“El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente…Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse”.

Santiago. 04/09/2019. Extracto de la entrevista que el Presidente Salvador Allende Gossens concedió al periodista francés, Régis Debray.

Compañero Presidente: ¿cambia un hombre cuando está en el poder?

Mira, Régis, a mí me dijeron siempre “el compañero Allende”. Hoy me dicen “el Compañero Presidente”, claro está que yo peso la responsabilidad que eso significa.

….¿Cómo resulta en la práctica esta función de Presidente? ¿No tiene algo paralizante, protocolar, agotándose en su propia formalidad? ¿No siente el peligro de que la institución le vaya dominando poco a poco?

Evidentemente el peligro existe, pero, como tenemos conciencia de él, tratamos de eliminarlo. Además, el contacto con el pueblo, con las masas, la presencia de ellas, por ejemplo, del campesino, de los mineros del carbón, del diálogo con los dirigentes sindicales o con los pobladores, el vivir sus inquietudes, el oír sus críticas a lo que estamos haciendo, pone un empuje mayor a la obra revolucionaria en que estamos empeñados. Si acaso me sometiera a la vida tradicional de un Presidente, si acaso no tuviera conciencia muy clara de que no se trata de llegar a la presidencia para mantener lo existente sino para transformarlo en forma revolucionaria, es posible que me sintiera amargado por las trabas formales en que se mueve un Presidente tradicional. En cada uno de los aspectos protocolares, uno puede ir mostrando un criterio distinto desde lo más simple hasta lo más significativo. Aquí ya nadie usa frac para las ceremonias oficiales, tampoco utilizamos más las carrozas de palacio. Hemos roto el concepto tradicional del protocolo. ¿Por qué? Porque cuando conversamos con la gente le planteamos nuestros puntos de vista, señalamos lo que somos, dónde vamos. No son conversaciones sin contenido.

Aquí sigue intacta la democracia burguesa. Usted tiene el Poder Ejecutivo.

Sí.

Pero no el Legislativo, el Judicial, ni tampoco el aparato represivo.

Tienes razón. ¿Qué dijimos en la campaña electoral? Que si era difícil ganar la elección y no imposible, la etapa entre la victoria y la toma del gobierno iba a ser muy difícil y más difícil todavía era construir, porque nosotros estábamos haciendo un camino nuevo, un camino de Chile para Chile, de los chilenos. Hemos dicho que aprovecharemos aquellos aspectos de la Constitución para abrir paso a la nueva Constitución, la Constitución del pueblo.

Los trabajadores detrás de usted han conquistado el gobierno, y si le pregunto cuándo y cómo van a conquistar el poder, ¿qué me contesta usted?

Contesto que lo vamos a conquistar cuando el cobre sea nuestro, cuando el hierro sea nuestro, cuando el salitre sea auténticamente nuestro, cuando hayamos hecho una profunda y rápida Reforma Agraria, cuando controlemos el comercio de importaciones y exportaciones por parte del Estado, cuando colectivicemos gran parte de nuestra producción, y digo gran parte porque honestamente le hemos planteado al país, en el programa, que habrá tres áreas: el área de la economía social, el área mixta y el área privada. Entonces, si esas cosas -hacer válida la soberanía, recuperar las riquezas básicas, atacar a los monopolios- no conducen al socialismo, yo no sé qué conduce al socialismo.

Siendo el papel suyo, de unificador de las izquierdas, de catalizador de las fuerzas populares hace pensar que alguna razón tendrá actualmente el enemigo interno y externo para intentar eliminarlo: si a usted le ocurre eso, ¿qué es lo que cree que pasará?

