La derecha mostró su rostro. La estocada de Rubilar y la ofensiva contra 40 horas. La infamia y el peligro del TIAR.

Equipo ES. 13/09/2019. 11/9: La derecha mostró su rostro

La conmemoración de los 46 años del golpe militar contra el gobierno constitucional de Salvador Allende mostró el rostro de varios sectores políticos sin ambages, incluso más nítidamente que en años anteriores donde personeros de la derecha, incluido Sebastián Piñera, quisieron instalar una imagen democrática.

El desprecio y la posición política del ministro del Interior, Andrés Chadwick, respecto al derrocamiento de aquel gobierno y la instauración de un régimen dictatorial, quedó sintetizada en su afirmación de que el 11 de septiembre es “un día normal” y su posterior silencio en relación a los crímenes cometidos durante 17 años. En todo caso, es coherente con que Chadwick fue dirigente de la organización juvenil creada por Augusto Pinochet y fungió como presidente impuesto y partidario de la tiranía en la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC). Lo dicho por el titular de Interior respondió a una decisión del Presidente Piñera -avalada por su equipo político- de no realizar ceremonias, ni siquiera sobrias o religiosas, en relación al golpe militar y el recuerdo de las víctimas. Sin embargo, al transcurrir las horas de este 11 de septiembre, en el gobierno detectaron que comenzaban a pagar un costo por el silencio y la indiferencia ante una fecha de tanto impacto y rememoración en el país. Por ello, de manera improvisada, se decidió que Piñera saliera a un patio de La Moneda a decir unas palabras. Claro que no habló de lo dramático y criminal de interrumpir un gobierno constitucional de manera violenta y traicionando al Presidente de la República, ni de las víctimas, violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, sino que se paró desde una tesis infantil y primaria de que hay que superar fechas que “dividen a los chilenos”, echándose al bolsillo toda la connotación histórica y contenido político del suceso.

Un hecho que marcó la agenda del 11, fue el inserto que publicaron y pagaron en El Mercurio, un grupo de pinochetistas y ultraderechistas, queriendo hacer un parangón entre la supuesta realidad de hoy en Venezuela, con la de Chile en 1973, con una secuencia de citas antojadizas y mal usadas, y de paso así justificar el golpe de Estado y la instalación de una dictadura represiva y autoritaria. Eso produjo una reacción transversal en el país. Diversos sectores rechazaron el inserto y su contenido por desfachatado, falaz e intencionado en la defensa de una tiranía. También hubo extendidas muestras de rechazo al papel de El Mercurio. La transversalidad de la reacción se vio en la manifestación de los estudiantes de la Universidad Católica, en una protesta de trabajadores y profesionales de El Mercurio y declaraciones de dirigentes y legisladores de distintos sectores políticos.

En esa línea, hubo acciones de grupos ilegales ultraderechistas y pinochetistas, que agredieron memoriales y otros espacios de homenaje a víctimas de violaciones a derechos humanos, y declaraciones de personeros reaccionarios que atacaron al gobierno de Allende y reivindicaron al régimen dictatorial.

Un contrapunto, a lo largo del país, decenas de miles de personas participaron en romerías, marchas, actos culturales, velatones y otras actividades, en conmemoración de los 46 años de la asonada militar, en homenaje a Salvador Allende y en recuerdo de quienes fueron hechos desaparecer y asesinados por parte de elementos de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Una vez más quedó clara la presencia de Allende en la memoria histórica y democrática del país, el legado de un profundo proceso social y la reivindicación de verdad y justica ante los crímenes de la dictadura.

La estocada de Rubilar y la ofensiva contra 40 horas

No está confirmado, pero la especulación de que la Intendenta de la Región Metropolitana, Karla Rubilar, recibió una orden de La Moneda para prohibir el Festival por las 40 Horas en una zona cercana a Plaza Italia, rondó en pasillos de la política. También se especuló con que esa decisión la tomó Rubilar para compensar el enojo y desagrado que produjo en el gobierno y en la derecha su foto junto a las diputadas Camila Vallejo y KarolCariola cuando ellas concurrieron a la Intendencia a solicitar el permiso para el festival.

