Los profesionales de la televisión cubren una amplia gama de labores frente a las cámaras y no siempre están habilitados para ejercerlos con propiedad.

José Luis Córdova

Periodista

16/09/2019. Actualmente coexiste una amplia gama de locutores, conductores, animadores, panelistas y noteros en la fauna de periodistas y comunicadores de nuestra televisión. La mayoría ni siquiera pasó por una escuela de periodismo ni por algún instituto profesional donde imparten curiosas «carreras» como «comunicador social» o «comunicador audiovisual».

Entre los lectores tradicionales de noticiarios encontramos desde los estilos más sobrios y clásicos; Ramón Ulloa, Mauricio Bustamante, Macarena Pizarro, Soledad Onetto, José Luis Reppening, Verónica Schmidt, Carolina Escobar y Gonzalo Ramírez que se limitan apenas a esbozar una sonrisa, a levantar cejas o mover la cabeza para expresar algún comentario mediante sutiles ademanes.

También tenemos a un grupito de deslenguados opinantes como José Antonio Neme, Daniel Matamala, Mónica Rincón, Tomás Mocciati y Constanza Santa María que se identifican por sus salidas de madre en determinados temas: por ejemplo Venezuela, la ideología de género, el apoyo o rechazo al Gobierno, etc.

Entre estos últimos (más «políticos») se muestran abiertamente «rostros» como Fernando Paulsen, Matías del Río, Consuelo Saavedra y María Luisa Godoy.

En segunda fila, sin posiciones muy claras, aparecen, entre otras y otros: Catalina Edwars, Priscila Vargas, Carla Zunino, Davor Djuranovic, Andrea Aristegui, Viviana Encina, Mónica Pérez y Mónica Sanhueza.

Resulta lamentable la ausencia en la esfera informativa de profesionales como Jean Philippe Cretton, René Naranjo, Julio César Rodríguez, Marixu Sangroniz, Carlos Pinto, Mauricio Jürgensen, Ignacio Gutiérrez, Polo Ramírez; los «deportivos» Cristóbal Guarello, Felipe Bianchi, Rodrigo Herrera sin oportunidad para expresar opiniones políticas o sociales y relegados a la entretención, el comentario deportivo o la farándula.

Juan Pablo Queraltó, Michael «Guagüito» Roldán, Cristián Pino y un puñado de los denominados «noteros» inundan las pantallas de los programas matinales sin pena ni gloria con la secreta esperanza de lograr ascender en la escala a la fama televisiva tan preciada como inocua.

Desde estas columnas saludamos al flamente colega Sergio Lagos, ex animador del Festival de Viña y rostro de la tele, que acaba de titularse de periodista profesional tras ¡23 años de estudios! Un ejemplo de porfía o perseverancia digno de imitarse por varios famosillos «entrevistadores» y/o comentaristas.

Leer con precisión el teleprónter es una técnica que a la larga puede convertirse en una práctica automática y hasta irreflexiva que desnuda a menudo problemas de redacción, errores gramaticales, de sintaxis y otros en los textos que quedan en la retina o el oído de los televidentes y son atribuidos a quienes los leen o pronuncian.

El respecto valdría la pena una capacitación básica al menos para evitar muletillas como el famoso y nunca bien ponderado «por supuesto», «digamos», «ahora» y otras frases, así como de pronunciación de apellidos o nombres de ciudades de origen extranjero.

Los profesionales de la televisión cubren una amplia gama de labores frente a las cámaras y no siempre están habilitados para ejercerlos con propiedad. Colegas para todos los gustos.