Any, de Venezuela; Héctor, de España; y Alexandre, de Haití, son tres casos que cuentan a El Siglo qué significan las fiestas patrias en sus vidas desterradas.

Richard Sandoval. Periodista. 17/09/2019. “¿Primo, qué haremos para estas fiestas patrias?” pregunta Any a Adams. “Nada, yo voy a trabajar para esas fechas”, responde él. “¿Pero cómo?”, insiste Any, periodista venezolana de treinta y cinco años que en junio cumplió una temporada en Chile. “Pero cuál es el problema, ese feriado no es mío, ese feriado no es tuyo, ese feriado no es de nosotros, y para mi trabajar en las fiestas es genial, porque además voy a recibir un dinero extra”.

Any nunca lo había pensado así, pues al migrar a un país ajeno, tan lejano de su natal Isla Margarita, la adaptación indicaría que las fiestas nacionales también pasan a ser sus fiestas, pero la respuesta de su primo, que en septiembre viaja a trabajar a Antofagasta, le hizo entender que el 18, que las glorias del Ejército, que el Parque O’Higgins y la Parada Militar, nunca serán sus fiestas, pues sus fiestas están en el diciembre de Caracas, de su isla.

Amelia tiene dos años y siete meses. Es sobrina de Any, hija de Aira. Amelia llegó con apenas cinco meses a Santiago. En vísperas del aniversario 209 de la República de Carrera y Manuel Rodríguez, Amalia está aprendiendo a hablar, pero sus primeras palabras no vienen con la cadencia de los chevere, vienen con el cantito chileno. Amelia está aprendiendo a decir Chi-Chi Chi, le-le-le. Es que Amelia va a ser chilena. Ya es la chilena de la casa, todos dicen.

Any, la tía, lo va a hacer por ella. Todos en casa lo harán por ella. Any quiere en algún momento aprender a bailar cueca. Lo encuentra un baile tan bonito. Fue el año pasado, a tres meses de su llegada a Chile, que vio por primera vez a los huasos bailando. Comió anticuchos, empanadas de pino. Vio banderas en todos lados y supo que, aunque para ella la bandera tricolor nunca será más que la de las ocho estrellas venezolanas, sí lo será para su sobrina. Y así es como junto a su hermana Aira se esforzará cada año en ir aprendiendo de las tradiciones de este país que los acoge, las comidas, las canciones, la gracia y jolgorio de esta tierra imperfecta que adaptan, como la han adoptado cerca de cuatrocientos mil venezolanos que ya viven en Chile. Lo harán por Amelia, la chilena.

“Poco a poco hemos ido aprendiendo a celebrar esta actividad con el crecimiento de nuestra sobrina, porque no es nuestra fiesta, pero a ella si le pertenece y vamos a ir entendiendo poco a poco cómo es su festividad”.

Héctor Pujols va a cumplir cuatro años en Chile, el país al que se vino desde Barcelona, España. Héctor va a cumplir veintinueve años el quince de septiembre, en plena semana de celebraciones nacionales. Pero en su fiesta, en la de cumpleaños y en la de la patria que lo recibe, no estará solo. Héctor tiene una pareja que es colombiana, y amigos, compañeros, que son venezolanos, peruanos, haitianos, chilenos, rostros y manos que se multiplicarán cuando, justo después de su cumpleaños, inauguren la primera fonda de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes. La fonda estará en la calle Catedral, a metros de la Plaza de Armas, en el centro de Santiago. Un espacio que no es casual.

“La Plaza de Armas es uno de los puntos claves de la migración en Chile, por eso hacemos ahí la fonda, buscando que no solo haya cueca, que también haya cumbia, vallenato, con respeto al país. Chile es mucho más que la bandera, también es nuestro país, por el que trabajamos para construir el país que soñamos: un país que se nutre de muchas cosas. Chile se ha nutrido siempre de elementos nuevos de diferentes culturas. El país que soñamos es uno que no se niegue a sí mismo, Chile es un país migrante por naturaleza, de encuentro de diferentes pueblos, a veces más conflictivo, a veces menos, pero esperamos que sea un país para todos”.

En la fonda, Héctor y sus compañeros comerán anticuchos y empanadas, pero también arepas y platos españoles, porque “más allá de lo que representa en términos nacionales para Chile, el 18 es una fiesta de acogida. Este año se enmarca en los ochenta años que cumple la llegada del Winnipeg a Chile -el barco que trajo a refugiados republicanos españoles, mediante la gestión de Pablo Neruda- y eso es importante destacar, una fiesta vinculada con la solidaridad, el encuentro, independiente del país que seas. Estamos muy agradecidos de Chile y vamos a festejar porque también somos parte de este pueblo”.

Alexandre Berny es un joven haitiano de veintiséis años. Lleva tres años y ocho meses en Chile. Sueña con convertirse en una estrella del rap bajo su nombre artístico: Radikal. También canta reggae. La crítica social y el ritmo mueven su arte, y eso es lo que quiere regalar a Chile para festejar su fiesta. Espera que su productor, un amigo chileno, consiga alguna fecha para cantar. Pero antes, hará un show en su trabajo -donde opera una máquina cortadora de madera-,  porque ver a la gente bailar, feliz, es lo que a él hace feliz.

Berni cree que “para las fiesta patrias tenemos que celebrar el amor, la paz, la igualdad, porque somos todos seres humanos que tenemos los mismos derechos en todos los sentidos. Hay que celebrar en conjunto para que no haya discriminaciones, porque da lo mismo el color, la capacidad intelectual, el nivel social, cultural. Tenemos que compartir como personas, hacer las cosas bien, sin violencia, lo que no hay que celebrar es la delincuencia, las violaciones, la discriminación. En el tema político creo que lo que me parece más profundo es por qué no podemos legalizarnos en el país, hacer nuestro trámite como corresponde. Si uno pide cita para hacer un trámite se demoran mucho tiempo. Pasamos mucho tiempo en fila. Me gustaría que los políticos arreglen ese tema bien. Porque sin papeles al día uno no puede conseguir trabajo. Esas son cosas muy importantes para tener un mejor país”.

Alexandre es un hombre feliz. A veces, cuando hay tiempo, da clases de creol junto a una compañera chilena. Clases que le han permitido conocer a nuevos amigos, con muchos de los cuales va a “compartir en las fiestas. Voy a comer muchas empanadas, tomar mucho terremoto. No sé bailar cueca ni cumbia, pero voy a compartir igual.  Especialmente para esas fechas tenemos que hacer las cosas con respeto, porque el respeto siempre debe estar en el primer lugar, aunque no seamos iguales. Voy a celebrar porque yo no me siento como un extranjero. Me siento bien, cómodo. Aunque quisieron hacer la marcha anti inmigrante. Me gustaría que todos estemos en paz, como en mi barrio, donde me ven con mucho amor, no haciéndome sentir como extranjero”.