Como sea, la no autorización del evento se sumó a la oleada de acciones que está tomando el gobierno para golpear la iniciativa de las 40 horas y cualquier factor que signifique seguir amplificándola y mostrando el amplio apoyo ciudadano que tiene. En el oficialismo están preocupado de que el festival termine siendo otra manifestación indesmentible del apoyo popular del proyecto presentado hace dos años por Camila Vallejo y donde el Partido Comunista aparece protagónico.

En esa línea, durante la semana el Presidente, ministros, abogados y parlamentarios de la derecha dieron explícitas señales de torpedear la discusión y votación del proyecto en el pleno de la Cámara de Diputados y de concretar la amenaza de llevar el tema al Tribunal Constitucional y así abortar una decisión democrática y mayoritaria de los legisladores.

Junto a eso, persiste la campaña para desacreditar la iniciativa apuntando a que afectará los salarios, el empleo y la productividad, y especialmente desde La Moneda refuerzan la tesis de inconstitucionalidad del proyecto porque generaría gastos al Fisco (por supuesto pago a funcionarios públicos), lo que implicaría que un texto de esas características solo puede ser enviado al Parlamento por el Ejecutivo.

Al mismo tiempo, desde la Bancada Transversal por las 40 horas, desde sectores sindicales, de parte de abogados constitucionalistas y partidos progresistas y de izquierda, se señala que es falso que la iniciativa genere gastos al Fisco, y que de todas maneras no afecta al empleo, a los salarios, a la productividad ni a las empresas, sino que mejora las condiciones de los trabajadores, su calidad de vida, su convivencia familiar y se combate el estrés y el agobio laboral.

La infamia y el peligro del TIAR

El gobierno sigue jugando a la intervención y la desestabilización en Venezuela. Y ahora dio un paso en cuanto a apoyar y avalar una posible intervención militar extranjera en esa nación. Sebastián Piñera dio instrucciones a su Canciller, Teodoro Rivera, para que se diera el voto a favor de activar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), diseñado esencialmente para el “empleo de la fuerza armada”, y que sería aplicado contra los venezolanos. De esa manera, se siguió la orientación e interés de los gobiernos ultraderechista de Brasil e intervencionista de Estados Unidos, quienes impulsaron y pidieron esa votación en la Organización de Estados Americanos (OEA) para aplicación del TIAR.

Queriendo sacarse de encima el bulto, el Canciller de Piñera salió a decir que se había votado de esa manera pero ello no implicaba estar a favor de la intervención y la acción armada en contra de Venezuela. Una distorsión tremenda, ya que el voto a favor incluye explícitamente que se puede usar “la fuerza militar” y los gobiernos que firmaron tienen la obligación, ante la OEA, de aportar los medios y apoyos necesarios para las acciones que se ejecuten.

Desde distintos sectores del país se hizo ver que con esto el gobierno de Piñera rompió varias décadas en que Chile se restó de respaldar cualquier vía que permita el uso de la fuerza, más aun tratándose de países extranjeros en contra de otro, para dirimir conflictos internos, y puso al país en el listado de los que están de acuerdo en la opción militar en contra de una nación, violando principios de respeto a la soberanía. Más aun, cuando se sabe que es el gobierno de Donald Trump y la ultraderecha latinoamericana los que encabezan la aplicación de acciones drásticas y armadas contra Venezuela, en la idea de derrocar al gobierno bolivariano.

El gobierno de Piñera volvió a colocarse sin más al lado de los sectores ultraderechistas que intentan intervenir en Venezuela y echar abajo a un gobierno constitucional, y ahora se sumó a la posibilidad de que se aplique un plan de injerencia armada. Es factible, dadas las numerosas críticas que ya recibió en estos días, que este sea otro caso que le pase la cuenta al oficialismo.