Contradictorio comportamiento en materia medioambiental y persistencia en posturas ultraconservadoras en materia internacional y frente a proyectos locales.

El Siglo

23/09/2019. Es grotesca la imagen que expone en estos días el Presidente Sebastián Piñera. Se quiere erigir como espadachín del medio ambiente y mostrarse con cartas democráticas ante la comunidad internacional.

En ese comportamiento coyuntural se muestra oportunista cuando su gobierno se niega a firmar el Acuerdo de Escazú, rechaza cambiar el atentatorio Código de Aguas, no toma medidas estructurales para la defensa de recursos naturales y protección del medioambiente, es ineficaz en enfrentar la crisis hídrica que afecta a cientos de miles de personas y amplios territorios nacionales, no avanza realmente en la descarbonización y defensa de glaciares, y su administración promueve afectaciones e intervenciones como las de la Isla Juan Fernández.

Es grosera su declaración de apoyar al ultraderechista Juan Guaido como “presidente encargado” de Venezuela, pasando por arriba de la institucionalidad y soberanía de ese país, desconociendo el resultado de unas elecciones democráticas y dando la espalda al Derecho Internacional y a la Organización de Naciones Unidas.

Todo eso mientras en Chile recurre al autoritario Tribunal Constitucional para echar por tierra leyes de contenido social aprobadas democráticamente por el Parlamento y rechaza un proceso ciudadano para cambiar la Constitución lo que, por lo demás, sentaría bases para medidas estructurales en materia medioambiental y de sistema democrático.

En rigor de hechos, Piñera llegó desacredito a la Asamblea de la ONU, con una agenda oportunista y posturas grotescas. Mostrando, eso sí, su real ADN de representar ideas y miradas de la derecha más conservadora y demagógica.