En conversación con El Siglo, Camila Vallejo detalla cómo nació el proyecto que hoy tiene al gobierno de Sebastián Piñera contra las cuerdas.

Igor Mora. Periodista. 30/08/2019. Las últimas semanas han sido particularmente movidas para la diputada Camila Vallejo (Partido Comunista). Junto con la serie de reuniones para consolidar apoyos parlamentarios al proyecto de rebaja a 40 horas de la jornada laboral semanal, se han sumado seminarios, conversatorios, reuniones con la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y sindicatos, entrevistas, además de “volanteos” en plazas y ferias para explicar los alcances del proyecto.

Una iniciativa que nació de la conversación con trabajadores y trabajadoras que le manifestaban su cansancio por las largas jornadas laborales y el desconsuelo por las pocas horas con sus familias. Una propuesta que hoy tiene al gobierno de Sebastián Piñera desplegado para evitar que se convierta en ley.

¿Qué motivó la creación y presentación del proyecto “40Horas”?

Fue hace como tres años. Íbamos camino a Valparaíso y algunos compañeros de equipo comentaban la cantidad de horas que trabajábamos en la semana. Yo les dije que pensaran en las y los trabajadores que salían de madrugada de sus casas a trabajar y que regresaban de noche cuando sus hijos estaban prácticamente durmiendo. Más aún, en aquellas mujeres que llegaban de noche a seguir trabajando en la casa, que era lo que me comentaban en el distrito.Empezamos a sacar cuentas de que en las horas trabajadas no se consideran los tiempos de traslado y tampoco los de colación, porque no son horas “efectivamente” trabajadas. Ahí empecé a preguntar decididamente a todas las personas en mis salidas a terreno a qué hora salían a trabajar y a qué hora llegaban. Fue ahí cuando se me aclaró el panorama completo y pensé: “Esto anda muy mal, las personas están reventadas”.

¿Pensaste en algún momento que el proyecto generaría este debate, que incluso llegó a medios internacionales?

Nunca he dejado de pensar que es un proyecto sumamente relevante para Chile. Cada día que pasaba, recabábamos más antecedentes y estudios que reafirmaban la necesidad de reducir prontamente la jornada laboral; de aumentar el valor del trabajo; de garantizar más tiempo en familia; de disminuir el estrés laboral y los problemas en salud mental. Hemos estado trabajando sin parar en esta iniciativa. Es el proyecto que más me ha motivado y hace sentido desde años. Yo creo que la relevancia que adquirió es fruto de un largo trabajo de comunicación, de concientización, de trabajo con los sindicatos, de construcción de redes, de articulación política. Hay que recordar que antes de que tomase mayor relevancia esta propuesta, ya habíamos constituido la Coordinadora Nacional de Sindicatos por las 40 horas, pero nunca pensé que se tomaría la agenda política y social con tanta fuerza.

¿Cuál crees que es la razón para el despliegue en contra que hace el Ejecutivo?

Creo que el gobierno no le tomó nunca el peso a la propuesta, aunque de alguna u otra forma estaban advertidos. Había presentado Proyectos de Acuerdo sobre el tema y cartas en La Moneda, pero ¡nada! No fue sino hasta que se logró poner en votación el proyecto que el gobierno salió con fuerza a declararle la guerra, tanto en el Congreso como en los medios de comunicación y en alianza con el mundo empresarial más poderoso. Esto tiene que ver con una cuestión ideológica y muy poco pragmática; repetir el patrón histórico de una derecha cavernaria que se opone irreflexivamente a cualquier avance laboral que signifique un aumento en la valoración del trabajo y una posible pérdida para el capital.La derecha se dio cuenta tarde de que esto podía cuestionar las bases de su modelo de sobreexplotación laboral, a través del sentido común. Cuando logró reaccionar, lo hizo tarde y mal.

¿Cómo analizas la estrategia político-comunicacional que ha levantado el Ejecutivo contra el proyecto?

Como un fracaso. Han improvisado monumentalmente y no hubo quién no se percatara de ello. Como no podían cuestionar el fondo de la propuesta, recurrieron a salidas autoritarias como tratar de boicotear burdamente la aprobación del proyecto o de amenazar con el Tribunal Constitucional. También realizaron salidas infantiles, como acusar que el proyecto nuestro tenía sólo dos artículos y no cien, como el proyecto de ellos. Hicieron evidente sus excusas para no apoyar el fondo de una propuesta que ya había crecido en el sentir popular.

¿Qué marca la diferencia entre 40 horas y las 41 horas “promedio” que planteó el gobierno?

La idea del promedio; ahí está toda la diferencia. La salida de las 41 horas del gobierno es otro ejemplo de su improvisación. Hacer parecer que su reforma laboral sí tenía que ver con reducción de jornada, pero sin cambiar nada de su propuesta original. La cuestión del promedio entonces lo dice todo, porque consolida la posibilidad de que el empleador pueda distribuir la jornada de tal manera que no tenga un límite semanal menor a 45 horas, sino que pueda disponer del trabajador las horas semanales que más se ajusten a las necesidades de su empresa so pretexto de que en promedio son 41 horas.Más allá de que todavía es un gran misterio el cómo llegan a ese promedio, lo fundamental es que para sacar promedios es necesaria la “mensualización” o “semestralización” de la jornada, lo que permite hacer que a las y los trabajadores les concentren las horas en algunas semanas de corrido para luego compensar en otras. Esto, lejos de avanzar en una mejor conciliación trabajo-familia o trabajo-descanso, va a empeorar esa relación porque va a posibilitar sobrecargar a las y los trabajadores durante algunas semanas o meses.

¿Crees que existe hoy una articulación de fuerzas que permita que 40 horas se convierta en ley?

En eso hemos estado trabajando. En la Cámara de Diputados ya existe una muy buena articulación por medio de la Bancada transversal, que nos ha permitido generar las condiciones para su aprobación y esperamos que se mantenga esta unidad en el trámite en particular. En el Senado la recepción también ha sido muy buena y la disposición a trabajar en conjunto también. A pesar de las diferencias dentro de la oposición, yo veo con bastante optimismo la posibilidad de que el proyecto avance de manera positiva y sin mucho retraso.

¿Cómo calificas el apoyo que manifestaron parlamentarios de Chile Vamos?

El apoyo del sector autodenominado “derecha social” ha sido positivo y muy bien recibido, porque demuestra lo solo que está el gobierno en esta cruzada contra las 40 horas, pero además, el proyecto realmente hace sintonía con amplios sectores políticos de nuestra sociedad. Obviamente, el apoyo debe ser honesto y no permitiremos que se use para que algunos pretendan con esto encabezar negociaciones que impliquen abrirle paso a elementos de precarización laboral con esta mal llamada “flexibilización” que busca imponer el gobierno y algunos sectores más conservadores.

El apoyo ciudadano ha sido un factor decisivo en el debate, que se podría traducir en un acto socio-cultural por las 40 horas, ¿podrías contarnos algo de esa idea?

No puedo adelantar mucho, pero creemos que es necesario abrir la posibilidad de que la ciudadanía, el pueblo, exprese su apoyo más allá de una encuesta. Esperamos realizar una jornada popular y familiar donde todas y todos puedan darle más fuerza al avance de este proyecto. La sociedad civil es clave en el éxito o fracaso de las 40horas.