de recursos, afianzaremos líneas de trabajo y programas que durante el 2019 planteamos como prioridades, entre ellas las exportaciones, la inversión extranjera, la construcción de viviendas, la producción de alimentos, el turismo, el transporte y las fuentes renovables de energía”, dijo.

Aseguró que “el país volverá a la normalidad, pero no será con los mismos modos de hacer. Si algo bueno tuvieron estos días de tensión, ha sido sacar a flote las enormes reservas con que cuenta Cuba para trabajar de manera más eficiente”.

Para ello, acotó, se pondrá mayor énfasis en disminuir los gastos y ahorrar, así como en sistematizar las buenas soluciones nacidas de los años más duros del Período especial, atemperadas a nuestra realidad.

Insistimos en la necesidad de trabajar por el bien de todos, en la preparación política e ideológica de los cuadros; en la convocatoria a los jóvenes que tantas energías nos aportan siempre, y en la participación del pueblo en la búsqueda de las mejores soluciones».

Retomó aquella frase dicha por él hace un año al asumir la Presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros: “No venimos a prometer. Venimos a cumplir el mandato del pueblo revolucionario”.

Resaltó que ahora comienza una nueva etapa de trabajo para quienes representan al Estado y al Gobierno, lo que “demandará de cada dirigente, cuadro y funcionario a todos los niveles, la disposición de echar por la borda el pesado lastre de prácticas obsoletas y mecanismos engorrosos, que ralentizan los procesos y debilitan la autoestima nacional.

“Son nuevos los tiempos que vivimos en todos los sentidos, y exigen un pensamiento diferente. Cambiar todo lo que deba ser cambiado, como nos dejó dicho Fidel, como nos lo ha demostrado Raúl durante sus años al frente de la Presidencia y como nuestro primer secretario del Partido”.

En otro momento de su discurso, Díaz-Canel dijo que si algo no perdió jamás el liderazgo de la Revolución fue el curso moral de la historia. “Ahí están, invictos, sin más monumentos que su propia obra, a la cual tenemos el deber de rendir el más justo de los tributos: hacerla crecer y prosperar, sin temor a amenazas ni riesgos”.

Hizo referencia a la política de la administración estadounidense: “Qué mal está haciendo quedar a ese imperio, viejo y desmoralizado, su tropa de políticos mediocres y mendaces, nucleados por la OEA”. 

“Los pobres de la Tierra no podemos perder la dignidad ni ceder ante la amenaza. Es convicción demostrada muchas veces a lo largo de la historia, desde aquel 10 de octubre en La Demajagua hasta el día de abril de 1961 en que Fidel disparó con un tanque contra barcos mercenarios».

Afirmó rotundamente que la Revolución preservará intactas todas sus convicciones, esas que costaron la sangre de los mejores hijos de la patria. “Cuando se cuenta con un pueblo de la estirpe del cubano, no se duda ni un segundo para enfrentar el futuro, conscientes de que lo conquistaremos”.

El presidente de la república retomó aquella valoración “que tantas veces le escuchamos al General de Ejército y que hemos aprendido a aquilatar mejor en medio de la dificultad: ¡Qué clase de pueblo tenemos! Los que crean y construyen han derrotado a los que odian y deshacen”.

Mientras más nos agreden, mientras más nos intimidan, más crecen la voluntad y la fuerza nacional: la unidad. Como los mambises, honroso nombre del criollo rebelde, no vacilaremos en usar el machete si faltaran los fusiles. Y siempre tendremos la vergüenza como estandarte, y como chaleco la moral”.

Remarcó que no ha variado ni un milímetro la advertencia del Titán de Bronce: “Quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”.

Nos esperan días intensos y desafiantes, pero nadie va a quitarnos la confianza en el futuro que le debemos a nuestros hijos en la patria que los padres nos ganaron de pie”, concluyó.