Es una creencia espontánea de la clase burguesa pensar que es la personalidad la que hace la historia. Esta creencia la alienta la reacción y la convierte en táctica; de ahí que uno de los procedimientos preferidos sea el de recurrir a estos métodos, pero contra eso tenemos un pueblo consciente. Yo creo que el camino aparentemente más fácil para la reacción sería éste, pero en realidad las consecuencias serían aún peores para ellos. No es que yo sea un dique de contención, pero indiscutiblemente, si eso ocurriera, quedaría en evidencia que la reacción no acepta las reglas del juego que ella misma estableció. No pueden imputarme cargos: ¿Las libertades? Existen todas: de reunión, de opinión, de prensa, etcétera. El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse. En el caso de Chile, si me asesinan, el pueblo seguirá su ruta, seguirá su camino con la diferencia quizá que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque serán una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada. Y yo tengo contabilizada esa posibilidad; no la ofrezco ni la facilito, pero tampoco vivo con la preocupación de que esto pueda ocurrir…. En lo personal, yo he dicho y lo reitero, que yo no soy un mesías ni un caudillo.

El pueblo es uno solo y la Unidad Popular son seis movimientos o partidos. ¿Usted ve posible más adelante su unidad en una sola fuerza política?

Eso se verá en la marcha. La dinámica del proceso revolucionario irá creando las condiciones en un determinado momento para algo así como el partido de la revolución. Pero hablar en estos instantes de un partido único de la revolución es una utopía. En un tiempo más, si las condiciones van madurando, quizá sea necesario, pero vamos primero operando dentro de la realidad que tenemos. Esta realidad es dinámica. La unificación será más fuerte mientras más fuerte sea la resistencia de los enemigos. Y ellos seguirán resistiendo.

Además un partido único no puede instaurarse desde arriba por una medida burocrática, es necesario ante todo que las masas lo anhelen y tengan necesidad de él.

Evidente, evidente. Mira, Julio César no era marxista pero decía: “Apresúrate lentamente”

Un compañero dirigente de su partido, el Partido Socialista, me dijo recién: Si no hay enfrentamiento es que habrá traición. ¿Usted cree inevitable el enfrentamiento?

Es que el enfrentamiento se produce todos los días, en todos lados, Régis, de modos muy distintos.

Me refería a un enfrentamiento frontal, decisivo, una ruptura abierta del estado de coexistencia. Un levantamiento militar, por ejemplo…

Eso dependerá de ellos. Si ellos lo provocan, se va a producir, pero en todo caso, nosotros esperaremos que ellos lo provoquen. Estamos vigilantes. Por lo demás no somos mecanicistas. Los enfrentamientos se vienen sucediendo en la historia de Chile desde tiempo atrás. Tú debes conocer la larga lista de las masacres de obreros y campesinos bajo el dominio de la burguesía. ¿Qué se entiende por enfrentamientos? Los hay mientras hay contradicciones en la sociedad y éstas subsisten incluso en el periodo de la construcción del socialismo. Separemos los antagonismos; ésos están determinados por la lucha de clases.

Y se va a agudizar la lucha de clases en este momento.

Tú comprendes que una vez aplicada la Reforma Constitucional nuestra se hieren intereses poderosos internos y foráneos. Esa gente afectada por la Reforma Agraria o por la nacionalización de los bancos, va a querer reaccionar. Antagonismo, ¿cómo no va a haber? Sí, nosotros partimos del hecho esencial de la lucha de clases. Sabemos que los grupos oligárquicos, los grupos plutocráticos, los grupos feudales, tratarán de defender sus privilegios a toda costa.

…Tengo entendido que no les sobran a los revolucionarios aquí, ni siquiera para defenderse. En una revista francesa de izquierda vi un titular sobre Chile: “La revolución sin fusiles”. ¿Le parece realista la fórmula?

Yo creo que sí. Estamos en una etapa revolucionaria. ¿Cómo podemos definir una revolución? Desde el punto de vista sociológico, yo te lo pregunto.

Para mí la cuestión de la violencia no es piedra de toque.

Está bien. Es el paso del poder de una clase minoritaria a una clase mayoritaria.

Eso como definición mínima.

Aquí la clase minoritaria ha sido desplazada por el pueblo y eso ha sido evidente porque si la clase minoritaria estuviera en el poder no habría nacionalización del cobre, no habría nacionalización de los bancos, no habría Reforma Agraria.

