Este es un gobierno que medido en términos de gestión y compromisos centrales adquiridos durante su campaña ha sido un fracaso.                          

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

01/09/2019. “La unidad más amplia de la oposición obliga a fortalecer nuestro acuerdo de UNIDAD PARA EL CAMBIO a lo largo del país como esfuerzo principal” señalábamos en la columna de la semana anterior. El miércoles recién pasado Unidad para el Cambio se reunió con la convergencia de los partidos PS-PPD y PR, en la intención básica de concordar criterios para enfrentar la ofensiva gubernamental, la cual a través de diferentes iniciativas de ley, busca profundizar y darle permanencia al actual sistema. Será la construcción de una plataforma mínima común la cual posibilitará los necesarios acuerdos electorales posteriores que posibiliten el desplazamiento de la derecha del poder.

Este es un gobierno que medido en términos de gestión y compromisos centrales adquiridos durante su campaña ha sido un fracaso. Sin embargo, ha tenido la habilidad necesaria y la complementariedad de algunos sectores opositores para ir desarrollando una agenda de proyectos de claro sentido anti popular, como lo son por ejemplo la reforma tributaria, la reforma de pensiones cuyo trámite pretende agilizar estos días en el parlamento, el proyecto que modifica el código del trabajo, la “modernización” de la Dirección del Trabajo, la “sala cuna” universal, la modificación del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, la reforma a FONASA e ISAPRES, las modificaciones a la ley antiterrorista, el control de identidad a niños y niñas desde los 14 años, entre otras iniciativas de ley, que están en diferentes estadios de tramitación en el congreso. La orientación general de estas iniciativas es un Estado absolutamente funcional a los capitales privados, con una capacidad de represión suficiente que le asegure permanencia. Nuevos proyectos anunciados responden a la misma lógica, por ejemplo, la fusión de los ministerios de Vivienda y Bienes Nacionales, reduce la visión de territorio exclusivamente a lo urbanístico inmobiliario, en beneficio de este sector empresarial, soslayando los otros múltiples usos del territorio, como lo es entre otros, el espacio para generar energías no contaminantes (campos de energía eólica o fotovoltaica)

Para enfrentar estos desafíos, la fuerza parlamentaria siendo necesaria es insuficiente, por la dispersión de la oposición en el congreso y porque la iniciativa de ley reside principalmente en el poder ejecutivo. Hoy más que nunca es imprescindible la masiva expresión de tod@s l@s afectad@s por estas políticas del gobierno del presidente Piñera y que esta movilización popular sea amplia, unitaria y con clara direccionalidad. El llamado de un conjunto de organizaciones sociales agrupadas bajo el nombre de Unidad Social para manifestarse el próximo jueves 5 de septiembre es una iniciativa primera, que obliga a asumirla responsablemente para así proyectarla en futuras jornadas que tengan la capacidad de inhibir los proyectos de la derecha, pero a la vez de proponer proyectos de desarrollo alternativos.

Debemos asumir que tenemos una dificultad cierta para comunicar con claridad nuestra propuesta a la gran masa de la población, abrumada en su cotidianidad y bombardeada con mensajes de la ideología dominante a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Por eso es un triunfo, más allá del resultado final, la propuesta de nuestra compañera Camila Vallejo de rebajar la jornada laboral de 45 a 40 horas de trabajo. Porque interpela y recoge el sentido común de una gran masa de asalariados a quienes favorece, porque se vuelve  transversal recibiendo apoyo de diferentes sectores políticos, incluso de derecha, independiente de sus motivaciones, porque obliga al gobierno a desenmascararse como defensor de los empresarios, porque éstos no pueden obviar rechazar este proyecto recurriendo a la racionalidad económica exclusiva de incrementar sus utilidades sin importarles la calidad de vida de los trabajadores, porque en definitiva, entrega a los trabajadores y trabajadoras una bandera con la cual seguir avanzando.