El programa de logró plasmar las contradicciones del orden social imperante, es nuestro desafío político empezar a caminar en esa misma senda.

Maya Fernández Allende. Diputada. Partido Socialista. 13/09/2019. El 4 de septiembre se cumplirá un nuevo aniversario de la victoria de la Unidad Popular, aquella “limpia victoria alcanzada” como lo dijera Salvador Allende en los balcones de la Fech. Era septiembre de 1970 y los ojos del mundo observaban esa gesta histórica, donde una pequeña faja de tierra austral decidía trazar el camino hacia el socialismo, respetando las reglas de la democracia y el pluralismo.

Aquel triunfo de las fuerzas populares fue la culminación de un proceso arduo y complejo, en el que la izquierda logró ir configurando una propuesta de transformación que abordaba los principales problemas del país. Las cuatro elecciones que encabezó Allende son justamente expresión de ese recorrido de maduración de los partidos de izquierda y del movimiento popular. Se han escrito y documentado infinidad de reseñas y tesis sobre su épica, alcances, fallos y derrota. Pero lo importante es obtener lecciones para nuestras actuales coyunturas del proyecto de la Unidad Popular, porque en esa historia existe un legado para las fuerzas progresistas de hoy.

Quisiera recordar solo tres temas programáticos de la UP, y como estos nos entregan un camino para nuestras de luchas actuales y futuras: nacionalización del cobre, reforma agraria y el medio litro de leche para todo niño y niña del país.

Aprobada por la unanimidad del Congreso, la nacionalización del cobre vino a ser una respuesta al diagnóstico crítico del mínimo provecho que tenía el país respecto de la explotación que realizaban las empresas norteamericanas. Era lo que Allende calificó como “la segunda independencia”. Esta expresión tiene plena vigencia hoy en día, ya que nuestro país no ha dejado de ser dependiente económicamente de la explotación de sus recursos naturales, y la disputa por sus formas de explotación es algo que debe ser motivo de preocupación de las mayorías nacionales. Esto tiene que ver cómo enfrentamos la discusión respecto del litio, pero sobre todo debe guiarnos para enfrentar el problema político del agua. El dilema sigue siendo el mismo: al servicio de quien están nuestros recursos naturales.

La reforma agraria fue uno de los grandes procesos de transformación sociopolíticos del siglo XX que llevaron adelante las fuerzas progresistas. Enfrentarse a las estructuras de relaciones sociales y económicas en el mundo del campo, que tenían sus raíces en la colonia, era un conflicto insoslayable. Las relaciones de explotación mantenían al campesinado no solo en la pobreza, sino como sujetos cuyos derechos eran pisoteados. Por eso, la fuerza de la reforma agraria estaba en el empoderamiento de los desposeídos. La izquierda no debería perder esta sencilla idea fuerza, las transformaciones que impulsemos tienen que implicar una transformación en la subjetividad de los sujetos y la cultura de nuestra sociedad. Así como en el periodo de la UP se conceptualizaba la noción del Movimiento Popular, hoy debemos pensar nuestra acción en torno a las nociones de ciudadanía y participación, como una forma de empoderar aaquellos sectores sociales afectados por el modelo neoliberal. Democratizar nuestra sociedad para enfrentar sus injusticias es lo que hizo la UP.

El medio litro de leche para todos los niños sin duda es una de las medidas más icónicas del programa de la UP. El Estado se hacía cargo de enfrentar un problema endémico como era la desnutrición infantil. Instalaba el derecho de los niños a no tener hambre. Esa preocupación por el bienestar social del pueblo era el trasfondo ético que sustentaba a la UP. En estas épocas de abundancia y consumismo la izquierda no puede perder de vista las formas de marginación y pobreza que nuestra sociedad tiene hoy en día. El medio litro de leche expresaba un anhelo por construir una sociedad diferente en la que no fueran aceptadas realidades tan dramáticas como la desnutrición infantil. Era algo sencillo pero poderoso, que fue capaz de guiar la acción política de la izquierda chilena. Creo que hoy hemos perdido algo de ese legado.

La UP y Allende se mantienen en la memoria del pueblo como la culminación de un proceso de lucha y transformación que desarrolló la izquierda durante el siglo XX. Eso fue posible por un largo y complejo camino de construcción de unidad, la cual fue posible únicamente cuando se fue convergiendo en una idea de país que se pudo plasmar en un programa, en el que cada medida tenía un profundo significado político para las mayorías nacionales. El programa de la UP logro plasmar las contradicciones del orden social imperante, es nuestro desafío político empezar a caminar en esa misma senda para lograr una verdadera unidad, basada en ideales comunes de transformación social. Solo así la izquierda tendrá un rol en las luchas sociales futuras de nuestro país.