Pero hasta el momento el gobierno, digamos, no se ha salido de los marcos reformistas. Ha actuado dentro de la Constitución que le había legado el gobierno burgués anterior, ha actuado dentro de los moldes institucionales establecidos; por eso se puede decir que hasta el momento hubo reformas…

Yo creo que nosotros hemos utilizado aquellas que le abren el camino a la revolución. Ahora tenemos la pretensión, y eso sí que lo voy a decir con modestia, de estar creando un camino distinto y demostrar que se pueden hacer estas transformaciones profundas que son el camino de la revolución. Nosotros hemos dicho que vamos a crear un gobierno democrático, nacional, revolucionario y popular que abriera el camino al socialismo porque el socialismo no se impone por decreto. Todas las medidas que hemos tomado son medidas conducentes a la revolución.

Estatuto de Garantía: “No cambiamos ni una coma del programa”

…Se consolida esta situación, luego entonces, garantías hay. Sin hablar de las garantías constitucionales…

…Que tuvimos que dar, nos significaba alcanzar el gobierno sin desmedro de nuestro programa.

¿Era imprescindible negociar este Estatuto de Garantías democráticas?

Sí, y por eso lo hicimos. Sigo convencido que fue correcto producir ese Estatuto de Garantías pero es conveniente aclarar que no es justo usar la palabra negociación, por cuanto nosotros no cedimos una línea de nuestro programa de gobierno. Ubícate en el período en que se produjo ese Estatuto y lo medirás como una necesidad táctica. Hemos hablado bastante del dramático periodo comprendido entre el 4 de septiembre y el 24 de octubre. Piensa en un Chile castigado por la llamada Campaña del Terror, como se llamó al proceso de amedrentamiento psicológico del pueblo impuesto por sus enemigos. Esa campaña corría parejas con el asombro del mundo que miraba a este pequeño país para decir: “Por primera vez un marxista gana el gobierno en una elección”. Un sector del Partido Demócrata Cristiano, con uno de sus líderes a la cabeza, Radomiro Tomic , llegó a la conclusión que si ese partido no entregaba los votos de senadores y diputados para producir una mayoría que reconociera nuestro triunfo, Chile iría a la guerra civil. Ese sector propuso, entonces, que se reconociera la victoria de la Unidad Popular a cambio de un “Estatuto de Garantías”. Por un lado dijeron que nosotros, teñidos por la ideología de la clase revolucionaria, provocamos terror, pero al mismo tiempo agregaron que no podían ser responsables de la guerra civil. Así salió el “Estatuto”. Léelo y compáralo con nuestro programa de gobierno para llegar a la conclusión que no cambiamos ni una coma del programa. En ese momento lo importante era tomar el gobierno.

A.L.: “Tiene que alcanzar su independencia política; la independencia económica”

¿Cómo ve, a partir de la experiencia chilena, a partir de la victoria popular en Chile, el porvenir de América Latina?

Con victoria o sin victoria, siempre he dicho lo mismo: Latinoamérica es un volcán en erupción. Los pueblos no pueden continuar muriéndose a medio vivir. Tú sabes perfectamente bien que en este continente hay 120 millones de semianalfabetos y analfabetos; tú sabes que en América Latina faltan 19 millones de viviendas y que el 70 por ciento de la gente se alimenta mal, tú sabes que potencialmente nuestros pueblos son riquísimos y sin embargo, son pueblos con desocupación, con hambre, con incultura, con miseria moral y miseria fisiológica. Los pueblos de América Latina no tienen otra posibilidad que luchar -cada uno de acuerdo con su realidad-, pero luchar….Para conquistar su independencia económica y ser pueblos auténticamente libres en lo político también…Ésa es la gran perspectiva y como Presidente puedo decirlo, sobre todo a la juventud, que en el camino de la lucha, en el camino de la rebeldía, en el camino de la consagración hay que estar junto a los trabajadores, está la gran perspectiva y la gran posibilidad. Este continente tiene que alcanzar su independencia política; nosotros tenemos que hacer la independencia económica. Algún día, América Latina tendrá una voz de continente, una voz de pueblo unido, una voz que sea respetada y oída, porque será la voz del pueblo dueño de su propio destino.