La organización popular y su capacidad de luchar tras objetivos transformadores, no es ajena al enfrentamiento ideológico-político que se debe dar en el seno de las actuales organizaciones populares.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

15/09/2019. El pasado 11 de septiembre, a lo largo de Chile, con múltiples actividades, los sectores populares rescataron como memoria histórica, pero también con sentido de aprendizaje de lecciones para el futuro, el ejemplo del presidente mártir Salvador Allende y el proceso de la Unidad Popular. Transcurridos 46 años de los luctuosos sucesos, el paso del tiempo acrecienta el valor de ese periodo histórico. La sistemática conducta de la derecha de enlodar y tergiversar la historia de nuestro país ha chocado con la persistencia de la memoria del pueblo y la solidez de los hechos. La actual reacción negacionista de sectores de derecha, amparados en el gobierno de Piñera, sumado en algunos lugares a provocaciones de sectores falsamente de izquierda, no lograron opacar el carácter profundamente popular y con perspectivas de futuro que adquirió esta conmemoración.

La memoria histórica  jugará sin duda un rol en la necesaria politización de las masas populares, que debe convertirse en un dique que detenga, por ejemplo, la extraviada conducta de la actual administración, que siguiendo las instrucciones de un desvariado Trump, revive un fantasma de la guerra fría, el TIAR( Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), con la  oscura pretensión de intervenir militarmente Venezuela, mostrando la irresponsabilidad con la cual este gobierno sigue manejando nuestra política internacional, en particular con las otras naciones de nuestro continente. La delirante intención de instalar como Jefe de Estado a un sujeto cuyos puntos de apoyo son el narcotráfico y el gobierno de una potencia extranjera, no sólo violenta la tradición de la política exterior que Chile ha mantenido, incluso durante gobiernos de derecha, sino se constituye en un factor de riesgo a futuro. Un delirante que se extingue en su verborrea como lo es Bolsonaro,junto a un exánime Macri  son las compañías que Piñera escogió para esta aventura. Al igual que en su irrisorio viaje a Cúcuta, no hay noción de realidad, no hay responsabilidad gobernante.

Sin embargo, este gobierno chapucero sigue intentando legislar en beneficio de la minoría de privilegiados económicamente a los cuales representa, ante una oposición parlamentaria que no logra unificarse con posibilidades de hacer frente a esta embestida reaccionaria. La acusación constitucional contra la dogmática e ineficiente ministra de Educación Cubillos, pareciera destinada al fracaso, enredada en argumentaciones que obvian lo central: ésta es una ministra que ha empleado su poder para impedir niveles mínimos de igualdad en la educación que reciben los/las niños/niñas en Chile y eso es sancionable, más allá de la orientación ideológica del gobierno de turno. Allí radica la importancia de la organización popular y la lucha por sus derechos.

La organización popular y su capacidad de luchar tras objetivos transformadores, no es ajena al enfrentamiento ideológico-político que se debe dar en el seno de las actuales organizaciones populares. Conducta diferente tendrían muchos/as  parlamentarios/as frente a la acusación a la ministra Cubillos si el movimiento estudiantil no estuviese anulado por años de desorientada dirección. Por eso, cuando la principal organización del magisterio chileno, el Colegio de Profesores, enfrenta un proceso electoral, va más allá del magisterio la responsabilidad para recuperar la incidencia en este gremio, enredado en la ineptitud de la actual dirigencia. Un Colegio de Profesores en cuya dirección incidan los intereses del gremio, pero también los de la niñez injustamente castigada por el sistema, es lo que necesitamos y para eso se requiere modificar la correlación de fuerzas que se da en esta organización sindical.