Mauricio Weibel dijo que las escuchas y seguimientos del Ejército están “fuera de los márgenes democráticos”.

Daniela Pizarro Amaya. Periodista. 07/10/2019. El Ejército de Chile nuevamente se vio envuelto en prácticas antidemocráticas e ilícitas. Esta vez con la persecución y el espionaje en contra del periodista Mauricio Weibel, el mismo que destapó el gigantesco desfalco de la Ley Reservada del Cobre (4 mil 500 millones de pesos) en su libro “Traición a la patria” y en la saga de reportajes “Milicogate” publicados por The Clinic.

Precisamente fue en el marco de esa investigación que las llamadas telefónicas del reportero fueron interceptadas por la Dirección Nacional de Inteligencia del Ejército (DINE). Una acción que la institución desplegó bajo el amparo de la Ley de Inteligencia, la cual permite los espionajes, pero solo cuando tengan por objetivo “resguardar la seguridad nacional” y cuando hay amenazas de “terrorismo”, las cuales deben ser autorizadas por un juez de la Corte de Apelaciones. En el caso de Weibel no se cumple con ninguna de esas premisas, ya que el reportero estaba investigando a los funcionarios militares que estaban robando dinero de la institución.

Mauricio Weibel en entrevista con El Siglo repasó algunas de las aristas que contiene el caso de espionaje en su contra. Se refirió a las cuestionables prácticas del Ejército y resaltó la importancia de ejercer el derecho a la libertad de expresión.

¿Cuál fue el compromiso que sostuvo contigo el presidente de la Corte Suprema y el Fiscal Nacional en el marco de la investigación?

Ambos me pidieron un informe escrito de los hechos que nosotros le comentamos. Hechos que podríamos decir que son sospechosamente curiosos, por ejemplo, los robos de computadores, los ataques en contra de las fuentes que en ese minuto estaban entregando información sobre corrupción y todas las situaciones que investiga la justicia militar. Cuando entregue ese informe veremos cómo avanzará la investigación en el sistema judicial.

¿Fue ilegal el operativo de espionaje en tu contra?

La ley establece que se pueden usar estas medidas intrusivas en caso de terrorismo, en caso de sublevación nacional o narcotráfico. Aquí ninguna de esas premisas se cumple, porque lo que nosotros estábamos haciendo era investigar la corrupción en el Ejército. Curiosamente en ese momento el Ejército estaba bajo al mando de un general (Humberto Oviedo) que hoy está imputado supuestamente por malversar 4 mil 500 millones de pesos.

¿El ministro de Defensa se contactó contigo o alguna otra autoridad?

No ninguno. Yo lamento la actitud del ministro (Alberto) Espina, creo que esto lo pone a él al margen de la democracia. Porque una cosa es la labor de Inteligencia, que nunca puede ser en contra de la prensa, y otra muy distinta es el derecho a la libertad de expresión. El derecho a la libertad de expresión es un derecho humano consagrado que está por sobre cualquier otra consideración jurídica y eso el ministro no lo logra entender, por desgracia.

¿Cómo te explicas que esto ocurra en democracia? ¿Crees que hay instituciones que están entorpeciendo el ejercicio periodístico?

Hay un Ejército que está fuera de los márgenes en términos de corrupción y en términos de funcionamiento democrático. No puede ser que un general de segunda línea tenga mayores atribuciones intrusivas que el Fiscal Nacional, por ejemplo. Hay una serie de situaciones en donde se hace evidente que es necesario mejorar y corregir. Esto no se trata de una situación personal mía, se trata de una situación del país.

 ¿Qué pasa con la institucionalidad que debiera resguardad la libertad de expresión y la democracia?

Espero que funcione. Que funcione la justicia, que se investigue y que se determine quiénes son los culpables operativos de esto. Porque ya los culpables, por así decirlo más grandes, están confesos, que son el general Ricardo Martínez y el general Schafik Nazal. Ahora falta que se determine quiénes son los que operaron esta situación.

¿El espionaje a periodistas se instaló en el país?

Es una duda razonable si esta es una situación excepcional que me afectó a mi o si esta es una situación que afectó también a otros periodistas. Temo que si se hace la investigación en forma rigurosa nos vamos a encontrar con que probablemente otros periodistas han sido espiados.

Hay parlamentarios, periodistas y medios de comunicación que también sufrieron persecución y espionaje en el marco de la investigación del Milicogate, pero temen denunciarlo.

Es importante que se denuncien estas situaciones porque eso permite conformar un cuadro con antecedentes y permite entender la gravedad del asunto. Un Ejército al margen de la ley es muy grave. Todavía operan en algunas lógicas de forma de funcionamiento que son propias de sistemas represivos, por tanto que no se condicen con un cuadro democrático.

¿Cómo has visto el desarrollo judicial de los casos en el marco del desfalco a la ley reservada?

Todo el país ha visto como la jueza Romy Rutherford ha hecho un trabajo espléndido. Ha procesado y encarcelado a generales. Algo inédito en nuestra historia republicana. Por eso es importante que actuaciones como la de la jueza Rutherford se vayan replicando no solo respecto del Ejército sino de todas las instituciones que enfrentan situaciones de corrupción.

¿Cómo viste que reaccionaron tus pares periodistas en este caso?

Me sentí muy respaldado por el Colegio de Periodistas. Y muy emocionado con la imagen de los colegas en el Congreso increpando al ministro Espina. Fue una sorpresa, no me lo esperaba. Esto demuestra que la libertad de expresión es un derecho que nos hermana a los periodistas, porque finalmente es esa libertad la que permite siempre exigir los demás derechos, por eso para mí es el más importante de todos los derechos humanos.

¿Qué se viene ahora?

Ahora se viene esperar a que la investigación avance. Entregar los antecedentes a la justicia. Y personalmente seguiré trabajando como periodista.

¿Tienes miedo de seguir reporteando?

No. Para nada. No le tengo miedo a un puñado de generales corruptos. No hay miedo, al contrario. Hay mucho orgullo de poder hacer un buen periodismo.