La televisión internacional está marcando la pauta en materia de acusaciones de abuso sexual, de poder, fraudes y otros bullados casos.

José Luis Córdova

Periodista

10/09/2019. Si siguiéramos estrictamente el molde norteamericano para las series, nuestro país sería un ejemplo a seguir en materia de escándalos políticos y sociales como ejemplos de dramas, comedias y «hechos de la vida real» para la dramaturgia televisiva.

La televisión internacional está marcando la pauta en materia de acusaciones de abuso sexual, de poder, fraudes y otros bullados casos. La pedofilia, femicidios, masacres, torturas, persecuciones y otras prácticas de la mafia, el crimen organizado y también la policía y del sistema judicial norteamericano ofrecen temas cotidianos como inspiración para guionistas y dramaturgos de la TV.

«The Morning Show» será una superproducción que Apple colocará en pantalla, con cotizados actores sobre un matinal estadounidense donde aparecerán despidos injustificados de «rostros», la guerra brutal por el rating, abusos, conductas sexuales inapropiadas y otros excesos.

En nuestro país, autores como Pablo Illanes («Fuera de control»), Josefina Fernández («Los archivos del cardenal»), Sebastián Arrau («Machos») y Mauricio López («La jauría») tendrían temas de sobra con los crímenes del profesor Nibaldo Villegas, el femicidio de Fernanda Maciel, la trama en torno a los pagos de favores políticos de Penta, Corpesca, SQM, el caso Caval, el incremento de las bandas de narcotraficantes y otros.

Las exitosas series «Ecos del desierto» y «Los 80» (Wood Producciones) abrieron una senda que continuó la profunda repercusión de largometrajes como «La Frontera», «Machuca», «No» y otros basados en hechos reales de la época pre y post dictatorial que el país no ha superado ni menos aceptado, con su secuela de terrorismo de estado, crímenes de lesa humanidad y genocidio.

Las tareas pendientes de verdad y justicia no logran imponerse en el inconsciente colectivo más allá de la nostalgia, el negacionismo y la impunidad manifiesta en material judicial. Es probable que justamente aquellas materias en suspenso impidan relatar hechos terriblemente dramáticos y reales que vivieron generaciones recientes.

Es conveniente destacar, en el canal La Red el excelente trabajo de periodismo de investigación en terreno de la colega María Ignacia Rocha, a quien le ha correspondido reportear muy responsable y seriamente el caso de la joven Fer que ha causado impacto nacional. Sin exageraciones, ni aventurando hipótesis ha cubierto los más diferentes ámbitos de este trágico acontecimiento con un alto grado de profesionalismo que ni siquiera la PDI ni Carabineros han logrado en este caso. Un ejemplo a seguir.

Por ahora, los canales de televisión abierta prefieren optar por transmitir series turcas que muestran otras realidades ajenas a nuestra idiosincrasia que sólo despiertan indignación entre el feminismo militante y la pugna por la llamada «ideología de género».

Las y los amantes de las teleseries nacionales se reparten hoy en día entre las comedias «Gemelas», «Amor a la Catalán» y «Yo soy Lorenzo» que se abrieron paso tras las sórdidas historias de «Río Oscuro» y «Juegos de Poder» y «Pacto de Sangre».

Las tramas no se agotan y nuestra realidad contemporánea semejan verdaderamente una teleserie con vía crucis inclusivo para los sectores más vulnerables, como se dice en estos tiempos. Pero tampoco podría descartarse la producción de una telenovela sobre estafas y fraudes en el seno de una familia «presidenciable» o de un ex mandatario o un precandidato de ultraderecha. Hechos reales en tiempos de escándalos.