La realidad social del protagonista, el Chavo, nunca es expuesta en su totalidad, pues eso entraría en contradicción con la interpretación inocente de muchos niños.

José Luis Córdova

Periodista

23/09/2019. Ha vuelto a las pantallas de TVN la serie mexicana El Chavo del Ocho, del célebre actor y productor Roberto Gómez Bolaños (1929-2014) que hizo furor desde los años 70 en la televisión latinoamericana.

Independiente de la popularidad de su creador,  quien también es autor de personajes como el “Chapulín Colorado”, la empatía del elenco de  actores y la sencillez de situaciones y temas tratados, no faltan quienes revelan el trasfondo cultural sociológico discutible de este programa de entretención, calificado también para niños.

Con simpleza se puede colegir que es una interpretación inocente de la vida cotidiana en un barrio de clase media baja en cualquiera ciudad de nuestro continente. Nada es visto con maldad y muchas cosas pasan desapercibidas, como por ejemplo el constante descaro del Chavo y las agresiones durante el programa.

La realidad social del protagonista, el Chavo, nunca es expuesta en su totalidad, pues eso entraría en contradicción con la interpretación inocente de muchos niños. Todas las veces que el personaje va a contar su origen, éste es interrumpido por un actor secundario que evita su revelación y por eso los personajes como la audiencia viven en constante curiosidad sobre el nombre y el origen del Chavo.

Según el profesor de Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de Ciudad de México (UNACM), Luis Carrasco, «en sus programas había un auténtico bullying. Todo el mundo se burlaba de todos, todos contra uno, y era algo muy normal. Y si en esta época se planteara lo que sucedía en esos programas, no creo que fuera tan aceptado o qué tantas críticas pudiera ocasionar […]». Asimismo, critica que Chespirito «comenzó a responder a cuestiones más comerciales» en lo que llama su segunda etapa, cuando se pasó del Canal 8 a Televisa, 41 en su país de origen.​

Según el sociólogo e investigador de la UNAM, Raúl Rojas Soriano, los chistes que hacía Kiko sobre la pobreza de El Chavo, las bromas sobre la obesidad de Ñoño o el rechazo de la comunidad a la vieja Bruja del 71 exaltan comportamientos clasistas y machistas.

La vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Ecuador, Rossana Alvarado, escribió al fallecer Gómez Bolaños que «partes de Chespirito o de El Chavo no eran comedia. No es humor golpear a un niño, tratarlo como ‘tonto’ o ridiculizarlo. Eso no».​

En nuestro país, la serie pasó por varios canales. Principalmente durante los años más crueles de la dictadura militar constituyó uno de los tantos  intentos para distraer la atención de las familias sobre lo que realmente ocurría en calles y barrios mientras la gente se refugiaba en sus casas huyendo del terrorismo de estado y la represión policial.

En 1977 Gómez Bolaños realizó una gira por Chile: “No para visitar a las autoridades sino para reunirnos con nuestros seguidores”, explicaría más tarde. Otro de los actores del elenco “Kiko” volvió un par de veces encabezando un circo que tuvo exitosas temporadas en Santiago y otras ciudades.

El retorno del Chavo del Ocho a las pantallas de TVN muestra el lento desarrollo del esperado mejoramiento de las condiciones de vida de los hogares del continente y la permanencia de problemas como la discriminación, la violencia -expresada en el bulling constante-  y las desigualdades. Pero a estas alturas, estas situaciones no son materia de bromas.